¿Qué ocurrió de verdad en Chernóbil?

El libro de Andrew Leatherbarrow, que inspiró la exitosa miniserie de HBO, narra lo sucedido tras la desconexión del cuarto reactor de la central nuclear soviética


la voz / redacción

Harto de informaciones contradictorias, de libros excesivamente técnicos «difíciles de seguir» y de otros en que los autores juzgaban y ofrecían sus opiniones sobre lo ocurrido en Chernóbil, fascinado desde niño por las dimensiones de aquella catástrofe nuclear, el joven informático y diseñador gráfico escocés Andrew Leatherbarrow decidió que debía escribir su propio relato, uno que dejase a un lado las valoraciones y expusiese los hechos tal y como él creía que acontecieron. Se esforzó en investigar, en evitar sensacionalismos y trató de que su narración abarcase el proceso completo, desde el momento en que el ingeniero ruso Aleksandr Akímov, jefe de turno de la unidad, pulsó el botón de parada de emergencia del reactor cuarto de la factoría. Tomó una fatídica decisión —a la una y 23 minutos y 40 segundos del 26 de abril de 1986— que significaría a la postre la evacuación absoluta y permanente de una ciudad, la muerte y la enfermedad de miles de personas y el colapso de la por entonces Unión Soviética.

El resultado de su trabajo es Chernóbil 01:23:40. La verdadera historia del desastre nuclear que conmocionó al mundo, un libro que inspiró a Craig Mazin, el creador de la exitosa miniserie de la HBO —estrenada el pasado mayo, superó en valoración a Juego de Tronos y acapara 19 nominaciones a los premios Emmy—, y que ahora trae al castellano el sello Duomo (estará en las librerías el próximo lunes). Es cierto que el texto de Leatherbarrow procura ser preciso y minucioso y resulta bastante accesible para cualquier lector, pero también lo es que no puede evitar algunos pasajes de farragoso lenguaje técnico, lo que no invalida en modo alguno la propuesta.

Priorizar los hechos

Leatherbarrow no tiene una prosa deslumbrante pero ofrece a cambio un esfuerzo honesto por priorizar los hechos y por defender la veracidad —especialmente, en el caso de los testimonios—. Y de la lectura emerge un homenaje necesario a los trabajadores que actuaron como auténticos héroes cuando accedieron al área afectada en los primeros momentos para intentar que el reactor en llamas de Chernóbil no irradiara Europa con su terrible veneno. Lo hicieron además en unas precarísimas condiciones de seguridad y protección —no solamente por el pobre material de que disponían—, con un peligro real y gravísimo para sus vidas, como después quedaría en evidencia.

En un heterodoxo planteamiento, y quizá un poco desordenado, Andrew Leatherbarrow aborda también el accidente de la central japonesa de Fukushima e incluye el relato de su viaje a Prípiat, ciudad fantasma ubicada en la zona de exclusión de Chernóbil, y algunas de las muchas fotografías que tomó sobre el terreno.

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