«'Elisa y Marcela' te pone en el lugar del otro, te hace cuestionarte cosas»

A las órdenes de Isabel Coixet, Natalia de Molina y Greta Fernández dan vida a dos maestras gallegas que en 1901 consiguieron lo imposible: casarse por la Iglesia. La película llegará a los cines el 24 de mayo y se podrá ver en Netflix a partir del 7 de junio

Greta Fernández y Natalia de Molina, Marcela y Elisa en la película de Isabel Coixet
Greta Fernández y Natalia de Molina, Marcela y Elisa en la película de Isabel Coixet

Hace cien años ya había mujeres que amaban a otras mujeres. Probablemente siempre las hubo, pero en 1901, Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas trazaron un meticuloso y atrevido plan para que el mundo las dejase en paz. La cosa no les salió del todo mal: el 8 junio, esta pareja de maestras gallegas contrajo matrimonio religioso en la parroquia coruñesa de San Jorge, una boda que conmocionó a la sociedad de la época y que nunca llegó anularse. ¿Cómo lo hicieron? Elisa «se convirtió» en Mario. El 26 de mayo fue bautizada como tal por «el señor Cortiella» y, días más tarde, a las siete de la mañana, en el mismo templo y ante el mismo sacerdote, le dio a Marcela el primer sí quiero sin hombre del que se tiene constancia en España.

Isabel Coixet (Barcelona, 1960) descubrió esta prodigiosa historia de amor que en su día contó La Voz hace diez años y ahora, por fin, ha conseguido contársela al mundo a través de Natalia de Molina (Linares, 1990) y Greta Fernández (Barcelona, 1995). Ellas, su conexión y su delicadeza, son lo mejor de este trabajo que tendrá un estreno limitado en cines. Permanecerá en salas de A Coruña, Vigo, Ourense, Pontevedra, Santiago, Cee, Málaga, Madrid y Barcelona solo dos semanas, a partir del 24 de mayo. El 7 de junio, pasará a estar disponible en Netflix a nivel mundial.

-¿Conocían la historia de Elisa y Marcela cuando les surgió la oportunidad de hacer esta película?

-Natalia de Molina. No, no la conocíamos, al menos yo la conocí con el guión. A mí, personalmente, me pareció fascinante e increíble no conocerla. Pensé, ¿cómo puede ser posible que estas mujeres hayan existido, hayan conseguido todo lo que consiguieron y que no se estudie, por ejemplo, en los colegios?

-Greta Fernández. Yo unos meses antes de empezar a rodar, en enero o febrero del año pasado. Creo que es una maravilla poder contarla, ponerles ojos, cara, cuerpo a estas chicas, me parece un honor. Es mi primer papel protagonista y además con Isabel Coixet. Esa fue mi primera emoción como actriz, claro, mi primer subidón, pero luego, encima, la historia me pareció maravillosa. Se fue sumando todo, pero fue una oportunidad muy bonita.

-¿Cómo fue el trabajo para meterse en sus respectivos papeles?

-N. Lo importante en esta película, en realidad, era el trabajo que teníamos que hacer las dos juntas, la una con la otra, porque Elisa no se entiende sin Marcela y Marcela no se entiende sin Elisa, entonces la base de nuestro trabajo, por lo menos para mí, era trabajar con Greta y conseguir transmitir, tener química. No nos conocíamos de nada. El desafío era que la gente viese la película y creyera que esas dos mujeres se amaban de verdad, que lo hicieron, pero a veces interpretarlo...no es fácil, la cámara lo ve todo, sabe cuando mientes a leguas. Y conseguir trasladar un sentimiento tan puro con alguien que no conoces... que no sabes si te vas a entender o no... era muy importante. La verdad es que nos entendimos muy bien y surgió la magia. 

-¿Consultaron algún tipo de documentación para meterse en el papel?

-N. Hay un libro, en el que Isabel Coixet basó el guion, y ahí hay muchísima información al respecto. Hay muchos datos históricos, que registran sus movimientos: el día que se casaron, el que se fueron a Portugal, el que se marcharon a Argentina y se les perdió la pista... pero también muchas declaraciones que se difundieron entonces que yo no sé hasta qué punto eran verdad. Es difícil. Porque eran dos mujeres que lucharon contra una sociedad que no las supo entender ni las aceptaba. Hay muchas cosas que no sé si creerme, como que Elisa maltrataba a Marcela, que era una mujer que casi la había secuestrado... cosas así. Llegas a la conclusión de que eran las opiniones de la gente que vivía allí que no podían aceptar que dos mujeres se amasen. Al final, el trabajo estaba más enfocado en el guion, la poesía,  la utilidad y sensibilidad que Isabel quería que estuviese en la película.

-¿Qué fue lo más complicado?

-N. Los tiempos. Rodamos la película en cuatro semanas y era muy vertiginoso todo, muy intenso. Estaba rodando de Elisa y en la siguiente secuencia, de Mario. Era todo muy rápido y eso fue lo más difícil, porque tampoco te daba tiempo siquiera a saber casi lo que habías hecho, y es una película muy compleja. Esto me causaba mucha inseguridad, pero a la vez, era muy estimulante porque teníamos que estar al 300 %.

-G. Para mí también esto, el poco tiempo que teníamos para rodar todo. Durante la película pasa mucho tiempo, desde que empieza la película hasta que acaba pasa muchísimo tiempo, y los personajes cambian mucho y evolucionan. Y para rodar eso de manera cronológica hay que estar muy atento y muy conectado todo el rato, ser muy consciente en todo momento de dónde están los personajes, no te puedes despistar ni un segundo porque, si no, se desordena todo mucho. Había mucho de eso: de saber dónde estabas, en qué momento de la historia, qué había pasado, de dónde veníamos, qué venía después... Y uno mismo tenía que mantener ese orden para tenerlo todo bien atado y luego dejarte ir.

-La película se detiene mucho en la intimidad de estas dos mujeres, ¿cómo fue rodar estas escenas?

-N. Antes de rodar la película había una especie de tensión sobre cómo sería, pero luego, al final, este tipo de secuencias, las de sexo, son las más mecánicas, en ellas se suele generar un ambiente más respetuoso y hay mucho cuidado... Y luego también el hecho de que el equipo fuese en su mayoría femenino a mí, personalmente, me dejaba con una tranquilidad diferente a otras veces que he tenido que rodar películas con escenas de sexo. Quieras que no, una se siente más protegida entre mujeres, o al menos a mí me pasa. Y luego con Greta hubo muchos momentos divertidos, en los que nos reíamos mucho.

-¿La escena del pulpo?

-N. Fue mítica (risas). Fue «la escena». Porque además el pulpo olía muy fuerte ¡y estaba muy frío! Y teníamos que hacer como que era lo más divertido del mundo y, en realidad, olía muy fuerte y estaba súper frío...

-G. Las algas también olían muy fuerte. Olían a mar puro, puro.

-N. Pero era divertido. Yo nunca había visto en el cine contar la sexualidad con este tipo de elementos. Creo que ahí Isabel se ha arriesgado y ha querido contar cosas diferentes, y me ha parecido muy interesante.

-La mayoría de los personajes tienen acento gallego. Pero Elisa y Marcela no.

-G. Con el poco tiempo que había, realmente era complicarse la vida ponerse a hacer acento. Yo creo que Isabel lo decidió así porque le costaba a Natalia y yo le gustaba como actriz, y nos veía en esta historia. Y priorizó esto.

-N. Fue una decisión suya, sí. Yo le dije que podíamos intentarlo, pero ahora, después de ver cómo fue el rodaje, con los pocos tiempos que había..., creo que hubiese sido peor.

-G. Si hubiésemos tenido tres meses para prepararlo, quizá sí, pero era ponerlo muy difícil. Y era muy posible, al menos para mí, que si lo hacía me saliese mal en tan poco tiempo. 

-¿Cómo ha sido trabajar con Coixet?

-N. Es una directora muy libre. Yo me sentía muy segura en muchas cosas porque ella me transmitía mucha seguridad y confiaba plenamente en nosotras. Si se le ocurrían cosas, siempre las decía, fue muy vivo todo. Rueda muy rápido, hacía muy pocas tomas porque lo tenía todo muy claro, y cuando algo le gustaba no necesitaba más. Y fue un gran trabajo en equipo.

-¿Y rodar en Galicia?

-N. ¡Qué te voy a contar! ¡Es increíble Galicia!

-G. Rodamos en un pueblo perdido, precioso, Pazos de Arenteiro. Y fuimos a lugares muy bonitos. Estábamos en una especie de casa rural, con un bosque delante.

-N. Y también rodamos la boda ahí. Ese lugar era muy bonito. En Galicia hay un paraje natural increíble y ahí está, fotográficamente, en la película. Todo lo que se rodó en Galicia, que fueron los exteriores durante dos semanas, es un cuadro, es espectacular.

-¿Con qué se quedan de esos días?

-N. ¡Con todo...!

-G. Recuerdo por la mañana levantarme, abrir la puerta de la habitación y ver ese bosque... ¡Qué gusto!

-N. Y la comida, obviamente, se come que da gusto. ¿Por qué fueron solo dos semanas? Nos hubiese encantado quedarnos meses... (risas)

-¿Creen que a día de hoy está normalizada la sexualidad libre? 

-N. No, no hay más que poner las noticias o ver cómo la homofobia está creciendo a nivel incluso político, están surgiendo partidos con mensajes bastante homófobos, que hay países en los que es un delito, que pegan palizas a gente por sentir libremente... Creo que hay dos polos: hay una parte de la sociedad que lo tiene súper aceptado y que cree en la libertad absoluta, como debe ser, y hay otra parte de la sociedad que todavía sigue anclada en otro siglo. Queda mucho camino por recorrer, también en España. Aquí el matrimonio homosexual existe, sí, ¡pero también hay cursos para curar a gente que siente así!

-G. Y algunos partidos políticos quieren ilegalizarlo otra vez.

-N. Hay gente que todavía sigue pensando que es una enfermedad. Hemos avanzado, pero en otros aspectos no estamos tan alejados de cómo se pensaba hace cien años.

-¿Cómo puede ayudar una película como esta a normalizarlo? 

-N. Básicamente, creo que hoy hay un gran problema con la empatía, que hay mucha gente que carece de ella. Y creo que esta película, precisamente, lo que hace es que empatices con los personajes, con el amor, que lo entiendas, que incluso te cuestiones si tienes algún tipo de prejuicio. Que te plantees: "¿Por qué tengo un problema con que dos personas se amen?". Porque al final es eso, al final el mensaje es: qué te importa a ti que dos personas se amen si es un sentimiento positivo. Si me estuvieses hablando de dos personas que van asesinado a gente o de algo mucho más negativo... podría llegar a entender que tu energía se focalizase en eso, pero en un sentimiento tan puro como es el amor... Creo que esta película te pone en el lugar del otro y te hace cuestionarte cosas. 

-La película se presentó en la Berlinale envuelta en polémica. Fue boicoteada por exhibidores cinematográficos alemanes que pidieron su retirada de la competición ya que, al ser distribuida por Netflix, solo se estrenará comercialmente en salas de España. ¿Cuál es vuestra opinión sobre la participación en festivales del cine hecho para plataformas?

-G. Yo puedo ser capaz de entender que haya gente que tenga otro tipo de opiniones, lo que pasa es que desde mi punto de vista, que soy actriz y me dedico a esto, el hecho de que se creen plataformas y, con ellas, más opciones de trabajo es algo positivo, y es algo que a mí me gusta. Es la primera vez que hago una película de protagonista, no esperaba que Netflix sin ser yo conocida dejase que protagonizase una película, y la verdad es que a mí esto ya me dice mucho de la plataforma. Que esta película que ha tardado tanto tiempo en levantarse se haya levantado gracias a que ha existido una plataforma así, también solo puedo verlo como algo positivo. Entonces, realmente, a mí lo que me ha dado son cosas buenas. Hay cosas que cambian, sí, y los cambios a veces son complicados de colocar, porque el cine tiene una trayectoria y un significado en sí, pero no creo que Netflix ni toda esta nueva era quiera que esto desaparezca.

-N. Es que el cine... ¿por qué algo es cine y por qué no lo es? ¿Realmente depende del tamaño? ¿Es la sala o es, en realidad, la obra artística?

-G. Yo lo que quiero es que la gente vea la película, que la vea en salas grandes, en proyectores o en sus casas. Que cada uno la vea como le apetezca. Obviamente, defiendo que es muy distinta la experiencia de ver una película en una sala grande que en una pantalla pequeña, pero también es cierto que a veces uno hace películas más pequeñas o más independientes y sabe muy mal que no llegue y que no se vea. A veces ni se distribuye. Es muy difícil. A mi me hace mucha ilusión, porque soy consciente y sé que esta película se va a ver mucho, con otras tienes dudas de que eso pase.

-N. Al final van a convivir. Son modelos que están condenados a convivir. 

Marcela y Elisa, una boda de cine

Gracia Novás

El casamiento de dos mujeres que conmocionó la sociedad gallega en 1901, y que llegó al cine de la mano de Isabel Coixet, es hoy todo un icono de la libertad sexual

Faltaban diecisiete años para que el primer ministro británico Lloyd George y su Gobierno aceptasen, en febrero de 1918, aprobar la ley que concedía el voto a las mujeres -eso sí, ¡mayores de 30 años!-. Los derechos femeninos seguían pisoteados por un mundo heteropatriarcal. La primavera de 1901 vivía sus últimos días. Las sufragistas inglesas peleaban por sus aspiraciones en un ambiente en que su propia reina Victoria las aleccionaba con aquello de «dejad que las mujeres sean lo que Dios quiso: buena compañera para el hombre, pero con deberes y vocaciones totalmente diferenciadas». Apenas unos meses después del fallecimiento de la poderosa monarca del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, emperatriz de la India, en Galicia, la coruñesa María Elisa Carmen Sánchez Loriga y la burgalesa Marcela Gracia Ibeas, dos féminas rebosantes de amor, discreción y audacia decidieron casarse.

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