Lolo Rico, la rebelde de la voz pausada

La directora de «La bola de cristal» logró conectar con toda una generación de niños, abriéndoles la mente entre risas

Lolo Rico con los electroduendes al fondo
Lolo Rico con los electroduendes al fondo

Redacción / la voz

Existe entre la mayoría de los que hoy tienen entre 40 y 50 años una especie de orgullo de haber crecido viendo La bola de cristal. El programa que dirigió Lolo Rico (Madrid, 1935 - San Sebastian, 2019) entre 1984 y 1988 se salía de lo esperable en un espacio infantil. Había impulsado antes La cometa blanca, otro título mítico de la tele para niños, pero en esta nueva aventura iba a dar una cabriola. Se le suele atribuir la frase de que el punto de partida fue «no tratar a los niños como imbéciles». No consta en los buscadores salida de sus labios. Sí declaró en un documental de TVE, con esa voz pausada y trémula tan suya: «La filosofía fue que no fuera un programa infantil».

Hoy se habla mucho de la doble lectura, esa que, por ejemplo, permite enganchar a padres y niños en las películas de Pixar. Pero en la España de los ochenta esa doble o triple mirada ya la había patentado La bola de cristal, aquel espacio que iba sumando público cada sábado y que llegó a superar los cinco millones de espectadores. Allí, esta licenciada en periodismo, casada con el financiero Santiago Alba (de quien se divorciaría tras una penosa experiencia) y madre de siete hijos, dio rienda suelta a frases, imágenes y personas que hoy forman parte de la cultura popular.

¿Quién no se acuerda del mítico mensaje: «Solo no puedes, con amigos sí»? ¿Quién puede reprimir que en su cabeza brote el «qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola» interpretado por Alaska en cuanto se evoca el programa? ¿Quién ha podido olvidar a la Bruja Avería gritando: «¡Viva el mal, viva el capital!»?

Fueron precisamente esas notas políticas las que enfilaron su fin. Desde Alianza Popular se miró siempre mal aquel tono punki en espacio para niños. Pero poco a poco también empezó a irritar al socialismo. El tono afilado contra Felipe González, Ronald Reagan y Margaret Thatcher provocó quejas. Con la llegada de Pilar Miró a la dirección de RTVE en 1987 empezaron a ser órdenes. No causaron efecto. Y hubo que tomar medidas drásticas. La sustitución de un spot en el que se defendía un colegio público sobre otro privado sin consentimiento de Lolo Rico hizo que esta presentase su dimisión. Eso precipitó el fin del programa, que lo situó junto a La edad de oro (otro que sufrió la censura) como uno de los dos mitos televisivos de la movida.

Crítica con la televisión

En La bola de cristal  de vez de pronto se cortaba la emisión durante 15 segundos. Al término, una voz femenina decía: «Si no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele». Aquellos impactantes quiebros tenían mucho que ver con el espíritu de Lolo Rico, una profesional del medio que, sin embargo, lo miraba con desconfianza. «La televisión manipula y deforma la realidad», decía en los noventa en este periódico. También denunciaba lo que llamaba «televisión-niñera», un modo de crear una «futura sociedad de individuos inmaduros». Asimismo, subrayaba la marginación y las presiones a la que estaban sometidos muchos empleados de RTVE.

No solo se dedicó Lolo Rico a la pequeña pantalla (donde además fue guionista de Un globo, dos globos, tres globos). También hizo en los setenta el programa de radio Dola, dola, tira la bola y escribió más de una decena de libros centrados en el mundo televisivo y el infantil, así como un volumen de memorias y el epistolar Cartas de una madre de izquierdas a una hija de derechas.

Corren tiempos de cambio en los que se buscan referentes femeninos para las nuevas generaciones. Lolo Rico ha de ser uno. No solo por tratarse de la primera mujer que dirigió un programa en televisión, sino también por ser la rebelde de voz pausada que ensanchó la mente (y las sonrisas) de muchos de nosotros.

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