«Star Wars, The Rise of Skywalker», un adiós con aroma a naftalina

Miguel Anxo fernández

CULTURA

20 dic 2019 . Actualizado a las 17:56 h.

Un diez como fanfarria y espectáculo, pero si los críticos de los años cincuenta y sesenta se debatían entre el contunetismo y el formalismo, aquí tendrían un problema, ya que el tema a tratar es casi una simpleza y la forma es de una inevitable sensación déjà vu, que puede parecer perogrullada porque en una saga las autoreferencias son inevitables, pero en Abrams se nota que ni quiso pasarse de frenada ni tampoco de la raya.

Claro que comentarles El ascenso de Skywalker y evitar spoilers, es poco menos que imposible. Funciona el face to face entre Rey y Kylo Ren, mientras el resto se entregan a situaciones y emociones como gastadas, o cuando menos previsibles por no mencionar algún que otro deus ex machina vinculado al histórico de la saga. Aclaro que -y discúlpeseme la primera persona- pertenezco a la generación que entendió la irrupción de Star Wars (Lucas, 1977) como una revolución para el cine-espectáculo e incluso las dos entregas siguientes, pero me interesaron menos las tres posteriores asumidas por Lucas.

Con la trilogía que ahora se cierra ya me perdía bastante, más allá de la lucha de la luz y la oscuridad, el bien contra el mal, lo del lado oscuro, la fuerza que te acompaña, las neuras de cada personaje y esa obsesión por su origen e identidad, más otras propinas muy del gusto del universo fan, pero bastante alejados de cualquier intención por aportar al cine y al fantástico algo más que pitanza mainstream y un suculento merchadising. Por supuesto, lo último en CGI, que va sobrada y por chatarra que no quede. Se cierra la saga y se trataba de contentar a todo quisque, desde los ya sesentones testigos del original parto lucasiano a las generaciones posteriores, crecidas junto a los personajes subidos al Halcón Milenario, la Estrella de la Muerte y otras naves surcadoras de las galaxias durante cuatro décadas. El guion transpira mitomanía y obsesión por cerrarlo todo, aunque aquí nos perdamos los profanos.