El grupo asturiano presenta mañana en Galicia «Rebelión», un disco que apela a la confrontación y a no dejarse intimidar
21 dic 2018 . Actualizado a las 14:19 h.Si no luchas, te matas. Es el mensaje que lanzan Ilegales en Rebelión, su último disco en el que combinan con nervio la agresividad y la clarividencia de siempre. Mañana lo presentan en directo en Ferrol (Auditorio de Ferrol, 20.30 horas, entradas entre 16 euros).
-En este álbum rechaza la mansedumbre. ¿Es el gran problema social actual?
-Es un peligro serio porque hace que todo el mundo abuse del manso. Hemos estado expuestos a una mansedumbre constante y parece que ahora hay una contestación. En Francia han decidido ponerse los chalecos amarillos. Esa república liberal burguesa no es tan posible como se creía.
-¿Deberíamos ponernos aquí el chaleco amarillo?
-Si hay una revolución, contad conmigo.
-En alguna canción sugiere una retirada de las drogas y el alcohol. ¿Adiós a la mala vida?
-Ilegales siempre han dicho que la droga te aleja de quien quieres ser. Hace 25 o 30 años que hablamos de esto. Las drogas son peligrosas. La vida es peligrosa.
-Habla pestes del «indie» patrio y, sin embargo, colabora con Triángulo de Amor Bizarro, uno de sus iconos. ¿Qué tienen los gallegos de especial?
-Tienen letras inteligentes y, además, me gusta el ruido que hacen. Suenan muy parecidos a una máquina de afeitar que tenía. En cualquier colectivo hay cosas muy buenas y cosas muy malas. Ellos son lo más salvable del indie, que tiene mucho rollo de monja. Ellos no, son valiosos.
-¿Tan malo es el «indie»?
-Es como los cantautores malos de los ochenta, que estaban ya marchitos, solo que disfrazados como de rock. Hoy el indie es exitoso, cosas que ocurren. Han apuntado la primera vez, fallando. Han apuntado la segunda vez, fallando de nuevo. Y a la tercera han conseguido contaminar las cosas con su manera de hacer.
-Actualmente se están revisando muchas canciones del rock y el pop español en busca de versos ofensivos. Llama la atención que no reparen en los suyos.
-[Risas] Podrían meterse con el cancionero de Ilegales inmediatamente. Hay quien lo ha hecho, pero es igual. Las canciones de Ilegales están bien dirigidas. No es una banda que lance espumarajos por la boca. Decimos las cosas con claridad, sin babarse y teniendo claro el objetivo. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados. Nuestras canciones son sólidas y resistiremos contra cualquier prohibidor de estos actuales. Lo único es que tendré que excluir la posibilidad de romperle la boca, que es algo apetecible. La especia humana es violenta. Así somos.
-¿En su caso todo empezó con el «Jailhouse Rock» de Elvis?
-Sí, tenía cuatro años y eso era para flipar. En la radio solo ponían a Antonio Molina y cosas que me parecían repulsivas. Me lo siguen pareciendo, aunque he desarrollado antídotos.
-¿Qué ocurrió al oír a Elvis?
-Lo oía como algo mío, como ancestral, como un regreso a la tribu. El rock n’ roll creo que estaba antes de nosotros.
-Últimamente se ha mostrado muy beligerante con la SGAE.
-Se ha convertido en un nido de ladrones. Que se lleven la pasta todos estos que no han hecho una canción en su vida y que firman obras de otro me parece un robo. La rueda es un robo. Estamos esperando a que llegue un gobierno que tenga el valor de intervenirla ya. O los verdaderos autores nos tendremos que ir.