«Tiene mucho sentido despojar tus canciones de todo y devolverlas a la esencia»

Fernando Alfaro y Antonio Arias, dos referencias en la evolución del indie español, comparten canciones y conversación este viernes en Gijón, en el original espectáculo que abre el ciclo Los Rincones del Botánico

Fernando Alfaro (izquierda) y Antonio Arias
Fernando Alfaro (izquierda) y Antonio Arias

La experiencia que promete la primera de las veladas del nuevo ciclo musical Los Rincones del Botánico para el próximo viernes, 12 de julio, en Gijón, es de verdad singular. Como mucho de lo que acumulan las biografías artísticas y personales de Fernando Alfaro (Surfin' Bichos, Chucho, Los Alienistas...) y Antonio Arias (Lagartija Nick, 091). Dos de los músicos que marcaron puntos de refracción decisivos en el rock español de la última década del pasado siglo han decidido sentarse frente a frente con sus guitarras acústicas, sus respectivos cancioneros, su memoria vital y musical y su don para el palique, y hacerlo ante el público. El resultado es El pueblo contra Antonio Arias y Fernando Alfaro, un espectáculo sustendado sobre la estructura de un guión de Miguel Ángel Blanca que resulta ser una conversación distinta cada noche. Será la primera de un programa que también llevará al Botánico a Josele Santiago, Sr. Chinarro y Nacho Vegas, ya en septiembre.

-Al escuchar sus canciones con Surfin' Bichos hace treinta años pensábamos que estaba haciendo cosas que nadie había hecho antes… al menos en España. Parece no cansarse de eso.

-Esto ha salido así un poco como fruto de los acontecimientos. Una primera idea fue tocar juntos, enseñarnos cara a cara nuestras canciones, pero de repente vimos que de aquello surgía mucha literatura por así decir, mucho anecdotario, mucha teoría sobre la música y las canciones… Además, se daba la circunstancia de que se cruzaban dos biografías similares pero también muy diferentes que explicaban cómo habíamos vivido los distintos momentos música en España por dos coetáneos que empezaron en esto a la vez. Daba tanto de sí que de ahí salio la idea de que fuera eso mismo el espectáculo: no solo enseñarlos las canciones mutuamente sino también toda esa literatura que había alrededor y conformarlo como una obra de teatro, hasta el punto de que se ocupó de hacerlo Miguel Ángel, que además del vocalista de Manos de Topo, un grupo muy guay, es cineasta y escribe guiones y teatro. Él lo guionizó, nos escribió una serie de guías para no perdernos en la noche, boyas que vamos siguiendo, pero no realmente guión cerrado, un texto aprendido. Están las propias canciones y una serie de pautas sobre las que improvisamos bastante. Cada show es diferente.

-Se abusa de la expresión «un diálogo entre dos músicos» o «entre dos artistas» para describir otro tipo de colaboraciones musicales. Esta vez es literal.

-Sí, es algo así. Vamos abriendo ventanas y va entrando aire fresco, o una tormenta, o el sol quemándote la cara. Cada actuación es un camino que seguimos, un camino que está para seguirlo por la noche. Lo que ocurre es que ni nosotros mismos sabemos lo que va a suceder cada vez.

-¿Varía también el repertorio?

-Es lo más fijo, porque si no sería absolutamente incontrolable. Las canciones, los bocetos de canción que hacemos a veces, es lo más fijo para que sirva como como señales de balizamiento, porque si no la conversación de ambos, además en eso somos parecidos aunque Antonio me supera, diría yo, se convertiría en dos helicópteros conducidos por locos. Así por lo menos esto tiene sentido, estructura… y acaba.

-¿Y cuál es ese repertorio?

-Canciones evidentemente de los dos, canciones tradicionales… Cada uno va mostrándole al otro sus canciones; en mi caso, de todos mis proyectos como siempre que suelo hacerlo cuando toco en acústico y en solitario. Hay canciones de terceros que de repente salen a colación y tienen sentido en la conversación… Pero tampoco quiero anticiparme.

-Recuperó muchas de esas canciones suyas en formato acústico en Sangre en los surcos, y también en sus directos en solitario. Despojarlas así, ¿tiene algo de puesta a prueba, de test de resistencia de estructuras a lo largo de los años...?

-Sí, es el ejercicio máximo de resistencia al que puede someterse a una canción es ese: ser una canción que pueda tocarse con cualquier cosa, una guitarra y voz y ya está. Es un poco tópico, pero es cierto. En mi caso además, la guitarra es el instrumento con el que he compuesto la inmensa mayoría de canciones. Tiene mucho sentido despojarlas de todo lo demás y devolverlas a la esencia. De hecho es además algo que he ido haciendo a lo largo de los años; en un primer momento para mí solo, en casa, y de esa forma ya sabía que funcionaban. Ese despojamiento, cuando tienes algo que decir, lo enseña bien porque lo pones en mi primer plano: sacas a la vista las letras, el esqueleto es mucho más reocnocible. Es un poco como desnudar a alguien. Y con Antonio pasa lo mismo. Estás acostumbrado al formato banda, y de repente escuchas tus canciones así, con guitarras acústicas, acompañándonos mutuamente, y ves cosas que no aprecias en formato banda. Tocar con una banda tiene evidentes virtudes -la intensidad, la fuerza, el formato rock, por entendernos-, pero por otro lado no diría que pierdes matices, sino que compruebas que se puede matizar mucho más con menos. En esa cuerda floja estamos jugando todo el rato en el show nuestro. Como te decía, hay mucho anecdotario, inlcuso ocurrencias que a veces son a salto de mata. Nos sorprendemos a vosotros mismos. Es una aventurilla, algo divertido. Nos reímos y se ríe la gente. Y eso es algo importante.

-Complicidad pura, por lo que dice. Un tipo de relación que, desde siempre, ha tenido de un modo muy especial con su público, desde los primeros Surfin' a esta parte...

-Es de lo que se trata. Esto no es un acto solipsista, aunque mucha gente lo hace, tocan y cantan para ellos mismos en su casa. Hay músicos que prácticamente son secretos, pero desde el momento en que decides entrar en el juego, subir en el escenario, grabar para que la gente lo pueda escuchar, entras en comunicación. Y, claro, necesitas el feedback. De la gente, y también de otros músicos. Es una forma de aprende, de crecer, de ver lo que tú mismo no has sabido ver muchas veces. En mi caso, del show con Antonio estoy aprendiendo un montón de cosas… a mis años. Y eso para mí es fundamental.

-Se tiende a ver, erróneamente, este tipo de experiencias como tiempos muertos entre álbum y álbum, gira y gira..  Cuando puede ser justo lo contrario, el momento en el que se cargan las pilas y se aprenden cosas.

-Ojalá fuera tiempo muerto (risas). De tiempo muerto, nada. En estos momentos estoy de gira con Surfin' Bichos, grabando con Chucho, acabamos de publicar un maxi con cuatro versiones, tres de ellas recientes de Magic, que cumple 20 años, a su vez estamos con la posible reedición en vinilo del disco, yo acabo de rematar la gira con el Dark Folk Trio... No es un momento de impás, para nada. Lo hemos hecho porque tenia sentido y queríamos hacerlo, no dejarlo para más adelante. ¿Y si cae un meteorito? Nada de «hay que rellenar un espacio, no tengo nada que hacer, pues vamos a hacer esto». En muchos casos, es así; en el mío, no, por suerte por desgracia. Llevo muchísimas cosas entre manos. A veces es un poco locura, por cierto.

-Cuando empezaron en sus respectivas bandas muchos consideraron que aparecían en el momento más oportuno para patear el tablero musical de aquellos años en España. ¿Quién podría estar haciendo, en su opinión, eso mismo ahora?

-¿Sabes lo que pasa? Que cuando empezamos nosotros había un tablero, un solo tablero. Era fácil localizarlo, identificarlo y, hala, darle la patada como tú dices. Ahora son muchos tableros, está todo muy diversificado. Dentro del underground hay grupos y artistas geniales, lo que pasa es que no están teniendo la trascendencia que tuvo lo nuestro entonces; trascendencia a nivel underground quiero decir. Ahora da la impresión de que está todo más fragmentado, es más difícil. Hay gente muy interesante sobre todo en el underground las grandes ciudades, porque curiosamente en nuestra época era más en provincias: nuevos artistas y grupos moviendo el asunto con cosas urgentes que decir. Es un poco lo que nos pasó a nosotros: que salimos por pura urgencia de explicar cosas, de contar cosas. Ahora hay distintas escenas. El trap, por ejemplo, tiene cosas interesantes, pero para mí es más una reinterpretación que una revolución. No me parece revolucionario. Quizá es que barro para casa, para el indie o rock undergronund, veo cosas más diferenciales, más especiales. Si hay alguien en el mundo de la música urbana, el trap, hablando muy en general, es Rosalía, está claro. Pero en general como estilo y escena, el trap no me parece tan revolucionario.

-Pero la clave era y es la urgencia, la necesidad.

-La urgencia, sí. La intensidad expresiva.

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