Agua fresca para el caudal del folk asturiano

J. C. G.

CULTURA

La música del país se abre a nuevos sonidos y a la vez devuelve protagonismo a elementos tradicionales como las pandereteras o el baile mientras espera un relevo generacional que no acaba de llegar

01 abr 2019 . Actualizado a las 09:14 h.

La música folk asturiana no da por cerrado el largo camino de la tradición. Ni hacia delante ni hacia atrás. A la altura de 2019, las de sus intérpretes y autores siguen puestas en el inagotable legado popular del que forman parte pero al mismo tiempo siguen refrescando las aguas del repertorio tradicional con nuevos enfoques, sonidos y aportaciones. Mientras, por una parte, recupera el primer plano para protagonistas tan destacadas -y postergadas- como las pandereteras o se vuelve a prestar atención a la vertiente bailable, el folk asturiano se atreve también a «deconstruirse» o a ponerse la partícula «post-» delante. Todo ello en un momento en el que la plenitud de una generación de músicos está en su pleno apogeo técnico y creativo, y en el que el relevo aún no acaba de asomar aunque haya sobrada materia prima para que eso suceda.

Entre músicos y entendidos, esas son algunas de las notas que dibujan el momento de una música que -en eso también coinciden todos- está completamente viva. Entre ellos, dos de los músicos más inquietos y omnipresentes de la escena folk: el violinista, guitarrista, intérprete de bouzouki, cantante y luthier Rubén Bada (Xéliba, Corquieu, N'Arba, Dixebra) y el percusionista Ruma Barbero (Felpeyu). Los dos llevan mucho aprendido y hecho en sus respectivas mochilas y conocen al milímetro el mapa porque han tocado prácticamente en todos los frentes además de formar parte de algunas de las formaciones imprescindibles del folk de los últimos 20 años en Asturias. Y ahora también son compinches en Aú?, uno de los proyectos más interesantes de la hornada reciente, junto a Marga Lorences (acordeón) y Dolfu Fernández (violín, voz). Aú? es una buena muestra de esa doble dirección del folk asturiano de ahora mismo: por una parte actualizan el repertorio vinculado a una expresión un tanto olvidada en los grupos contemporáneos, el baile, y por otra suman a un repertorio basado en melodías y esquemas tradicionales letras y referencias al presente, desde la crisis y sus consecuencias en Asturias hasta sucesos como el del renombrado Tomasín convertido en un romance de este tiempo.

El interés del cofundador de Felpeyu -uno de los precursores fundamentales en esta tarea de revitalización- tiene el oído puesto en propuestas «muy interesantes con la tonada», como los de L'Aldu, Ún de Grao o Antón Menchaca, y cita también L-R el proyecto de su compañero en Aú? Rubén Bada en pos de «la fusión entre cantares tradicionales tocados con la pandereta y otras estéticas musicales». Barbero ve ahí las «cuatro mejores noticias para la música asturiana» en los últimos años

Por su parte, Rubén Bada -que estos días ultima mudanza de su taller de luthier a Gijón- está echando el resto junto a la panderetera Leticia González, Baselgas, en L-R, que se han atrevido a describir como una «deconstrucción» de algunos elementos del folklore tradicional e incluso como una aventura «post-trad», «post-folk», aunque Bada ha explicado que es más bien una referencia biográfica con cierto humor, en el sentido de que viene después de un currículo dedicado al folk. Lo cierto es que han ensamblado un dúo casi insólito en el que la pureza del ritmo de la pandereta se envuelve en sonidos y timbres de la guitarra eléctrica, evocando sin complejos querencias muy de Bada como el rock o el rockabilly, y sin hacer ascos al manejo de «la cacharrería» tecnológica para ampliar el universo de canciones que, en su núcleo, siguen siendo puro cancionero folk.

La pandereta -su creciente protagonismo- es precisamente para Rubén Bada uno de los rasgos más notables del género en este momento. Como en tantos otras actividades, también «era necesario visibilizarlas, visibilizar el papel central de estas mujeres en el folklore y en su transmisión». Sobre el otro elemento definidor de L-R, la electricidad, el tecnológico, Bada le da una importancia relativa en los flujos más renovadores del folk asturiano de ahora mismo. «Sí, aporta, pero los cambios no han sido tan relevantes como para darle un protagonismo excesivo. Lo que más bien sucede es que los músicos, los que nos dedicamos a esto, estamos en un momento de madurez que nos permite hacer cosas que hace veinte años no podíamos hacer simplemente porque no sabíamos hacerlas», apunta.

Del mismo modo, relativiza la apertura o la fusión con otros géneros y sonidos porque -asegura- «así es siempre como han funcionado las cosas en la música popular, como cuando por ejemplo la llegada de la radio influyó en los cantares tradicionales con la difusión, por ejemplo, de la copla, o la emigración la puso en contacto con los aires caribeños». También el constante movimiento de músicos de unas formaciones a otras y sus colaboraciones frecuentes contribuyen al cruce de influencias que enriquece el folk asturiano.

Entre lo más interesante del momento, Bada menciona el último disco de Felpeyu, Cerquina («un discazo, lo cojas por donde lo cojas»), la revitalización de la fórmula de la bandina tradicional en grupos como Caldo y Los Rabizos o las aportaciones de Eva Tejedor, que está grabando disco, o del grupo Seis Reales.

¿Y el futuro? Ni Bada y Barbero detectan, por el momento, tropas de refresco. «Todos los proyectos de interés que veo ahora mismo son de gente que pasa de los trenta o cuarenta años, no veo relevo generacional», apunta el primero, que apunta a a aparente paradoja de que «los más jóvenes tienen mucho andado» respecto a su generación a la misma edad: «Hay escuelas de música, facilidad para conseguir instrumentos, referencias musicales, posibilidades…» Y aún así, no asoman. Barbero crree que «faltan sitios donde puedan ver directos de calidad y tocar ellos mismos», y atribuye «una parte de culpa» la Televisión Pública Asturiana por una programación de música asturiana que en su opinón emite «toneladas de caspa» cuando se trata de atender «a todo lo relacionado con la música del país».Un análisis similar, en cuanto al recambio generacional, es el de Rubén Bada: «Hay muchos jóvenes, más que nunca, formándose en las escuelas de música tradicional, pero quizá les interese más hacer otras cosas que ir todas las semanas a una jam o meterse en el ensayo».  Pero se muestra finalmente optimista: «Es algo que está ahí y que tiene que acabar por salir».