Los otros Starbucks: grandes gazapos del cine y la televisión

Relojes de pulsera en películas de romanos, aviones surcando el cielo mucho antes de que cualquier máquina «aprendiese» a volar o furgonetas en plena revuelta escocesa


2.300 millones de dólares. Es la cifra aproximada que, según estimaciones de expertos en márketing, se ha ahorrado en publicidad Starbucks gracias al despiste que el pasado lunes convirtió uno de sus cafés en tema de conversación capital tras la emisión del último capítulo de Juego de Tronos. No contaba con tal altavoz la cadena cafetera internacional, pero le ha venido de perlas: el vaso de capuchino que se coló por error sobre una de las mesas de Invernalia, exactamente en el cubierto de Daenerys -como si a la madre de dragones, desacostumbrada a las desapacibles temperaturas del norte, se le hubiese antojado un café latte ardiendo para templar cuerpo y ánimo-, equivaldría a una campaña millonaria que para nada se había planeado. El gazapo, que HBO se apresuró a eliminar digitalmente, tuvo un tremenda repercusión que puso a Starbucks en boca de medio mundo: menciones en redes sociales, alusiones en los medios,memes, conversaciones entre amigos. 

Resulta que el tanque de expresso, olvidado por el equipo de producción de Juego de Tronos, ni siquiera pertenecía a la emblemática cafetería -no tenía marca concreta, pero recordaba a sus característicos recipientes de cartón-. Y resulta, además, que ni mucho menos es el único anacronismo que incomprensiblemente ha conseguido superar los filtros de calidad del sector audiovisual. La lista de escandalosos deslices en la memoria histórica del cine, y también en la más reciente de la televisión, es larga: desde un imposible eco en pleno Atlántico cuando uno de los botes salvavidas de Titanic se acerca al lugar del naufragio (nada hay alrededor que pueda crear esa reverberación) hasta los relojes en las muñecas de los soldados romanos de Espartaco, pasando por el ombligo de Adán en La Biblia o las marcas de ruedas de coche en la arena de Ben Hur.

La botellla de agua

«Downton Abbey». A finales del 2014, una botella de agua de plástico se coló, como parte del mobiliario, en lal imágenes promocionales de la quinta temporada de la serie de época británica Downton Abbey, ambientada a principios del siglo XX -más concretamente en los años veinte-. Curiosamente, este tipo de recipientes no se distribuyeron al público en Inglaterra hasta 1960.

el cruasán-tortita

«Pretty Woman». En la célebre escena del desayuno de Pretty Woman, Julia Roberts, en la piel de Vivian, ataca con tal descomunal hambre el cátering de hotel que arranca una escena engullendo un cruasán para terminarla dándole los últimos bocados al mismo bollo que, como por arte de magia, se ha convertido en una tortita. Hay más: en un momento de la película Richard Gere se refiere directamente a la señorita de vida alegre que le acompaña como Julia. ¿Pero no era Vivian?

FREGONAS en el siglo XVII

«Águila Roja». El rigor histórico brilla por su ausencia en Águila Roja, la serie de aventuras ambientada en el Siglo de Oro que La 1 emitió de febrero del 2009 a octubre del 2016, tanto que incluso sus responsables tuvieron que aclarar que la ficción no pretendía ser fiel a la Historia. Ni falta hace que lo juren: sus protagonistas usan katanas ninjas en la España del 1660 y hablan de fregonas, inventadas tres siglos después.

móviles prehistóricos

«La casa de papel». El gazapo es, aquí, tecnológico. Sin ánimo de destripar demasiado la trama de la serie de Álex Pina, en su primer capítulo un grupo de pintorescos ladrones se cuelan en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, cierran las puertas del edificio, toman rehenes y confiscan a cada de uno de ellos sus teléfonos móviles. Los terminales requisados son colocados ordenadamente, bien clasificados junto al nombre de sus respectivos dueños, en la pared de una habitación que funciona como centro de control del atraco. Pero, ¿qué dispositivos son esos? ¿Quién utiliza esos modelos anticuados a día de hoy? Fue el portal especializado en telefonía móvil Movilona el que detectó cuánto desafinaban esos aparatos en la pantalla -muchos de ellos en desuso, otros que ni siquiera soportan WhatsApp-, más todavía teniendo en cuenta que la mayoría de los prisioneros eran jóvenes. 

furgón en la batalla

«Braveheart». Resulta difícil de entender que en una superproducción como esta ningún asesor experto en historia advirtiese al equipo de que las faldas escocesas no se popularizaron hasta 400 años después del siglo XIII, en el que se ambienta esta épica historia protagonizada por Mel Gibson. Pero la errata más descarada de este clásico es la de una furgoneta blanca que los de producción se dejaron, ni más ni menos, en medio de una batalla.

EL PICASSO NO ESTABA AHÍ

«Titanic». Para ser breves: si el trasatlántico británico se hundió en el año 1912, ¿cómo es posible que hayan llegado a nuestros días los cuadros Las señoritas de Avignon, de Picasso, y Los nenúfares de Monet si, según la película de James Cameron, viajaba en el camarote de Rose?

El símbolo químico que no lo era

«Breaking Bad». Durante exactamente 20 episodios, la cabecera de la aclamada ficción sobre el profesor de química reciclado en camello resaltó en los títulos de créditos dos letras como si de un elemento químico se tratasen (la introducción de Breaking Bad jugaba con ello, con destacar en verde caracteres que hiciesen referencia a símbolos de la tabla periódica). Pero Ch no existía como tal. A partir de la temporada tres, el error fue subsanado. 

AVIONES ANTES DE CRISTO

«Troya». Siglo XIII a.C. Un imponente Brad Pitt como Aquiles, gran héroe de los griegos. Y, tras él, surcando el cielo, un avión. Aunque el sueño de volar se remonta a la prehistoria, hasta 1883 (después de Cristo) ninguna máquina controlada por un humano en su interior fue capaz de mantenerse en equilibrio en el aire.

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