Edward Abbey, un solitario en defensa del desierto salvaje

El autor trabajó un tiempo como guardabosques en el Parque Nacional de los Arcos

Edward Abbey
Edward Abbey

Redacción / La Voz

Conocido por su novela La banda de la tenaza (1975), alrededor de un grupo ecoterrorista que actúa contra los desmanes de las grandes corporaciones industriales, Edward Abbey (Indiana, Pensilvania, 1927-Tucson, Arizona, 1989) es todo un clásico de la contracultura y un referente de la subversión -con el desierto como su gran universo de actuación-. Fruto de ese gran amor, que cultivó especialmente cuando trabajó durante un tiempo como guarda forestal en el Parque Nacional de los Arcos, al sureste de Utah, son los últimos dos libros que se han traído al castellano: Fuego en la montaña (Errata Naturae) y El solitario del desierto (Capitán Swing), dos poderosas pruebas de su compromiso con la naturaleza, su bella prosa, la solidez de su pensamiento, su honestidad y su condición de espíritu libre.

Fuego en la montaña es una novela en la que, al modo de la banda de la tenaza, sitúa a una familia de Nuevo México en lucha contra el poder abusivo del Gobierno de EE. UU., que pretende expropiar las tierras del abuelo para instalar en el desierto un campo de pruebas para misiles.

Lejos de la ficción crece El solitario del desierto, subtitulado Una temporada en los cañones y que se construye sobre los diarios y notas que Abbey tomó durante sus distintas fases como guardabosques empleado temporal en los Arcos. La narración es un ejercicio de amor a la tierra, un texto lleno de sencillo lirismo que, como él apunta, no intenta la imitación sino la evocación, consciente de que es imposible meter el desierto en un libro: «Es un mundo vasto, un mundo oceánico, tan profundo a su modo y tan complejo y diverso como el mar», incide Abbey para advertir que hay un género de poesía, y también de verdad, en el «dato simple».

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