«UglyDolls»: ¿Y qué, si eres un cromo?

El filme, una digna animación con la modestia como bandera, luce algunas imperfecciones que tendrían su origen en el propio guion, y repercuten en el ritmo


Ni abunda el producto para los más pequeños ni su apariencia formal condiciona que carezca de interés. En rigor, pues UglyDolls -el «extraordinariamente feos» es un pegote- se ajusta a lo primero y nunca podría competir con la resolución visual de un Pixar o de cualquiera otra multinacional, aunque tenga a Robert Rodriguez como coproductor y autor de la historia. Tampoco era su pretensión. A mayores, el proyecto tuvo una génesis compleja y en medio del camino se sumó a la producción el gigante chino Alibaba. En absoluto era una aventura condenada al olvido. Los personajes del título ya están en una docena de libros infantiles, desde que David Horvath y su esposa Sun-Min Kim, los crearon en el 2001. Lo que realmente importa es la idea base, la de que seas cómo seas, nunca serás perfecto y lo importante es la convivencia y sentirse bien ante y con los demás, sin que los defectos afecten a tu autoestima. La moraleja, sin duda, es de compra fácil si los destinatarios son aquellos en fase de crecimiento y madurez como son los críos.

La protagonista es Moxy y está en el grupo de los conformes con lo que son -algunos unos cromos...- pero al mismo tiempo se erige en heroína centrada en que la población de UglyDolls se olvide de lo que representa la academia Perfección, esa a la que van aquellos sin tara alguna. Se inscribe la película en la modalidad de musical jukebox, que inserta canciones, para la versión española dobladas por Chenoa, Blas Cantó, Nerea Rodríguez y Pitbull, añadiendo valor añadido al resultado que, se supone, lleva aparejado el correspondiente merchandising. Anotado eso, el filme sí luce algunas imperfecciones que tendrían su origen en el propio guion, y repercuten en el ritmo. Arranca floja, incluso insulsa, con la correspondiente impaciencia del público infantil, pero se viene arriba de manera progresiva hasta confirmarse en lo que es, una digna animación con su modestia igualmente como bandera. De paso nos recuerda que la belleza -corporal, entiéndase- es lo que menos importa aunque el mercado y el rodillo mediático se empeñen en lo contrario.

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