Juan José Campanella: «La vejez es una parte de la vida que uno trata de ignorar»

El director reúne en «El cuento de las comadrejas» a cuatro grandes intérpretes con otros dos jóvenes

Campanella, con la actriz Clara Lago
Campanella, con la actriz Clara Lago

madrid / colpisa

Juan José Campanella (Buenos Aires, 1959) quedó exhausto con su anterior incursión en el mundo del largometraje. No es para menos. Futbolín (2013) era su primera película de animación. «Fue una aventura tecnológica que poco tenía que ver con el cine al que yo estoy acostumbrado», reconoce. Tanto, que el cineasta sintió la necesidad inmediata de hacer «todo lo contrario» y se metió de lleno en el teatro, donde «si había que mover algo del decorado, que fuera con una soga y una polea, como hacían los griegos en el año 500 antes de Cristo», comenta entre risas. Ahora regresa a la gran pantalla con El cuento de las comadrejas, una comedia negra protagonizada por una estrella de la edad dorada del cine argentino que vive apesadumbrada su retiro, en una hermosa villa a las afueras de Buenos Aires, junto tres hombres: su esposo, un actor de segunda fila, y el cineasta y el guionista que la encumbraron.

-La cinta es un «remake» de «Los muchachos de antes no usaban arsénico», una película de culto argentina de 1976. ¿Por qué apostó por ello?

-El secreto de sus ojos también es de alguna manera un remake porque ya hay una novela en la que se basa. La película original me encantó, pero no fue hasta quince años después de haberla visto cuando me di cuenta de que podía contar algunas cosas y contarlas en un contexto no realista, sino un poco como una fábula y con un distanciamiento de la realidad. La original me pareció un vehículo perfecto para agregarle todas estas cosas. De todas maneras, hay muchas diferencias de tono y argumento. Hasta los finales son distintas. Es una película nueva.

-Graciela Borges, Óscar Martínez Luis Brandoni y Marcos Mundstock son los cuatro actores que protagonizan la película, a la que se suman Clara Lago y Nicolás Francella. ¿Tenía claro el reparto?

-El casting se hizo para los jóvenes solo. La verdad es que uno de los motivos por los cuales la película se demoraba y volvía al cajón era porque no había cuatro glorias del cine de esa edad que pudieran hacer los personajes. Casi te digo que el guion guardado esperando a que esos actores llegaran a esa edad, excepto en el caso de Óscar Martínez, que está maquillado. Porque cuando escribí el primer boceto, Graciela tenía 50 años. Tenían que ser cuatro pesos pesados porque, aunque no conozcas sus carreras, se nota desde el primer instante.

-Los actores mayores no parecen tener mucho hueco en la industria. ¿Por qué?

-En primer lugar, porque cuando la audiencia ve un cartel con un reparto así siempre piensa que es una película para viejos y no que es una película con viejos. Y creo que ese papel debe recaer en la prensa, tratar de comunicar que no lo es. Paradójicamente, esta es la película mía que más les gusta a los jóvenes, porque los viejos son tan transgresores que se la devora. Pero es verdad que al principio no van. Y por otro lado la gente mayor es la que más ha abandonado el cine, prefieren esperar a que llegue a la televisión, así que hay pocas películas que cuenten historias sobre ellos.

-Quizá también la industria no sea más que el reflejo de cómo la sociedad trata a los mayores.

-Bueno, hay un miedo obviamente eterno a la vejez. Uno no quiere ver viejos. Es una parte de la vida, como la muerte, que uno trata de ignorar y que cree que no va a pasar nunca y que no va a llegar. Algo de eso hay también.

«Estoy a favor de las plataformas digitales»

«Yo estoy a favor de las plataformas digitales», dice Campanella sobre el debate entre el cine en pantalla grande y en plataformas como HBO o Netflix. «Creo que han revolucionado la televisión, pero siguen siendo tele. Yo hago las dos cosas y las hago de forma distinta, por ejemplo en la narrativa. En la televisión el 80% de las imágenes se mueven entre el plano medio y el primer plano y en colocar al que habla siempre en escena. Es decir, aunque son más cinematográficas que antes, la narrativa sigue siendo de televisión y no se contar una historia de tele de la manera en que uno cuenta una película. No hay primeros planos extremos, ni un plano secuencia que transcurra lejos de los personajes. Y luego está el proceso de selección de las cosas que se hacen. Ahora está en manos de ejecutivos que jamás han filmado ni escrito nada», dice.

-¿Hemos ido a peor entonces?

-No, hemos ido a mejor en cuanto a la calidad cinematográfica, pero se esta haciendo tanto, hay un bum tan grande, que el producto empieza a resentirse. Ya no dan abasto. Esto pasa en Estados Unidos también. Están ascendiendo a gente que aún no ha hecho méritos. ¡El año pasado, en Estados Unidos se hicieron más de 400 programas! Y claro, baja la calidad. En cuanto algo empieza a ser éxito, empiezan a tratar de reproducirlo de forma masiva, a gran escala y no es tan fácil. Y por eso con muchas series no duras ni quince minutos. Esta serie no la oí nombrar sera nueva, sexta temporada donde están las otras cinco. El único que mantiene un nivel de calidad importante es HBO, los demás hacen pizza por docenas.

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