Danza Educativa, la asignatura que faltaba

La Universidad Autónoma de Madrid ofrecerá desde septiembre una formación pionera en España a través del primer máster de Danza Educativa, impulsado y organizado por la educadora asturiana María Rodríguez


¿Qué pensaríamos si mediante la educación creativa de la danza, grupos de personas de cualquier edad y condición tuvieran oportunidad de aprender sobre sí mismos desde su cuerpo? Pues así, de mano, y mencionando el término danza educativa-creativa, a nadie se le pasaría por la cabeza que tal denominación pueda encerrar las claves de un potente y muy desconocido ámbito pedagógico y formativo. Y, sin embargo, ya se ha constituido como un nuevo margen para la educación profesional, con la puesta en marcha del primer máster en Educación a través de la Danza que se abre en España, en la Universidad Autónoma de Madrid, y que comienza su singladura reglada el próximo septiembre. Esta novedosa formación está organizada e impulsada directamente por la docente y experta asturiana María Rodríguez González, que trabaja en este proyecto desde hace meses junto a un buen número de expertos de distintas procedencias profesionales y territoriales; eso sí, siempre relacionados con las artes del movimiento.

Educación a través de la Danza: Herramientas interdisciplinares de la Danza Educativa/Creativa en ámbitos educativos, sociales y comunitarios es el específico nombre que lleva la formación académica, que surge con la aspiración de convertirse en un nicho referencial en nuestro país, y con el no menos noble objetivo de aunar educación y pedagogía con expresión y creatividad dentro del ámbito universitario. Que la idea de esta necesidad se tenga en cuenta como vehículo de futuro, para poder tirar líneas de enseñanza en todos los itíneres y currículos educativos desde la Educación Infantil, es una de esas aspiraciones «con las que uno no deja de soñar», dice Rodríguez, pedagoga de danza educativa.

Educación y Danza, la viceversa y el doble concepto

La puesta en marcha de este máster en la Autónoma de Madrid es la mejor baza para proporcionar la base de una formación teórico-práctica lo suficientemente amplia, flexible y dotada de potentes herramientas profesionales como para permitir a docentes de distintos ámbitos (maestros, bailarines, profesores, catedráticos, monitores, educadores sociales, terapeutas, sicólogos…) la adquisición de unos conocimientos de adiestramiento corporal, expresivo y lingüístico, e incluso históricos, literarios o etnográficos, basados en el amplio espectro de la danza, con todos sus caminos y flujos, para convertirlos en materia de aprendizaje y en materia para la expresión personal y creativa.

Es decir, que la Danza Educativa como ámbito formativo se alza como el margen idóneo para el desarrollo de una dimensión social y artística del arte del movimiento que vuelve al origen, sin arcaísmos primitivistas, de intercambio social y humano, de trasvase de conocimiento, sin tener la obligación de adquirir una (dura) técnica y/o disciplina para poder desarrollar conocimiento propio, perspectiva y, de paso, otra percepción del bienestar individual y la salud. Y también se puede ver en todo ello (y en las posibilidades que se abren desde ello) un marco nuevo de relación y expresión humana que no pasa necesariamente por el habla ni por un escenario, sino por el aula, el lugar para aprender, donde siempre se debería estar.

Así que el terreno de juego, además de permeable y plástico, permite acercarse a la danza desde un punto de vista nuevo: el de quien entiende este arte como el potencial del que pueden irradiar un sinfín de caminos pedagógicos y de actuación disciplinar, y que también facilita la apertura de nuevos moldes para la investigación, la sicopedadogía, la teoría y la filosofía del cuerpo, la lingüística (un campo que siempre se olvida) o el encuentro de nuevas formas metodológicas cuyos objetivos puedan ser distintos, pero siempre complementarios y didácticos.

Desde este punto de vista, el del bienestar y la salud, la Danza Educativa/Creativa permite volver a encontrar cierto sentido en el significado del danzar juntos, de hacer de lo social y entretenido de la danza un punto común para auto-co-educarnos. Así por ejemplo, y tomando de la mitología griega el personaje de Ariadna, en el aula el pedagogo puede construir el proceso, representado y bailado de saber quién fue Ariadna, qué significa el hilo de Ariadna, y todo ello realizado con un fraseo mínimamente coreografiado, un ovillo o una goma larga. Una especie de tres en uno: literatura (mitología), a través danza, y aprender jugando unidos. Toda una conquista.

Echar la vista atrás

Echando la vista atrás, solo por hacer justicia al término y por aquilatar también un origen y un porqué, la danza educativa lleva entre nosotros mucho más tiempo del que imaginamos. Se introdujo en España en la década de los años 60 del siglo pasado, auspiciada por el hipismo y todos los grandes cambios sociales que marcaron el traslado de un mundo, el de la primera mitad de siglo XX, a otro más libre, menos centrado en el interior y más expuesto al exterior. Aun con todo, la tradición de la danza educativa en España es sinónimo de anonimato, de desconocimiento, incluso de rareza; aspectos que hoy, en cierto modo, todavía perviven. «A veces casi se trata de dar a conocer este mundo, y a veces es como si hablaras otra lengua, y luego cuando se sabe lo que es y se prueba lo aprendido, es enormemente satisfactorio y enriquecedor en muchos sentidos; también literarios, visuales, estéticos, una infinidad…», explica la impulsora del máster.

La anónima tradición de la danza educativa en España se remonta, a mediados de los 60, cuando la austriaca Barbara Haselbach impartió un curso de verano en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander. Desde entonces hubo desarrolladores en España que tomaron a Haselbach como referencia y el ejemplo por el que apostar. Ella reconoce en Laban su predecesor y una importante parte de sus desarrollos está basada en algunas de sus líneas pedagógicas y de investigación.

En Asturias, la apuesta por esta disciplina es, desde hace unos 15 años, cosa de María Rodríguez, inmersa en su propia docencia y escuela, y esta temporada a caballo entre Madrid y su tierra, para dar arranque en septiembre al máster de danza, que ya tiene su periodo de inscripción abierto hasta el próximo 30 de junio. Esta avilesina, además, puso en marcha hace tres años unos encuentros sobre educación y movimiento, que se celebran en marzo, y de los que ya han emanado varias publicaciones, y que poco a poco van encontrando su notoriedad.

«Desde hace mucho pensaba en cómo poner en valor la enseñanza del aprendizaje teórico y práctico de las artes escénicas y también plásticas a otros ámbitos y profesiones, y sobre todo darlo a conocer desligado del tacón o de la punta. Además quería plantearlo desde la Pedagogía de la Danza, que es mi área, y surgió la posibilidad de plantearlo a Venera Maschat, verdadera autoridad en esto, y la pareció muy buena idea. Así surgió», explica María Rodríguez.

Por eso la idea que vertebra el programa del máster es que la formación sea asequible a gente que no necesariamente esté formándose en conservatorios; que sea, por ejemplo, un profesor de primaria o infantil, y que pueda llevarse al aula este aprendizaje rodeado de música, arte y proceso; en resumen, que la asunción de las herramientas no sea una labor extrema o muy dificultosa.

El equipo docente e investigador del curso está integrado por un grupo interdisciplinar de especialistas en pedagogía de la danza, ballet, didáctica de la expresión musical, estética y teoría de las artes, musicología, historia del arte, danza clásica o sicología. La dirección del máster corre a cargo de Ángela Morales Fernández, doctora en Didáctica de la Expresión Musical por la Autónoma de Madrid; la subdirección recae en Raquel Pastor Prada, doctora en Educación por la Universidad Complutense de Madrid; y la coordinación de Prácticas la llevará Venera Maschat. Además, y en calidad de docentes estarán: Leire Amonarriz, licenciada en Pedagogía de la Danza Contemporánea; Roberto Cremades Andreu, doctor por la Universidad de Granada y profesor de música; Antonio Maldonado Rico, doctor en Sicología por la Autónoma de Madrid; y Elna Matamoros, doctora en Estética y Teoría de las Artes por la Autónoma de Madrid y maestra-repetidora en la Compañía Nacional de Danza (CND), entre otros. La representación asturiana académica y universitaria de la cita corre a cargo, además de María González, de la experta Guadalupe Mera Felipe, doctora en Historia del Arte y Musicología por la Universidad de Oviedo.

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