Un diálogo artístico en el corazón de la historia secreta de las naciones

El Guggenheim expone en Bilbao 130 obras maestras de la Kunsthalle de Bremen que atestiguan la relación entre creadores franceses y alemanes en los siglos XIX y XX

El cuadro de Van Gogh costó 30.000 marcos cuando la Kunsthalle de Bremen lo adquirió en 1911
El cuadro de Van Gogh costó 30.000 marcos cuando la Kunsthalle de Bremen lo adquirió en 1911

Bilbao / Enviado especial

La historia compartida de las naciones se ha tejido a través de guerras y tratados de paz, vínculos comerciales y migraciones. Pero existe otro relato posible, nacido del diálogo de las artes, que configura otra historia, más secreta en relación a las grandes fechas y efemérides, y ello a pesar de su naturaleza visual.

El viaje de ida y vuelta entre el arte francés y alemán constituye el corazón de la exposición Obras maestras de la Kunsthalle Bremen. De Delacroix a Beckmann, que se puede ver hasta el 16 de febrero en el Guggenheim de Bilbao con el patrocinio de Iberdrola. Se trata de una selección de 130 piezas, entre pinturas, dibujos, grabados y esculturas, que testimonian cómo mientras Francia y Alemania, al mismo tiempo que vivían crudos enfrentamientos, también se retroalimentaban e influían en el terreno creativo. Sus pintores se miraban de frente, sin por ello dejar de observar a Italia y, de reojo, también a España. Personalidades individuales y movimientos artísticos se mantenían al corriente de novedades y corrientes, entablando un diálogo que se concretaba a través de viajes y correspondencias.

«Muchos de estos movimientos constituían una reacción a otros», explica Petra Joos, cocomisaria de la exposición, que «muestra que las diferencias de ideas son buenas, y que la tolerancia y la comprensión suman». Este espíritu queda patente en una de las piezas que abre el recorrido expositivo en Bilbao, La muerte de Valentín, de Delacroix, en la que el pintor francés recrea el Fausto de Goethe. El propio escritor alemán le escribió para declararle que en pocas ocasiones como aquella había visto mejor reflejada su obra, una fidelidad a la que no es ajeno el cuidado con el que Delacroix pintó una catedral gótica, estilo arquitectónico nacido en Francia pero que en Alemania se consideraba casi una esencia patria.

Cronología y estilos

Delacroix forma parte del inicio de un recorrido cronológico que abarca el siglo XIX y la primera mitad del XX, además de estilístico: arranca en el Clasicisimo y Romanticismo para pasar luego a los impresionistas, el Expresionismo y el Surrealismo. Los fondos de la Kunsthalle de Bremen aportan obras de nombres tan fundamentales como Friedrich, Rodin, Cézanne, Degas, Monet, Renoir, Corot, Van Gogh, Beckamann, Dix o Picasso, pero también ofrece la oportunidad de conocer mejor a figuras de menor difusión como el grupo de los nazarenos -llamados así por instalarse en Roma par pintar y vestir al estilo de Jesús-, la colonia de artistas Worpswede -donde destaca Paula Modersohn-Becker- o la impresionista Eva Gonzalès.

Dos visitantes observan el retrato que Eva Gonzalès hizo de su hermana
Dos visitantes observan el retrato que Eva Gonzalès hizo de su hermana

La Kusthalle de Bremen no solo documentó este intercambio artístico, sino que muchas veces lo propició y alentó, polémicas incluidas. Su primer director profesional, Gustav Pauli, compró en 1911 el óleo de Van Gogh Campo de amapolas, que ocupa un lugar central en la muestra de Bilbao, y desató un agrio debate en la Alemania de su tiempo. «El cuadro costó 30.000 marcos, una pequeña fortuna en aquella época», recuerda Christoph Grunenberg, director actual de la Kunsthalle y también cocomisario de la muestra. «Un paisajista alemán escribió una carta abierta a la prensa en la que cuestionaba la adquisición y el papel del museo, que creía que estaba fomentando una ‘invasión’ de arte francés en el país. Fue un debate muy agresivo y feroz, no tanto sobre arte, sino sobre ideas nacionalistas y la representación y el papel de la creación», añade Grunenberg. Tan solo tres años después Francia y Alemania se enfrentarían en la Gran Guerra. Y apenas un par de décadas después serían los propios alemanes los que vivirían otro cruento debate, el del arte considerado degenerado por los nazis, que llevó a la destrucción de obras y al exilio de artistas incluidos en la muestra, como Dix o Beckmann, como recreó recientemente el cineasta alemán Florian Henckel en La sombra del pasado.

Paula Modersohn-Becker es una de las artistas más representativas de la colonia de Worpsede
Paula Modersohn-Becker es una de las artistas más representativas de la colonia de Worpsede

Compromiso cívico

La exposición ofrece también otra lectura, la de la propia historia de la Kunsthalle de Bremen. Hace doscientos años 34 ciudadanos, motivados por su deseo de «expandir la idea del arte y la belleza en su ciudad», según Grunenberg, fundaron el museo. Aquella iniciativa de la burguesía ilustrada sigue siendo hoy un compromiso cívico y privado, que ha atesorado más de 250.000 obras y que mantiene viva la independencia con la que fue creada, en consonancia con los aires cosmopolitas de una ciudad portuaria como Bremen. Un espejo en el que también se mira Bilbao.

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