Bienvenida a la excelencia más cercana

Ana González REDACCIÓN

CULTURA

Uno de los actos celebrados en la pasada edición en Gijón: Sin azul no hay verde, con Sylvia Earle, en el IES Doña Jimena
Uno de los actos celebrados en la pasada edición en Gijón: Sin azul no hay verde, con Sylvia Earle, en el IES Doña Jimena

«Año tras año, se rompe el campo de fuerza que presuntamente nos separa de las élites intelectuales, artísticas, deportivas o institucionales, y se produce esa transferencia de experiencias entre premiadas y premiados y la ciudadanía»

16 oct 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La excelencia deslumbra por sí misma. Pero resulta aún más admirable cuando se percibe, además, el calor que puede llegar a transmitir con su cercanía. Durante sus casi 40 años de vida, los Premios Princesa de Asturias se han convertido en uno de los más impresionantes registros del talento de nuestra época, en cualquiera de sus disciplinas, actividades y manifestaciones. El repaso del palmarés, el catálogo apabullante de nombres y entidades que han desfilado por el escenario del teatro Campoamor para recibir sus galardones, sigue impresionándonos por mucho que lo conozcamos y que lo hayamos ido asociando, año tras año, a nuestra memoria de este tiempo, la personal y también la sentimental.

Pero impresiona aún más pensar que muchos de esos hombres y mujeres extraordinarios a los que unas veces ya admirábamos y otras se nos han revelado gracias a los Premios, han llegado a formado parte durante unos días de la realidad cotidiana de esta tierra; y que no solo compartieron con nosotros nuestro mismo paisaje cotidiano, nuestras mismas calles, nuestra gastronomía o nuestro patrimonio sino también sus conocimientos, sus puntos de vista, sus conversaciones y sus enseñanzas a partir de aquellas destrezas y talentos en los que destacan y cuyos méritos les trajeron hasta Asturias. En mi opinión, buena parte de la aceptación, vitalidad y arraigo de los Premios Princesa de Asturias reside en la intensidad de esa cercanía y en el acierto con el que, año tras año, se rompe el campo de fuerza que presuntamente nos separa de las élites intelectuales, artísticas, deportivas o institucionales, y se produce esa transferencia de experiencias entre premiadas y premiados y la ciudadanía.

Como docente, no puedo más que elogiar la eficiencia, el ingenio y la convicción con la que la Fundación Princesa de Asturias sigue apostando por ese empeño de enorme valor divulgativo y didáctico y por su afán de dar con vías seductoras e imaginativas para desplegar las actividades de la Semana de los Premios: un programa cada vez más intenso, cada vez más extendido a través de nuevas sedes y cada vez más esperado por el público asturiano como parte de un solo acontecimiento expandido que culmina en la brillante ceremonia del teatro Campoamor. Su solemnidad y peso institucional, que este año será aún mayor con la presencia de la Princesa de Asturias, siguen siendo el acto central del programa, no cabe duda. Pero ya no podría haber Premios sin Semana de los Premios.