«A la vuelta de la esquina»: la vida está en el híper

La buena química de los protagonistas y el manejo de la cámara de Stuber aportan fuerza emocional a la película

Los personajes de «A la vuelta de la esquina» son gente común
Los personajes de «A la vuelta de la esquina» son gente común

Franqueadas las puertas, finalizado el turno, cada uno se va para su casa a enfrentarse con sus problemas, que intuimos suficientes, pero el guion -coescrito por el propio director- prefiere sugerirlos entre los pasillos de enormes estanterías, las carretillas elevadoras, si acaso la sala común para compartir el café y cualquier rincón. Hasta aquel gran almacén llega un nuevo operario, que enseguida hará buenas migas con el talludo coordinador del transporte interior y con una mujer de la que acabará enamorándose. Gente común, vestida con tino por un convincente reparto, moviéndose en un espacio por el que pronto andaremos los espectadores porque nos creemos lo que nos están contando. En parte por la buena química de la pareja protagonista, y en parte también porque asistimos a la disección de un grupo cuyo entorno cotidiano, fuera del trabajo, adivinamos poco estimulante. El recién llegado lo es por reinserción social, la mujer no es feliz en su matrimonio, y su jefe fue un transportista de grandes rutas y vida solitaria, como un centauro rodante, añorante de aquellos tiempos de la desaparecida Alemania del Este.

Stuber logra que la cámara transmita fuerza emocional, un realismo inusual de miradas y de silencios, en el que se deja aire al espectador para que respire la intensidad del drama. En ese macrocosmos humano que son los trabajadores de ese hipermercado, aún con su rutina laboral, se vive la vida, se forjan amistades, hay un sentimiento de comunidad real muy distinto al de fuera, y creemos entender las pocas ganas que puedan tener de regresar a sus casas. Otro haber de Stuber está en su acierto al recoger el espacio físico, bien delimitado, con un uso del color y del sonido que nos ayuda a permanecer allí. Súmese montaje y ritmo ágil, que no taquicárdico. Finalmente, un lirismo crudo, que hace belleza del patetismo, y en el que mucho pesa el careto de Franz Rogowski, comiéndose la cámara a miradas junto a un reparto de coralidad bien conjuntada. Cuando se apaga el proyector, todos se vienen con nosotros.

«A LA VUELTA DE LA ESQUINA»

[«IN DEN GÄNGEN»]

Alemania, 2018.

Director: Thomas Stuber.

Intérpretes: Sandra Hüller, Franz Rogowski, Peter Kurth, Mathias Brenner, Henning Peker, Ramona Kunze-Linow.

Drama.

125 minutos

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