Fernando Fernán Gómez, puro teatro

Helena de Llanos, nieta del actor, compila en un volumen de más de mil páginas su obra como dramaturgo, en un trabajo que pone en circulación varios textos inéditos

El actor, escritor, director y dramaturgo Fernando Fernán Gómez (Lima, 1921-Madrid, 2007)
El actor, escritor, director y dramaturgo Fernando Fernán Gómez (Lima, 1921-Madrid, 2007)

Redacción / La Voz

Son 69 años de escritura teatral, en un solo volumen. Eso sí, de más de mil páginas. Un libro que inaugura la publicación -por parte del sello Galaxia Gutenberg- de las obras completas de Fernando Fernán Gómez (Lima, 1921-Madrid, 2007), uno de los intelectuales españoles más relevantes del siglo XX y cuya obra, doce años después de su fallecimiento, está en plena vigencia. Tras reaparecer recientemente sus memorias, El tiempo amarillo, y editarse estos días una antología de artículos periodísticos, el próximo 23 de octubre llegará a las librerías la recopilación de su obra como dramaturgo que preparó su nieta la cineasta Helena de Llanos (Madrid, 1983), en colaboración con el especialista Manuel Barrera Benítez.

Tres años de ardua labor de expurgación en los papeles que guardaba Fernán Gómez en la casa que compartió con la actriz Emma Cohen -que en sus últimos meses de vida animó y ayudó a De Llanos en los inicios del trabajo- sirvieron para ordenar una obra un tanto caótica, dispersa en cajas, cajones, carpetas, archivos de un viejo ordenador... Hallados varios inéditos entre esbozos, piezas inconclusas, versiones y variaciones -la intertextualidad era una herramienta más-, pondrá en circulación algunos como Variaciones sobre el Quijote o el tan significativo El guiñol de Papá Dick, una pieza que el actor, escritor y director concibió con tan solo 17 años mientras en la calle sonaban los disparos y las bombas de la Guerra Civil. «Entreteniendo el hambre y el tiempo», anota su nieta.

«Un sacerdote del diablo»

Entre esa obrita juguetona y El mundo de Arniches, en la que el autor trabajó hasta el 2007 -el último año de su vida-, transitan los siete decenios de escritura de un hombre de muchas inquietudes y ninguna atadura para pasarse de un género a otro, de un arte a otro, de un medio a otro, como prueba la prolífica, intensa y enjundiosa carrera de quien se presentaba como «cómico de oficio» y «modesto servidor de la palabra» en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, pronunciado el 30 de enero del 2000, donde ocupó el sillón B, que había dejado vacante el filólogo, lingüista y crítico literario salmantino Emilio Alarcos Llorach. En esa misma alocución también advertía a sus nuevos colegas, como primer comediante e histrión en acceder a tan solemne casa, que «un sacerdote del diablo» hollaba desde ese momento aquellas mismas alfombras que sus doctas señorías.

Fernán Gómez, leyendo su discurso en la toma de posesión como académico de la RAE
Fernán Gómez, leyendo su discurso en la toma de posesión como académico de la RAE

En un breve prólogo que abre esta compilación, De Llanos deja caer que, durante la preparación de esta edición, siguieron aflorando textos dramáticos que hasta bien podrían conformar un segundo volumen. Es que la de dramaturgo, señala Manuel Barrera, profesor, crítico teatral, novelista y autor del ensayo La literatura dramática de Fernando Fernán Gómez -reflejo de su tesis doctoral-, era la condición más esencial de Fernán Gómez, aunque fuese la faceta menos conocida por el gran público, si se deja a un lado el fenómeno de éxito que ha sido Las bicicletas son para el verano. Y que pese a que como escritor se dedicara más a la novela y el ensayo y como actor y director, más al cine y la televisión, concuerda Barrera con Eduardo Haro Tecglen en que solo suponían en su caso «nuevas vías de teatralización», de tal manera que la literatura dramática se erige en su amplia trayectoria como eje, punto de partida y destino.

Detalle de la representación en Lugo en el año 2003 de la obra de Fernán Gómez «Las bicicletas son para el verano», bajo la dirección de Luis Olmos
Detalle de la representación en Lugo en el año 2003 de la obra de Fernán Gómez «Las bicicletas son para el verano», bajo la dirección de Luis Olmos

Es verdad que Fernán Gómez siempre tuvo presente la doble vertiente del teatro, con sus respectivos grados de importancia, como deja claro en el pasaje de su ensayo Impresiones y depresiones que evoca Barrera: «Se ha dicho muchísimas veces, y nadie lo pone en duda, que una obra teatral no adquiere su verdadera identidad hasta que no sube al escenario y allí los actores le dan vida, la convierten en acción, en drama. Si esto no ocurre, la obra no llega a ser teatro, se queda en literatura dramática. Pero también se ha dicho, y no con menos razón, que en el escenario es donde el autor, que permanece fuera de él, puede ser traicionado; y perder la obra su identidad».

El autor, sin traiciones

Quizá por ello cabe afirmar más resueltamente que, como le dijo Cohen a Helena de Llanos cuando su abuelo murió y la joven se lamentaba de no haber hablado más con él, Fernando Fernán Gómez está en estos textos, y sin traición posible. Con sus médicis, reyes, reinas, trovadores, arniches, donjuanes, lazarillos, príncipes, quijotes, sanchos, bachilleres, tartufos, soldados y gentes corrientes.

Enrique Menéndez, en el rol de Sancho, y Ramón Barea, como don Quijote, en «Morir cuerdo y vivir loco», montaje sobre el texto de Fernán Gómez que él mismo dirigió en el 2004
Enrique Menéndez, en el rol de Sancho, y Ramón Barea, como don Quijote, en «Morir cuerdo y vivir loco», montaje sobre el texto de Fernán Gómez que él mismo dirigió en el 2004

Ordenados en tres etapas por el profesor Barrera -inicios, madurez temprana y mirada melancólica-, esta reunión de teatro es, en atención a todo lo dicho, un homenaje a Fernán Gómez, «por cuanto tuvo el valor de decir» y por su «delicado humanismo, repleto de ironía y ternura».

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