Kiko Veneno: «Para ser una persona conservadora tienes que tener algo que conservar»

Vuelve a tocar en Galicia el músico que con «Sombrero roto» ha dejado a la crítica especializada boquiabierta

Kiko Veneno, fotografiado el pasado verano en los Xoves de Códax de Cambados
Kiko Veneno, fotografiado el pasado verano en los Xoves de Códax de Cambados

reacción / la voz

Resulta chocante que, cuando al final de la entrevista, se le pregunta directamente por su apoyo a Podemos (tocó en el cierre de campaña morado en las elecciones generales) Kiko Veneno cierre filas. «No hablemos tanto de política, hablemos más del disco -dice-. No es el motivo de que yo me dedique a la música el cerrar la campaña esa». Chocante, porque en las preguntas anteriores él mismo se encargó de desviar las cuestiones a la parte política que late en las canciones de Sombrero roto, su último trabajo. Lo presenta el próximo viernes en A Coruña (museo MEGA, 21.30 horas. 18/22 euros).

-Su último disco resulta rompedor. Normalmente con la edad uno se hace conservador. En su caso parece al contrario. ¿Se siente más rebelde ahora?

-Para ser una persona conservadora tienes que tener algo que conservar. La gente se hace conservadora porque gana mucho dinero y acumula mucha riqueza. Entonces, no quiere que nadie le quite lo que ha conseguido con su duro esfuerzo y trabajo, bendecido por Dios. También está el otro lado. Si no has llegado a ser rico, puedes ser pobre pero te puede entrar el miedo de que te quiten lo poco que tienes. Yo me mantengo en una situación intermedia y, por tanto, no me hago conservador. Felipe González, por ejemplo, sí. ¿Por qué? Porque tiene propiedades, gana mucho dinero y participa en consejos de administración. Nadie te mete en un consejo de administración de una empresa del Ibex 35 para que hagas política no conservadora.

-Pero podría hacer un «Échate un cantecito» con duetos, en lugar de sacar un disco tan arriesgado como «Sombrero roto».

-Eso no quiere decir que no lo vaya hacer algún día, eh. Pero mi carrera no da para tanto. Nunca he percibido el éxito en plan a vida o muerte. Uno no triunfa lo que quiere, el triunfo lo da el público. El mío, en cierta manera, es moderado. Y me permite vivir bien sin en el paroxismo de que no te dejen en paz, que no tengas vida privada ni eso. Además, yo empecé a vivir de la música a los 40 años. Es decir, que había hecho ya media vida con los perdedores, los de abajo. Aunque me toque la lotería siempre me voy a identificar con ese bando.

-¿Este es un trabajo de «hago lo que me sale» o de «vamos a darle una vuelta de tuerca» para llegar a algo nuevo?

-No, yo no hago las cosas para dar vueltas de tuerca. Yo hago lo que me sale. Lo que ocurre es que, primero de nada, no quieres hacer cosas que ya hayas hecho tú u otra gente. Porque siempre giramos en una misma rueda de temáticas, melodías y todo. Lo importante es reconocer algo que sea un poco tuyo y diferente a lo que oyes. Luego, me doy la libertad a mí mismo de dejar que mis sueños afloren y me guíe la intuición, que los ritmos que suenen en mi interior puedan salir. Lo mío es muy espontáneo. Trabajo sobre ideas sencillas y las desarrollo.

-Canta a la soledad urbana.

-¿Lo dice por Ojalá? Esa canción habla de la soledad del centro comercial, sí. Vidas paralelas también es en un centro comercial, pero no habla del centro comercial en sí sino de la incomunicación. De cómo borramos de nuestro umbral de percepción todo lo que nos molesta, critica o no vemos claro. Ahí, en ese campo, es donde está la controversia, la humanidad y la voluntad tuya de querer comunicarte. Hay mucha gente que no presta atención a esto, porque están ocupados defendiendo sus millones y sus acciones en empresas. Cuando estás ahí, falla todo lo otro. Te mientes a ti mismo para decirte, yo qué se, que si le vendes armas a Arabia Saudí tú no tienes culpa de lo que luego hagan con ellas. Es una postura totalmente infantil. Un niño de cuatro años vería la absoluta falsedad de esa posición.

«El directo, si se hace con corazón, puede superar al disco»

En Sombrero roto Kiko Veneno incluye un tema titulado Soy español. Fotografía un momento presidido por la inseguridad y el auge de la seguridad privada

-¿Hay mucho miedo impuesto?

-Ahí está Securitas Direct, con la campaña de propaganda más grande que se ha hecho en España en los últimos años. Es más que todos los partidos políticos, más que el Ibex 35 y las amenazas de recesión de las noticias, más que todo... Se trata de sembrar el miedo para fortalecer las empresas privadas de seguridad, en detrimento de los servicios públicos de seguridad.

-¿Solo quiere hablar de eso o de algo más?

-En realidad, es lo mismo que hacen con la sanidad, las farmacias, la educación y todo. Ahora, por ejemplo, la gente se lleva las manos a la cabeza porque la ministra ha dicho, cogido por pinzas, que en España hay derecho a elegir el tipo de educación de los niños. Claro que hay derecho, pero si quieres meter a tu hijo en un colegio religioso te lo pagas tú. Por supuesto que tienes el derecho, pero no te lo voy a pagar yo, que no quiero que tu hijo aprenda esas barbaridades que le van a enseñar en una escuela religiosa. Entonces yo no me opongo a tu derecho, pero no voy a pagarlo. ¿Cómo va a pagar el Estado los caprichos religiosos de la gente? Lo que pasa es que estos caprichos religiosos eran, hasta ahora, el monopolio de una clase que durante 500 años dominó España. Hacían la ley que les daba la gana. Pero esto no se puede llevar a los países democráticos del siglo XXI, esos que dicen que tienen que tener estabilidad institucional. Es un favoritismo y una deslealtad. Y un robo a toda la gente que ha dado su vida por una sociedad libre de sus prejuicios religiosos.

-Me sorprendió, positivamente, lo bien que tocaron los temas de «Sombrero roto» en el programa «La hora musa». Sonaban mejor que en el disco, incluso.

-!Claro! Es que el disco es una propuesta que se va desarrollando. Los Beatles nunca llegaron a hacer en directo muchos de sus álbumes. Y son grandes, claro, pero sería genial que lo hubieran hecho. El directo, si está bien hecho y con el corazón, puede superar al disco. Claro que sí. Los discos no dejan de ser temas que están recién compuestos. Cuando eso se toca más, va cogiendo un ser más redondo.

El feliz giro electrónico de Kiko Veneno

Javier Becerra
KIKO VENENO
KIKO VENENO

«Sombrero roto», el nuevo disco del autor de «Échate un cantecito», refresca su discurso en una de las grandes sorpresas del año

El lanzamiento de La higuera, el single de adelanto del nuevo álbum de Kiko Veneno, ya daba pistas. Entre gestos de admiración y cejas arqueadas, se asistió al quiebro electrónico de un artista total. Su alianza con Bronquio, un joven músico ligado al trap y el hip-hop, ha sido uno de los más felices accidente del año. Ese tema (candidato a canción no oficial del verano desde ya) recarga las pilas del oyente que, después de escucharla 20 veces, sigue sorprendiéndose con el resultado. Un temazo.

Afortunadamente, La higuera no surge como una isla en medio del mar de Sombrero roto, un disco que retrata el momento actual del país con esa mezcla de retorcimiento, sencillez y buen humor que luce de siempre Veneno. En Yo quería ser español, por ejemplo, desgrana en medio de una rumba la manipulación y miedo («yo quería un despertador y tú me vendiste una alarma»). En Vidas paralelas, por su parte, trenza un historia de soledades entre Eloy y Andrea, dos corazones que nunca se encuentran porque el es de Leroy Merlin y ella de Ikea. ¿Un Girl Afraid (The Smiths) a la andaluza?

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