Juliette Binoche, presidenta del jurado de la Berlinale, afirma que Harvey Weinstein «fue excelente como productor» y que «ya ha tenido bastante»

La mediocridad supina de la cinta inaugural «The Kindness of Strangers» anuncia nube negra en este certamen cinematográfico de fin de ciclo

La actriz francesa Juliette Binoche posa como presidenta del jurado de la 69.ª edición de la Berlinale
La actriz francesa Juliette Binoche posa como presidenta del jurado de la 69.ª edición de la Berlinale

Berlín / E. La Voz

Juliette Binoche, presidenta del jurado de esta 69.ª edición de la Berlinale, rompió ayer una lanza en favor de las aptitudes profesionales de Harvey Weinstein como productor. En respuesta a la inevitable cuestión que se les hace a todos aquellos que se cruzaron en un plató con el depredador, Binoche -que ganó su único Óscar con El paciente inglés de la mano de la Miramar de Weinstein- declaró que «su trabajo excelente está ahí y ahora hay que dejar que hable la justicia. Ya ha tenido bastante». «Yo no tuve con él ningún problema pero sí percibí que él tenía algunos problemas con otros», concluyó Binoche, quien no se ha sumado a las 85 actrices que lo han denunciado por abusos y a las 13 por violación.

En donde echamos mucho de menos un buen productor fue en el film inaugural, The Kindness of Strangers, perpetrada por la danesa temible Lone Scherfig. En realidad, la obra hubiera precisado de otra dirección, de algo parecido a un guión honesto y no este infausto y ñoño dramita que pasa como de lado por la cuestión de la violencia de género. Y también de un casting más riguroso y de una partitura que no encabronase como sonajero lacrimógeno.

Fotograma del filme «The Kindness of Strangers», que compite en la sección oficial del certamen, cuya proyección inauguró
Fotograma del filme «The Kindness of Strangers», que compite en la sección oficial del certamen, cuya proyección inauguró

En definitiva, lo que necesitábamos -y parece lógico reclamar- era otra película de apertura y no esta tontiloca fábula emocional como pórtico de un festival clase A que pasa por ser el tercero del mundo en la Champions de la relevancia artística. La buena noticia es que el director de esta Berlinale, Dieter Kosslick, que ha venido depauperándola desde hace al menos una década y amenazaba con descenderla a la Bundesliga, se va este año. La mala es que todo pinta a que estos once días va a dedicarlos a reivindicar más que nunca su legado, que se sustenta en ir de muy progre con obras sin pulso, alma ni talento pero -eso sí- defensoras de causas nobles como la igualdad LGTBI, la acogida de la inmigración, la denuncia del racismo y de los pueblos oprimidos o el auge de los ultras. Todo bien, Kosslick. Pero este festival se te está cayendo a pedazos de tanto buenismo barato y tanto cine de maldad tan costosa de superar.

Los actores Caleb Landry Jones, Andrea Riseborough, Bill Nighy, la directora danesa Lone Scherfig, y los actores Zoe Kazan y Tahar Rahim, durante el «photocall» del filme «The Kindness of Strangers», que abrió la competición en la 69.ª edición de la Berlinale
Los actores Caleb Landry Jones, Andrea Riseborough, Bill Nighy, la directora danesa Lone Scherfig, y los actores Zoe Kazan y Tahar Rahim, durante el «photocall» del filme «The Kindness of Strangers», que abrió la competición en la 69.ª edición de la Berlinale

Así que -esperando en el 2020 al nuevo regidor, Carlo Chatrian- la nube negra no se hizo esperar y nos asestó la primera en la frente en esta inauguración incalificable. No esperábamos mucho de su directora Lone Scherfig, quien cosechó hace ya mucho tiempo un exagerado éxito con Italiano para principiantes y con One Education. Todos nuestros temores los supera la puesta en escena de The Kindness of Strangers, en donde la huida de una mujer con sus dos hijos de la brutalidad de un policía y marido sádico -al menos nos ahorran esta violencia en una elipsis- deviene inopinado cuento de hadas en el cual Nueva York está plagada de maja gente solidaria y donde Zoe Kazan y sus vástagos hallan siempre sombra que les dé cobijo, nada menos que un lujoso restaurante ruso como de película de Lubitsch, ese Palacio de Invierno en donde la vida es como una burbuja optimista de aquellas del Frank Capra de la Gran Depresión. Pero Lone Scherfig se parece más a Mickey Mouse que a Capra. Y así nos cayó encima la mundial de almíbar. La pesadilla solo acaba de comenzar.

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