Marc Singer: «Me emociona saber que "V" fue tan importante para los jóvenes de los 80»

El intérprete ve a su personaje en la serie, Donovan, como «un hombre ordinario en una situación extraordinaria»

Singer, Donovan en la serie «V», mantiene una intensa actividad como actor teatral
Singer, Donovan en la serie «V», mantiene una intensa actividad como actor teatral

redacción / la voz

V no solo estimuló la imaginación de los niños y jóvenes que acudían puntualmente a su cita con la serie, convertida en todo un fenómeno social, sino que dejó una huella que el paso del tiempo ha cubierto con el inevitable barniz de la nostalgia. Marc Singer (Vancouver, 1948), el actor que dio vida a Donovan, un periodista que descubre la verdadera naturaleza de la invasión alienígena y se convierte en el líder de la resistencia, pasó por el festival Metrópoli de Gijón para rememorar el éxito de una serie que es un icono de los años 80.

-Para quienes crecieron en aquellos años «V» no solo era un programa de televisión, sino que al acabar el episodio se jugaba a reproducir su argumento. Todos querían ser Donovan...

-Me siento muy halagado. ¿Se veía en familia, con los padres, o solo los pequeños?

-Creo que más bien era algo de la generación joven.

-Entiendo. Me emociona saber que para los niños y jóvenes de los 80, y que son adultos hoy, aquella serie fuese tan importante. Desde el principio intentamos que tuviese un buen planteamiento moral. Para mí era importante la idea de cuáles eran las obligaciones de un héroe. El tipo de personaje, su moral, su propósito vital, era importante. Que una persona pueda establecer una guía de lo que es importante en la vida, y que pueda vivir acorde a esos principios, sin importar lo duro que sea, no darse por vencido. Cuando interpretas al protagonista quieres asegurarte de que el mensaje sea bueno.

-«V» era una serie de ciencia ficción pero planteaba preguntas fundamentales: qué hacer frente a algo inexplicable, cómo reaccionar ante la adversidad.

-Hay muchas cuestiones que abordar a partir de esa pregunta. Una es cómo interpretar a un hombre ordinario que se ve metido en una situación extraordinaria. Todos nos preguntamos cómo reaccionaríamos en circunstancias así. Como actor, creo que las historias que cuento y los personajes que interpreto me dejan huella. Una película o simplemente ser actor, estar delante de alguien y tener el valor de comunicar una idea, una idea con un valor determinado, es un acto que requiere un cierto grado coraje. Qué llevamos dentro de nosotros y cómo reaccionaremos. Lo que nos imaginamos en la ficción, en la fantasía, son respuestas a situaciones que vemos todos los días en nuestra vida real. Esa pregunta que nos hacemos es precisamente la que debemos responder a diario.

-Mencionó antes a los padres: los jóvenes veíamos «V», la serie de los mayores era «Dallas».

-[Risas]. Sí, era su serie. Yo solo estuve una temporada. Para mí fue el trabajo más aterrador en el que me he visto metido. En V había explosiones y conducíamos peligrosamente y nos peleábamos entre los muebles, que se rompían, pero no me daba miedo. Era emocionante. Pero en Dallas estaba muerto de miedo.

-¿Por qué?

-Porque no tenía ni idea de nada. Ni conocía la historia ni había visto la serie. Conocía a alguno de los actores, alguno incluso era amigo mío, pero no era una serie para mí, que era más joven en aquella época. Me interesaban más el romance y la aventura. Cuando me incorporé a Dallas y empezamos a hablar de quién se había casado con quién, y quién se había divorciado o quién se había acostado con quién, no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Me aferraba a mis partes del diálogo, pero delante de la cámara siempre tenía miedo de que me desenmascarasen como un charlatán. Fue el trabajo más difícil que haya hecho.

-«Dallas» fue otra serie que marcó una época. Como «V» y otras tantas vienen a la mente en cuanto piensas en los años 80.

-Parece que ahora hay un revival, una atención por lo que se hacía en esos años, igual que en los 80 había un interés por los 40, con su cine negro, detectives o vaqueros. Todo el mundo mira atrás, veinte o treinta años en el pasado, porque esas épocas parecen más sencillas y la interacción entre las personas más directa. Por eso la gente ahora mira hacia los 80, porque no había Internet, todo se movía de una forma más mecánica; no más lenta, pero sí más mecánica. Todo lo que hacíamos en cine o televisión era esencialmente en directo. Había algunos efectos, pero la mayoría lo hacíamos nosotros. Cuando examinamos las películas del Oeste de la mitad del siglo, con John Wayne o el Llanero Solitario, se subían a esos caballos y cabalgaban a toda velocidad y saltaban troncos y peñascos, se arrojaban desde la altura. No había CGI [efectos digitales]. Ocurría igual en los 80. Saltábamos y peleábamos y si algo era emocionante había que idear cómo hacerlo. Algún día la gente examinará nuestra época y dirá: «Es increíble lo que consiguieron».

Shakespeare, la biblia de su familia

Aunque más conocido por sus papeles televisivos y en el cine -El señor de las bestias-, Singer es un gran actor de teatro que ha interpretado en numerosas ocasiones al autor que encarna los cimientos del oficio: Shakespeare. «Acabo de hacer Macbeth hace un par de meses. El papel principal. Fue un gran montaje, muy satisfactorio», cuenta. Shakespeare es, con Carl Jung, el autor cuya lectura más ha influido en Singer. «Me educaron con Shakespeare, era la biblia de la familia», rememora. Ya sobre las tablas, interpretando Los dos hidalgos de Verona, le tocó un diálogo que cambió su forma de ver el mundo: «Si el hombre fuese constante, sería perfecto».

Shakespeare propicia una reflexión sobre qué supone actuar y las técnicas necesarias para ello. «Creo que la mejor interpretación, como cualquier otra profesión o arte, se fundamenta sobre una arquitectura, un entendimiento sobre cómo se escribe una obra y cómo se desarrollan los personajes», analiza el intérprete, quien también se extiende sobre el papel social del teatro: «Era muy importante en la antigua Grecia, tanto social como psicológica y espiritualmente. Iban al teatro no solo para que los entretuviesen, sino que llevaban a su hijos con ellos para que le pudiesen encontrar un sentido al universo». Singer sostiene que la actuación necesita técnica y compromiso. Ha recogido sus ideas en un manual, de próxima publicación, que se titulará El sistema, por oposición al Método. «Siento cierta antipatía hacia el método moderno de formar a actores jóvenes que se basa en sensaciones, sentimientos, memorias personales. Parece ignorar los fundamentos de cómo afrontar una obra», explica.

Su escritura no termina ahí. En otoño estrenará en Los Ángeles su primera obra como autor: «Siempre he querido escribir teatro, nada extraño, vanguardista, algo en la línea de Arthur Miller o Tennessee Williams».

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