Pese a su voluntad de filmar una historia sombría, la película patina cuando pretende evolucionar a lo terrorífico
21 abr 2019 . Actualizado a las 10:29 h.No vale la pena apelar al asunto de las adaptaciones y las libertades de los guionistas con relación al original literario. Incluso tratándose de Stephen King, cuya novela ya fue adaptada en 1989 como Cementerio viviente, con mayor fidelidad sin evitar la truculencia de garrafa, e incluso tendría una secuela tres años después. Haber encorsetado al escritor de Maine en el género de terror no fue acertado, pues buena parte de su obra se aproxima más al drama, escarbando en los ingredientes emocionales de los personajes aunque les sazone con elementos fantásticos de variado pelaje. No parece lo elegido por sus dos directores en Cementerio de animales, en cuyo descargo anotemos que no escribieron el guion, aunque eso no los exima de una estructura errática por el sendero del tópico a partir del primer tercio. A no ser que tengas cataratas o estés más sonado que unas maracas, las ves venir en cuanto al doctor protagonista se le aparece la primera visión y a su señora otro tanto.
Y en medio una de esas crías que a poco que se vengan arriba, te entran irrefrenables ganas de apretarles el gaznate y, para colmo, tiene un gato negro del que está encariñada, pero al que atropella un camión, instante que supone el arranque del supuesto clímax, un despiporre que se engulle el último tercio. No cuestionaremos la voluntad de filmar una historia sombría, porque por ahí va bien. Buen trabajo de foto y de luz, el frondoso exterior elegido, el trabajo de arte, e incluso el reparto. Patina cuando pretende evolucionar a lo terrorífico, no tanto porque no entras en los personajes ni a empujones, sino también por la distancia interminable entre la pantalla y el patio de butacas. Sí está logrado el arranque con la pequeña procesión enmascarada, de camino al extraño cementerio en el bosque, e incluso la primera aparición de Lithgow, el resto ya te lo esperas. Sería poco honesto apelar a lo verosímil como condición innegociable en un género que necesita de sus convenciones y de la complicidad del espectador, pero otra cosa es recurrir a lugares trillados para darte más de lo mismo.
«CEMENTERIO DE ANIMALES»
[«PET SEMATARY»]
EE. UU., 2018.
Directores: Dennis Widmyer y Kevin Kolsch.
Intérpretes: Jason Clarke, John Lithgow, Jeté Laurense, Hugo Lavoie, Amy Seimetz, Naomin Frenette, María Herrera.
Terror.
101 minutos.