Nerea Barros: «Lo que no me puede faltar en verano es un pasodoble con mi padre»

Su papel en «La isla mínima» le valió a la actriz gallega un Goya y de una isla a otra, la de Sálvora, en donde ha rodado «La isla de los secretos». Antes de ese estreno la veremos en una nueva serie en Netflix, mientras sigue trabajando como productora


Es igual de tierna que de fuerte. Su voz transmite calma, pero también cabeza y corazón. Porque Nerea Barros (Santiago de Compostela, 1981) no ha perdido su esencia. Ha cambiado el hospital en el que ejercía de enfermera por los platós de cine, pero continúa trabajando duro para cumplir sus sueños, eso sí, con los pies en la tierra. «Tengo que tener claro el motivo por el que acudo a un evento, si no prefiero no ir. En esta profesión tienes el riesgo de que de repente te acabes metiendo en un ciclo de las alfombras rojas, y de exposición, que no lleve a ningún lado», confiesa la actriz, que está inmersa en sus proyectos como productora mientras espera el estreno de la serie Días de Navidad en Netflix, y de la película La isla de los secretos, en la que se enamoró perdidamente de la isla de Sálvora.

-Estudiaste enfermería, ¿«Urgencias» o «Anatomía de Grey»?

-Las he visto todas, esas y House. Es inevitable que te salga la deformación profesional cuando las ves. Estás buscando continuamente el error, dónde esta la farsa o qué puede poner un guionista que no es del gremio, o los propios actores que no tienen un control de los procedimientos.

-La enfermera sigue dentro de ti.

-Sí. También me salió en La isla mínima. Antonio de la Torre se hizo un corte en la cabeza, en la escena en la que nos daban la noticia de que las niñas estaban muertas, se cortó la frente al darse golpes contra la puerta en la primera toma. Le toqué y noté algo viscoso y tenía un corte en la cabeza gigante. Salí como una posesa diciendo: ‘Tiras de aproximación, se ha cortado. Venga, hay que hacer una cura de urgencia’. Alguna gente medio desmayada y yo en pleno procedimiento. A partir de ese momento, yo le hacía las curas en la herida para maquillarlo, porque era muy delicado. Al final no le quedó casi marca.

-¿Hay algún papel que recuerdes y digas: ‘Pues ahora no lo haría’?

-Siempre hay partes que cambiarías, pero también entiendo que lo maravilloso de ser actriz es precisamente que evolucionas a cada momento. De cada trabajo y de cada segundo aprendes. Si pierdes eso, da igual lo que hagas. Tienes que entender que no te puedes acomodar, que tienes que luchar continuamente para poder mejorar. Con esa premisa, miras atrás y dices: ‘Con lo que sé ahora haría cosas diferentes’.

-¿Qué papel te ha marcado más?

-Todos me dejan una huella, porque si no, no estaría haciendo bien mi trabajo, pero si tengo que elegir, me quedó con Rocío de La isla mínima, y ahora con María en La isla de los secretos.

-Con el de Rocío ganaste un Goya, ¿alguna vez lo habías imaginado?

-Lógicamente, como tú o como cualquier persona una en su carrera desea o sueña con que se reconozca su trabajo. Es imposible no hacerlo, pero es muy difícil. No depende de lo bueno que seas, a veces depende de otras cosas, pero sin querer piensas en cómo cambiaría tu vida si hicieras este u otro papel... y luego llega sin que te lo esperes, o esperándotelo, porque ya tienes una trayectoria. En mi caso sí que fue inesperado completamente y fue precioso.

-¿Ese premio cambió tu vida?

-A la hora de trabajar no. Te marca en que de alguna forma eres más visible para la sociedad, y para nuestro trabajo eso es muy importante.

-El glamur de las fiestas del cine, ¿te gusta o te da pereza?

-No es que me guste o no me guste, es parte de la profesión. Hay que tenerlo en cuenta porque forma parte del trabajo el difundir lo que estoy realizando. Eso lo hago encantada y feliz.

-Tienes casi 20.000 seguidores en Instagram, ¿prestas atención a eso?

-Uy, podría tener más, ja, ja, ja, porque no lo llevo nada bien. Hago lo que puedo porque no quiero ser una esclava de las redes sociales. En torno a la alfombra roja, hay una parte que adoro que es el ir a las presentaciones de las películas. Eso lo hago encantada, forma parte de la imagen que tienes como actor, y a mí todo lo de hacer fotos de moda, de revistas... me lo paso pipa, me divierto un montón. Creo que es algo que tiene dificultad, es un reto y me gusta. Pero es cierto que otras veces hay momentos que tienes que estar, pero tienes que tener claro el motivo, porque te puedes pasar de la raya. Hablo de que de repente te acabes metiendo en un ciclo de alfombras rojas, y de exposición, que no lleve a ningún lado.

-¿Cómo lo gestionas?

-Tienes ese riesgo, porque a todo el mundo le gusta que le reconozcan, pero yo si no tengo claro el motivo de por qué estar en un lugar, prefiero no estar porque desgasta también tu imagen, y creo que tengo mucho que hacer. Pero después, son pros y contras. Tienes que tener la cabeza bien en su sitio para afrontar la realidad. Que eres una persona normal y corriente, que tienes la suerte de que por tu trabajo la gente se emocione, y por esa emoción te reconozca con su cariño.

-¿Qué es lo más duro de la profesión?

-Hay cosas muy duras. Hay muchísimos actores y actrices buenísimos que están trabajando de camareros o de otra cosa. Solo ese hecho denota que hay un problema de base en la profesión. Con las mujeres más, hay muy pocos papeles de mujer. Muchas veces no se entiende nuestro trabajo más allá de la exposición pública. Parece que es llegar, que te pongan guapa y que leas un texto, pero es que hay muchísimo trabajo detrás. Por ejemplo, para La isla de los secretos estuve tres meses trabajando antes. O la parte de los castings, o los cursos que haces continuamente, esto es una carrera de fondo continua.

-En el 2020 veremos por fin «La isla de los secretos». Interpretas a una de las tres desconocidas heroínas de Sálvora. ¿Qué puedes adelantar?

-Eran unas desconocidas también para mí, y me ha aportado mucho esta historia. Por el equipo, hemos trabajado de forma muy profunda, y porque tuve que compaginar los ensayos y el rodaje con Días de Navidad, una serie para Netflix, y tenía que saber separar los dos personajes, eso fue un reto.

-¿Te ha marcado esta película?

-Sí, lo primero por Paula Cons, la directora. Estuvimos unos ocho meses trabajando juntas. Desgranando cada secuencia, cada frase, cada movimiento, cada emoción... disfrutando de lo que ella quería trasladar al público: una historia mágica, gallega de verdad, nuestra. El poder descubrir al mundo a la mujer gallega, valiente y alucinante, y la preciosa tierra que tenemos.

-¿Cómo fue grabar en Sálvora?

-Para mí fue muy especial, nos emocionamos mucho, durante y al terminar el rodaje. A mí me dolió el alma al tener que abandonar Sálvora, te lo digo de verdad. En mi familia siempre hemos veraneado entre Castiñeiras y A Pobra do Caramiñal, y para mí grabar en Sálvora fue como: uf, ¡cuántas veces he mirado esa isla desde el faro de Castiñeiras cuando era pequeña!

-¿Te enamoraste de la isla?

-Sí, porque sientes el personaje. A esa persona que llevas dentro, que es María. Y el entender que esos personajes existieron de verdad, aunque los transformes, estaban ahí en esa época y eran superwomen. Mi personaje tiene una conexión muy fuerte con la isla, no necesitaba nada más. Era súper feliz ahí. Eso nos coloca a todos, te hace pensar cómo esta mujer podía ser tan feliz con tan poco allí, y yo, a veces, con todos los lujos, no soy capaz.

-Compartiste rodaje con Celso Bugallo, ¿qué te aportó?

-Bueno, lo amo desde hace mucho. Su personaje y el mío casi no hablan, solo se miran y la entiende. Fue muy emocionante trabajar con él. Y luego con todos. Con Mela Casal, con Milo Taboada, con Aitor Luna, con Leyre Berrocal... todos. Lo tienes que ver. Ha sido un privilegio y de las cosas más bonitas el haber compartido con estos actores una película de ese nivel en unos lugares tan espectaculares como los de nuestra tierra.

-En Navidad estrenas serie en Netflix, ¿qué nos puedes adelantar?

-Sí, Días de Navidad, otro regalo de la vida. Este año ha sido muy bonito en cuanto a trabajo. La dirige Pau Freixas y son tres capítulos, tres días de Navidad en diferentes años en la vida de cuatro hermanas, en los 50, en los 70 y casi en la actualidad. He trabajado con Elena Anaya, Verónica Echegui y Ana Moliner en Barcelona. Ha sido un privilegio.

-De Sálvora a Barcelona y de vuelta a tu casa en Madrid, ¿cómo sobrevive una gallega en la capital?

-Es difícil. Tengo la suerte de estar un poco alejada, en las afueras, en un sitio tranquilo con árboles, pero nada que ver. Echo mucho de menos Galicia. La vida, el ritmo, los olores... es otra historia, pero bueno. Madrid ya es mi segunda casa, sería una hipócrita si no lo dijera, pero mi tierra es mi tierra, y mi sangre es mi sangre. Siempre que puedo me escapo a Galicia.

-Hace años comentaste cómo ligar con un gallego, ¿se liga distinto allí?

-Sí, se nota. En general el español tiene cosas particularmente españolas y los gallegos particulares de gallegos, y me encantan. Somos más espontáneos, más de verdad muchas veces.

-¿Cómo ven a las gallegas?

-Por lo que sea, debe ser por la forma de hablar o de estructurar el lenguaje, no sé, pero algo pasa ahí porque nos dicen bravas. Me han dicho: ‘Eres brava, eres dura’. Y yo: ‘Pero si soy un pedazo de pan’. No lo entiendo. Somos echadas para adelante, y si nos echan cosas encima seguimos para adelante, pero la percepción, por lo que he vivido yo, que es subjetivo, es que nos tienen como vikingas, como ‘cuidadito’. Vamos de frente claro, eso me parece una virtud, pero parece ser que para mucha gente no lo es.

-El año pasado fuiste pregonera en las fiestas de Santiago, ¿qué sentiste?

-Es una de las cosas más bonitas que me han pasado en mi ciudad natal. En política siempre hay oposición, y que de repente todos se pusieran de acuerdo en que fuera yo la pregonera de las fiestas fue muy especial. El que me dejaran dar unas palabras para inaugurar unas fiestas tan importantes fue precioso.

-¿Qué otra fiesta no te pierdes?

-Las del Carmen en Castiñeiras. Intento no perdérmelas porque mis padres veranean allí desde siempre y es una tierra que quiero mucho.

-Y no hay fiesta sin verbena, ¿de qué orquesta eres tú?

-Uy, eso es muy complejo y tú lo sabes. Ahí yo no me puedo meter, que luego hay problemas, ja, ja, ja. Está la Panorama, la París y tal, pero no me puedo meter. Y con las canciones es lo mismo, pero lo que no puede faltar nunca, y es maravilloso, es un baile de pasodoble con mi padre. Siempre voy a la verbena para bailarlo con él, que es al único hombre que necesito siempre.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Nerea Barros: «Lo que no me puede faltar en verano es un pasodoble con mi padre»