Robert Guédiguian arremete en Venecia contra la Francia de Macron con su filme «Gloria Mundi»

El rastro de la cocaína protagoniza la adaptación a la pantalla de la novela de Roberto Saviano «CeroCeroCero», una serie que estrenará en España la plataforma Amazon

El veterano actor francés Gérard Meylan, en un fotograma del filme de Robert Guédiguian «Gloria Mundi»
El veterano actor francés Gérard Meylan, en un fotograma del filme de Robert Guédiguian «Gloria Mundi»

Venecia / E. La Voz

El marsellés Robert Guédiguian posee un mundo de coherencias inconmovibles. Solo en un cierto sentido, hay en sus aceradas enmiendas a la totalidad al capitalismo más deshumanizado un parentesco con el británico Ken Loach. Pero existe una sustancial diferencia: Loach hace más de veinte años que se instaló en la furia malhumorada, las embestidas contra el pretil, las caídas de sus personajes-ecce homo por todos los desbarrancaderos posibles. Si algo malo puede pasar, ten por seguro que con Loach será aún peor.

El realizador francés Robert Guédiguian, en Venecia para la presentación de su último filme, «Gloria Mundi»
El realizador francés Robert Guédiguian, en Venecia para la presentación de su último filme, «Gloria Mundi»

Guédiguian es también consciente de que los suyos -él y su grupo estable y muy reconocible de camaradas actores, entre ellos su mujer en la vida real, Ariane Ascaride- han perdido todas las batallas. Hace años que habitan algo que podríamos definir como socialismo crepuscular, como cuando en los wésterns terminales los fuera de la ley saben que solo les queda autoinmolarse orgullosamente en el México de Pancho Villa.

En Gloria Mundi, Guédiguian se refugia, sin deshonestidad emocional, en algo que Ken Loach desconoce: el humanismo, la esperanza de la solidaridad meramente personal o, en este caso, de la familia como último reducto. Su filme, en este sentido, te plantifica el panorama dantesco que ya sabes que lleva sello de la casa: un grupo de personajes aprisionados por el despido -o el precariado- y por un sistema que exprime hasta el límite sus horizontes. Atrapados por la melancolía de tiempos siempre mejores, antes de que el tren de la Historia les pasase por encima.

Su película es perfectamente obvia y redundante. Pero Guédiguian, en su nobleza, se permite enriquecer el ritornello con algún giro que aporta viveza a su discurso. Aquí hay una directa crítica al verbalizado concepto del macronismo gobernante en Francia sobre el héroe emprendedor, porque ese concepto literal está en el principio del fin de la tragedia de Gloria Mundi, cuando hasta los tuyos -tu familia biológica o emocional- son susceptibles de dejarse atrapar por los cantos de sirena de los lobos disfrazados de corderos.

El escritor y guionista italiano Roberto Saviano, a su llegada al Lido para la presentación de la serie «CeroCeroCero», que adapta su novela
El escritor y guionista italiano Roberto Saviano, a su llegada al Lido para la presentación de la serie «CeroCeroCero», que adapta su novela

Roberto Saviano, más de una década después de Gomorra, ha visto como en el último año su materia literaria o periodística ha dado lugar a dos adaptaciones estimulantes. En Berlín se vio la muy estimable Piranhas, que se basaba en su novela La banda de los niños, sobre los alevines de la Camorra. Y aquí se estrenaron este jueves en primicia los dos primeros capítulos de la serie basada en ZeroZeroZero, que en España se podrá ver en Amazon: poseen buen pulso y remiten a la estrategia mundial de la cocaína y al control en las rutas cada día mayor de la Ndranghetta. Se ve venir que en menos que cante un gallo Netflix trasladará la franquicia de Narcos a este Mediterráneo y pondrá al brasileño Wagner Moura a simular acento calabrés, aunque a él, escobarizado, siempre le va a salir portuñol de Medellín.

El director portuguésr Tiago Guedes, con los actores Sandra Faleiro y Albano Jeronimo, a su llegada al festival veneciano para el estreno del filme «A Herdade»
El director portuguésr Tiago Guedes, con los actores Sandra Faleiro y Albano Jeronimo, a su llegada al festival veneciano para el estreno del filme «A Herdade»

El final de Salazar y la revolución de los claveles

En la sección oficial nos pasó por encima el filme portugués A Herdade. Lo produce Paulo Branco y esto es algo que predispone al respeto por la trayectoria de uno de los más sensibles facilitadores del cine de autor europeo. La película está estructurada en tres tiempos: el primero, apenas un prólogo, nos muestra el sanguinario poder de un terrateniente en el Portugal de la primera mitad del siglo pasado, cuando en las hectáreas inabarcables del patrón reinaban las leyes del hacendado esclavista y los cadáveres de los jornaleros colgaban de los árboles como santos inocentes. La segunda parte -la más sugestiva- transcurre en el año previo a la caída de la dictadura salazarista. El hijo del primer patrón se mueve entrambasguas mientras cuando una noche que regresa de una boda en la radio del coche suena Grândola, Vila Morena. Ahí el filme semeja estilizarse en un enfoque político como gatopardista y con ecos de revolución y novecento en la granja. Es solo un espejismo. El director, Tiago Guedes, arrastra la película hacia el folletín del peor estilo, con hijos espurios, hermanos incestuosos en su inocencia y cabalgadas de casi tres horas hacia la telenovela de sobremesa.

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