El buen oficio de Pascal Laugnier y una excelente dirección artística no impiden que el filme adolezca de trampas e indefiniciones narrativas
29 sep 2019 . Actualizado a las 08:59 h.Gerard Lenne, gran especialista en cinema fantástico, escribió que el terror nace de la línea trazada entre dos fantasmas hermanos: los seres fuera de la lógica, irrumpiendo en lo cotidiano, y los tipos corrientes que hacen cosas innombrables. Jugando en esa frontera, el francés Pascal Laugier -Mártires, El internado, El hombre de las sombras- siempre ha buscado sorprendernos con su forma de mostrar lo terrorífico y, por lo general, lo ha conseguido. También en Ghostland, donde lo granguiñolesco alcanza sobresalientes cotas de representación.
Mamá y sus dos hijas adolescentes van en coche a casa de la abuelita, que aquí es una tía excéntrica fallecida recientemente. La inquietante mansión está repleta de autómatas y viejas muñecas siniestras, reflejadas en espejos que encierran profundas oscuridades. Las dos hermanas riñen como el perro y el gato. Una es imaginativa, le tiene miedo a su propia sombra y escribe relatos en nombre de su adorado Howard Phillips Lovecraft. La otra, más terrenal, tiene celos, como princesa destronada que es. A la casa llega una furgoneta de chuches de feria con la que la familia había tenido un desafortunado encuentro tipo El diablo sobre ruedas. Dentro viajan un enorme y babeante ogro oligofrénico y una bruja travestida.
Hay antológicos momentos de horror retorcido, maquillajes a lo Bette Davis de ¿Qué fue de Baby Jane?, golpes de efecto dignos del teatro Grand Guignol y homenajes a La matanza de Texas y a Los chicos del maíz. La dirección artística es notable y contribuye poderosamente a elevar la angustia y la claustrofobia. El problema es que, en el cine de hoy, hay virtuosos de la narración, como Pascal Laugier, demasiado aficionados a las trampas e incapaces de definir. Parece que ya nadie sabe cuándo -ni cómo- acabar una película. Y si eso ya pasa en el minuto treinta, nos encontramos con un problema irresoluble.
La acción, descabezada e incoherente, va adelante y atrás en el tiempo, con la adolescente ya crecida y triunfando como escritora -¡se le aparece el propio Lovecraft!-, entrando y saliendo en pesadillas que comunican la noche horrible en la casa con un presente no menos surrealista. En algún momento de esos viajes, hartos de tanto vaivén caprichoso, nos bajamos, sin posibilidad de regresar al laberinto que el director propone. ¡Acábala de una vez, Pascal!
«GHOSTLAND»
[«INCIDENT IN A GHOSTLAND»]
Francia-Canadá, 2018.
Director: Pascal Laugier.
Intérpretes: Crystal Reed, Anastasia Phillips, Emilia Jones, Taylor Hickson, Mylène Farmer, Kevin Power, Rob Archer, Alicia Johnston.
Terror.
93 minutos.