Las secuelas de «Juego de Tronos»: Sophie Turner lleva cinco años sufriendo depresión

Después de que Emilia Clarke revelase que durante el rodaje sufrió dos aneurismas, la actriz que da vida a Sansa Stark confiesa cómo le llegaron a afectar las críticas. Todavía sigue medicándose. Llegó incluso a pensar en el suicidio


Lo que no mata en Juego de Tronos, deja secuelas. Fue Emilia Clarke, más conocida como Daenerys Targaryen, la primera que, una vez «liberada» de un rodaje en el que llevaba inmersa una década -que se dice pronto-, se decidió a contar la parte menos bonita de esta aventura. No fueron años nada fáciles: la intérprete sufrió dos aneurismas, el primero de ellos al terminar el rodaje de la primera entrega de la serie, con solo 24 años. No era capaz de acordarse de su propio nombre, mucho menos de los guiones. Los médicos llegaron a decirle que sus «oportunidades de vivir eran precarias». Ahora, con la veda abierta, es Sophie Turner, más conocida como Sansa Stark, quien revela que el suyo tampoco fue un camino de rosas. Lleva cinco años sufriendo depresión. Todavía se medica. En algún momento, incluso pensó en el suicidio.

Sophie Turner solo tiene 23 años. Los seguidores de Juego de Tronos la han visto crecer metida en la piel de una apampada y mojigata hija de noble que ha acabado convirtiéndose en una mujer muy hecha y muy derecha, estoica y mordaz, pero ¿cómo ha sido el proceso de madurez de Turner en el set? ¿Qué factura le ha pasado encarnar a un personaje tan exigente como Sansa Stark?   

Ya el mes pasado, la actriz desvelaba a la revista Rolling Stone que el trabajo de interpretar a su personaje le había generado, durante muchos años, un gran estrés y ansiedad. Turner, que se confesó una persona muy «emocional», dijo no poder controlar bien sus sentimientos al intentar entender a la niña que había ideado George R.R. Martin en Canción de Hielo y Fuego y que David Benioff y D. B. Weiss le exigían encarnar ante las cámaras. Sansa es testigo de la brutal ejecución de su propio padre siendo una chiquilla. Sansa es apartada de su familia, obligada a casarse con un insolente niñato hecho rey que, además, la maltrata. Sansa es brutalmente violada por el personaje más sádico de la saga literaria. «Las cosas por las que ha pasado son increíbles y horribles», valoró en la citada entrevista.

Sophie Turner se vio obligada a acudir a terapia y ponerse a tratamiento para gestionar la ansiedad que le asfixiaba y una profunda depresión con la que ha tenido que convivir los últimos cinco años. La naturaleza del personaje en el que la inglesa se ha desdoblado todo este tiempo no ha sido, sin embargo, el único resorte de sus problemas de salud mental: empezar a trabajar intensamente tan joven afectó a sus relaciones sociales -«Solo lloraba y lloraba y pensaba: 'No puedo salir. No quiero hacer nada'»- y las críticas solo echaron más sal en una herida que empezó a empeorar cuando cumplió los 17 años. «Mi metabolismo se ralentizó muchísimo y empecé a ganar peso -relató este lunes, justo tras el estreno del primer capítulo de la última temporada de Juego de Tronos, en el podcast Phil in the Blanks-. Y luego tuve que enfrentarme al escrutinio de las redes sociales y todo eso, y en ese momento fue cuando [la depresión] empezó a golpearme».

¿Se hundió Turner en el pozo a causa de las redes sociales? «Contribuyeron. No diría que fue la razón principal, pero sí un catalizador». Admitió creerse todos los comentarios ofensivos sobre su físico -su peso, su piel, sus gestos, su manera de actuar-, se convenció de estar llena de granos, de que estaba gorda, de que era mala actriz. «Veía diez comentarios fantásticos y los ignoraba, pero uno negativo me hundía». 

Todas estas apreciaciones nada inocentes no solo hicieron mella en su autoestima, también en su trabajo. La actriz, dueña de una personalísima e interesantísima nariz, comenzó a obsesionarse con los ángulos, con los planos, acomplejada por su tamaño. Se sentía sola. Se sentía mal. «Diría que no tenía depresión cuando era más joven, pero solía pensar un montón en el suicidio».

Asumió que tenía que buscar ayuda profesional y comenzó una terapia que, combinada con tratamiento, ha ido paliando todos esos sentimientos oscuros. No del todo. Todavía quedan brasas. Su actual pareja, Joe Jonas, es sin embargo una pieza clave en su proceso de recuperación: «Ahora me quiero a mí misma, o más de lo que solía, creo. No creo que me quiera mucho, pero estoy con alguien que me ayuda a darme cuenta de tengo ciertas cualidades positivas, supongo (...) Cuando alguien te dice cada día que te quiere, te hace pensar los motivos por los que te quiere, y también quererte un poco más a ti misma. Así que sí, me quiero», concluyó.

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