«A ciegas», no mires a los ojos de la gente

CULTURA

A priori, que te propongan el enésimo ocaso de la humanidad, cocinado por la danesa Susanne Bier -afamada por sus dramas enmerengados- y protagonizado por Sandra Bullock, matrona del buenrollismo, parece tremendo oxímoron. Ambas se han curtido en su fe en un mundo mejor. Y ahora ves cómo suman sus bien temibles energías positivas para abocarte a uno más de esos abruptos colapsos de la población mundial encarajada en una pandemia que lleva al ser humano al suicidio en masa. Si usted supera el reparo inicial de que Sandra Bullock le venda el fin del mundo y no el cuento de la tía abuela de Cenicienta, verá que A ciegas se mueve con cierta solvencia en ese territorio trillado del survival de grupo de últimos hombres y mujeres vivos. Hay referencias de libro a Soy Leyenda, el relato de Richard Mathieson padre de todos los apocalipsis. Que nos recuerda que, mientras el mundo se acaba, una excursión a un supermercado vacío es el viaje al paraíso. O que la mirada de los seres del otro lado te vampiriza. Y por eso vives en la ardiente oscuridad. También está la canónica resistencia en una casa fortín a lo Noche de los muertos vivientes, donde John Malkovich se marca con cierta desgana su show río bravo y conspiranoico. Todo va teniendo un pase, menos cuando directora y actriz te atracan en una repentina regresión a sus buenismos ñoños. Y desdicen dos horas de distopía ciega y cruel para envenenarlas de luz, cambalache y campanillas de anuncio de navidad y cuponazo.