Continuidad y futuro

El Presidente de la Fundación Princesa de Asturias ensalza el valor del trabajo de los premiados de este año y el significado que estos galardones tienen desde 1980

Luis Fernández-Vega durante la ceremonia de la edición de 2018
Luis Fernández-Vega durante la ceremonia de la edición de 2018

Redacción

En un día tan especial para nosotros como el de hoy, cuando por vez primera asiste al acto de entrega de los galardones S.A.R. la Princesa de Asturias, nuestra Presidenta de Honor, unimos, a la habitual emotividad con la que vivimos estos días, los esperanzadores sentimientos que nos produce su presencia entre nosotros. Nos viene a la memoria la ceremonia del año 1981, cuando Don Felipe pronunció su primer discurso público en el teatro Campoamor, en aquel acto de entrega de los premios: «Mi felicitación más sincera a la Fundación, que inicia ahora una labor importante y que ha de tener una significación destacada y eficaz», dijo entonces el hoy rey de España. En estas palabras latían ya algunas de las características que mejor califican a nuestra institución: el valor de la continuidad; el valor de los gestos repetidos; el valor de la tradición y los símbolos.

Ahora, cuando SS.AA.RR. la Princesa de Asturias, y su hermana, la Infanta Doña Sofía, asisten a ella, la ceremonia refleja esos valores asumidos por nosotros hace ya más de treinta años y que han ido conformando una trayectoria de creciente prestigio. Una ceremonia en la que nuestros premiados representan todo lo que la Fundación quiere poner de relieve.

En el tiempo que llevo al frente de la Fundación he comprendido mejor cómo todo esto ha sido posible. En buena medida, gracias al trabajo entregado, riguroso y eficaz de muchas personas que, desde entonces hasta hoy, creen en lo que hacen y se sienten comprometidos con los valores que defiende nuestra institución. Y también, de forma decisiva, gracias a quienes me han precedido en la presidencia, y que recordamos con gratitud: Pedro Masaveu, Plácido Arango, José Ramón Álvarez Rendueles y Matías Rodríguez Inciarte.

Los galardonados forman parte fundamental e insustituible en ese camino. En esta edición, representan con su vida y su obra la lucha contra algunas de las cuestiones más acuciantes a los que estamos enfrentados: el sociólogo Alejandro Portes, Premio de Ciencias Sociales, ha dedicado su vida al estudio de las migraciones y sus consecuencias; las biólogas Joanne Chory y Sandra Myrna Díaz, Premio de Investigación Científica y Técnica, trabajan sin descanso para encontrar soluciones al cambio climático; el ingeniero, matemático y profesor Salman Khan y su Khan Academy, Premio de Cooperación Internacional, se ha preocupado por la imprescindible extensión del conocimiento con una visión pedagógica innovadora en un formato original y trasformador; la ciudad polaca de Gdansk, Premio de la Concordia, es un símbolo de fortaleza ante la adversidad y un ejemplo de solidaridad, concordia y civilidad; la esquiadora Lindsey Vonn, Premio de los Deportes, utiliza sus triunfos y su ejemplo de tenacidad  para trabajar en beneficio de las mujeres jóvenes, al igual que Siri Hustvedt, Premio de las Letras, que con su obra ha contribuido al diálogo entre las ciencias y las humanidades, siendo algunos de sus temas preferidos los relacionados con ciencias como la psicología y las neurociencias, así como con el psicoanálisis; Peter Brook, Premio de las Artes, y el Museo del Prado, Premio de Comunicación y Humanidades, nos adentran en el mundo del arte, de la belleza, la cultura y de su imprescindible cuidado.

Y el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, que este año ha sido concedido a la localidad cabraliega de Asiegu, nos hace sentir también muy orgullosos de este galardón, que pone siempre su mirada en las actuaciones y actividades más enriquecedoras y con más futuro, desde el respeto a lo mejor de nuestro pasado.

Sus nombres se suman a una nómina que está repleta de personalidades e instituciones eminentes. Gracias a ella podemos rastrear la historia de una institución que ha ido creciendo en prestigio y reconocimiento año a año, desde aquel 1980 en el que convocó por vez primera los galardones. El paso del tiempo ha consolidado la tarea de la Fundación. Una tarea, por otra parte, siempre responsable y rigurosa.  

Ahora, cuando damos la bienvenida a Asturias a Doña Leonor y le ofrecemos el testimonio de nuestro agradecimiento y respeto, tan solo podemos esperar que nuestros Premios sean, una edición más, el reflejo de lo que, con tanto entusiasmo, con tanta esperanza, venimos proclamando desde nuestros comienzos: el triunfo del trabajo bien hecho, de la inteligencia. El triunfo del cultivo de la cultura, de la ciencia, de la concordia.

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