Elvira Sastre gana el Biblioteca Breve con una novela de «educación sentimental»
CULTURA
La exitosa y joven poeta narra una historia de pérdida y superación alternando las vidas de una abuela y un nieto
04 feb 2019 . Actualizado a las 18:39 h.Siendo aún una niña descubrió a Bécquer, que la llevó por un tránsito letraherido pero natural hacia la generación del 27 para, a través de Cernuda, recalar en Benjamín Prado, quien precisamente le ha dado la alternativa en los círculos culturales madrileños. Enseguida la adolescente abrió un blog, donde volcaba sus reflexiones en breves píldoras. Fue un profesor gallego de literatura e internauta quien la instó a utilizar la poesía como medio de expresión. Hoy, con sus cuatro poemarios, es dueña de un fenómeno extraño que llena auditorios con sus recitales no sólo por toda España sino también en México, Argentina y Colombia. Sus libros se venden por decenas de miles de ejemplares.
Elvira Sastre (Segovia, 1992) llevaba ya tres años trabajando en su primera novela. El desafío de la prosa la había tocado de lleno. Estaría lista en primavera, había anunciado. Dicho y hecho. Llega el libro además con un pan debajo del brazo. El jurado del 61.º premio Biblioteca Breve dio este lunes día 4 a conocer su fallo. Días sin ti sucede en el trono a la Trilogía de la guerra del coruñés Agustín Fernández Mallo. El debut narrativo de Sastre lo saluda Pere Gimferrer como un hecho insólito en el siglo XXI, por la juventud de la autora, en el que se impone la «palabra literaria» muy por encima del relato de un argumento. El texto incluso lo movió a evocar la combinación de poemática, prosa y ensayo visionario que manejó Ana María Matute en sus obras primerizas.
La novela, que Gimferrer enmarca en el ámbito genérico de la «educación sentimental», pone en conexión dos mundos distintos, el de una maestra en la república y su nieto, un joven escultor, del tiempo presente, cuya alma queda gravemente herida tras una ruptura amorosa y que viaja por el túnel de la memoria en pos de las enseñanzas de la experiencia vital y del dolor de su abuela, Dora.
Autenticidad
Todos coinciden al elogiar «la autenticidad con que Sastre refleja la pérdida en el amor y en el duelo», y también la superación, y la forma en que la historia sitúa la tristeza como un lugar positivo, un espacio donde crecer y no una trinchera en la que aislarse, según reseña la editora Elena Ramírez, portavoz del jurado. En ese jurado estaba la escritora Rosa Montero, que ahondó en el modo certero en que el relato indaga las emociones, «las analiza, las acaricia, las desmenuza», dijo para augurar a la galardonada un futuro esplendoroso en la literatura si la construye, ensalzó, desde ese candor, esa «inocencia sabia». Montero cree que la finura y la agudeza de poeta de Elvira Sastre queda especialmente a la vista en los pasajes en que narra un encuentro sexual, donde “la agonía y el éxtasis de la carne” aparecen perfectamente plasmados.
El propio Fernández Mallo, tras señalar la diestra mano de la narradora para la transmisión de sentimientos, para mantener el hilo de la vida entre dos generaciones (abuela y nieto), donde percibe hallazgos muy interesantes, incide en la inteligencia y la delicadeza con que la poeta aborda el tema del sexo, tan proclive a caer en el ridículo, subrayó, tanto en la literatura como en el cine.
La librera Lola Larumbe celebra este premio como un estímulo para el lector que busca voces emergentes como Sastre, cuyo triunfo en el Biblioteca Breve, que promueve el sello Seix Barral, «por su extraordinaria calidad como poeta y su incipiente calidad como narradora», no es un mero accidente. Y reseña la pericia con la que la escritora extrae significados nuevos del secreto y del silencio de las vidas de sus personajes.
Presentada bajo el título de Los olivos y el seudónimo Louise Labé, Sastre explica que se había mirado mucho para afrontar esta obra en el espejo de la novela La delicadeza de David Foenkinos. Traductora de poetas como la hindú-canadiense Rupi Kaur, Sastre está segura de la buena respuesta de sus seguidores, mayoritariamente joven, ante su salto de la lírica a la narrativa y aseguró que su literatura no establece diferenciaciones en cuanto al lector al que se dirige; ni el género ni la edad son para ella una limitación, incidió.