«Objetivo Washington», drones de destrucción masiva


Que nadie se haga el despistado lamentándose ante la vista de un artefacto cinematográfico que va de cara y a nadie engaña. Si en el año 2013 destrozaron la Casa Blanca y en el 2016 escombraron todo Londres, esta vez el agente del servicio secreto Mike Banning se complica la vida en la capital de Estados Unidos, aunque ahora añade algún que otro problemilla con el consumo de comprimidos farmacéuticos. Su coco anda algo a la deriva y eso genera dudas en su entorno, situación que se complicará todavía más cuando una banda de drones, como si fuesen estorninos, atacan al presidente y aniquilan a todo el equipo de nuestro protagonista.

Como él apenas sufre unos rasguños, el chamusco se hace insoportable y deberá ponerse a aclarar el embrollo. Si ya el tráiler del filme destripaba la trama y cualquiera en su sano juicio se huele el petate en los primeros minutos, la alternativa más realista está en espatarrarse en la butaca a aguardar el próximo tiroteo, los decibelios de la siguiente explosión y, si te aburres, ir contando los fiambres, que son bastantes, para regocijo de la hipotética funeraria… Uno llega a sospechar si tras estos productos -ante la proliferación excesiva- no estarán las multinacionales de fabricación de armamento en plan subliminal.

Así las cosas, en medio de tanto jaleo, emerge la figura del veterano Nick Nolte, quien, a punto de meterse en los 80 años, se los come a todos con patatas encarnando al padre del atribulado Banning. Veterano de la guerra del Vietnam y peculiar paranoico, se pone a cuidar de su chico y a su manera. Su personaje es, con mucho, lo más coherente del largometraje, sobre todo si lo comparamos con Freeman, que ya luce 82, pero que pareciera que haga siempre el mismo papel. Cine de acción a mazo que, con todo, hasta puede que constituya la cinta mejor redondeada de una franquicia que, por lo visto, promete más entregas, ahora que el propio Butler participa en la producción.

Cualquiera diría que optaron por ahorrar en pirotecnia -con todo vuelan un edificio y no es CGI (imágenes generadas por ordenador)- para introducir más chicha en el diseño de los tipos humanos. Incluso el malvado de turno carece de divismo, es un pragmático en el tajo cuando ve que su negocio peligra. Más allá del topicazo de aguantar trompazos que a otros nos aniquilarían, el resto es pitanza para belicosos.

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