Jose Ángel Mañas: «Escribí en secreto la segunda parte del "Kronen", necesitaba libertad»

El autor explica que tardó 25 años en hacer la secuela, «La última juerga», porque tenía miedo a que le pesase el mito

JOSE ANGEL MAÑAS
JOSE ANGEL MAÑAS

santiago / la voz

Historias del Kronen, la novela debut de José Ángel Mañas (Madrid, 1971) con la que fue finalista del premio Nadal en 1994, tiene continuidad 25 años después en La última juerga (Algaida). Un trabajo que, esta vez sí, le ha valido para alzarse, vencedor, con el galardón de novela Ateneo de Sevilla.

-¿Qué supuso retomar «Historias del Kronen» 25 años después? ¿Pesaba demasiado y por eso se resistía a darle continuidad?

-Mi relación con Kronen es de amor-odio. Por una parte, estoy harto; tantos años y siempre se recuerda, me moriré y la gente se acordará de ella. A veces tienes esa sensación y dices: «Pero yo he hecho muchas más cosas». Dicho esto, cuando lo pienso, estoy profundamente agradecido porque el éxito de Historias del Kronen me ha permitido dedicarme casi exclusivamente a la literatura y al ámbito creativo, con talleres, guiones... Entonces, al final, lo que prima es ese agradecimiento. Al meterme con la reescritura, uno de los miedos que tenía era guardar demasiado respeto a la historia. Cuando decía que no lo iba a hacer era para protegerme también porque necesitaba un espacio de libertad para escribirlo como pensaba que debía hacerse. Es decir, si se me agarrotaba demasiado la mano, si me pesaba demasiado el mito Kronen, si intentaba ser demasiado trascendente, sabía que iba a fracasar y que no iba a funcionar. Por eso decía que no. De hecho, cuando empecé esta segunda parte, la escribía en secreto, no se lo decía a nadie para tener ese espacio de libertad que necesitaba el texto. Sabía que para funcionar tenía que ser muy libre, un texto muy fluido, muy natural y tenía que proteger ese espacio. Lo fascinante fue que la novela salió como un tiro, se escribió prácticamente sola... Fue como si Carlos llevase 25 años aguardando a que le diese permiso para revivir porque salió con una fuerza brutal. Fue como un ajuste de cuentas con el universo Kronen.

-Asegura que es como si Carlos esperara a que le diese permiso para revivir. En el prólogo dice: «Pensé que no te reconocería y, ya ves, que no ha sido así». ¿Qué es lo que más ha costado de ese reencuentro con Carlos?

-Ha sido problemático porque es un personaje muy conflictivo consigo mismo y también con una relación muy conflictiva con todo su exterior. Es alguien que está construido a base de malos pensamientos. Entonces, cuando metes a un personaje así en un entorno cercano a ti provoca unas tensiones fuertes. Eso es lo que más me ha costado. A lo mejor sucede que con veintipico años esa negatividad la llevaba más dentro de mí y con la edad busco más lo positivo de todo. Entonces fue como un trabajo de actor, me he carlosificado durante la escritura. Además, los 90 eran unos años locos. De repente, traerlo a un país que ha cambiado muchísimo y con esa negatividad que él tiene, era muy complejo. Para hacerlo, la herramienta que he utilizado es el humor.

-Esta vez, saca a los personajes de Madrid, para ir a París, entre otros escenarios, el mundial de fútbol está como telón de fondo, Urdangarin...

-Tenía que ser algo diferente y opté por el formato de road-movie, lo que fue un desafío para mí también como escritor, porque vas cambiando de registro. Además, un reto importante era no hacer lo mismo, había que mantener el personaje y ciertas cosas, como la primera persona, pero hay otras que cambiaron. He mantenido las esencias que tenía Kronen, un estilo prioritariamente dialogado, pero con evoluciones, como una ductilidad que no tenía la primera. Otra cosa que quería hacer importante era que, si uno no conoce Kronen, fuese una novela que funcione igual porque trata sobre un reencuentro de unos amigos 25 años después.

JOSE ANGEL MAÑAS
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-En el prólogo recuerda que la primera novela terminó como película, ¿puede concluir esta como serie televisiva?

-Estoy hablando con algún productor. Y hay interés, pero no sé si la cosa va a cuajar o no.

«El escritor tiene que golpear fuerte, como un boxeador»

José Ángel Mañas se introduce en más de una ocasión como personaje en La última juerga. «Hay varias razones, una de ellas narrativa, que cumple la función de explicar las cosas. Después, era un poco justo que si el personaje era un mal pensado, sobre todos, también lo hiciese sobre mí».

-El calificativo que en boca de Carlos surge sobre usted es el de «vieja gloria».

-Sí, ese me hace mucha gracia.

-En un momento de esa discusión literaria en el libro, asegura que el arte tiene que ser transgresor. ¿Cuesta más que hace 25 años?

-Sí, hay una presión de lo políticamente correcto y eso se traduce en una autocensura o mayor reflexión sobre lo que haces. En los 90 igual no lo pensabas y ahora lo piensas mucho más. Es complejo. La conclusión a la que ha llegado es que hay que ser muy políticamente correcto en los espacios sociales, en las columnas, en las entrevistas..., ahí es reprobable romper las formas. Por contra, el arte es un espacio en donde no hay reglas, no hay límites. Es el único espacio donde uno puede ser realmente libre. Yo he llegado a esta lógica de contextos: una cosa es mi yo social y otro mi yo artístico, son dos personalidades que deben funcionar de manera muy diferente. Es como un boxeador en el ring, que tiene que pegar pero no abajo. Entonces, el artista-escritor es un poco como un boxeador, que cuando se sube al ring tiene que golpear muy fuerte e intentar tumbar. Pero fuera de ese espacio tiene que ser una persona con los mismos controles.

-¿Le costó mucho enviar el manuscrito para participar en el concurso del Ateneo de Sevilla?

-No he concursado mucho, pero me quedó una pequeña espinita de cuando yo fui el finalista del premio Nadal. Yo no lo gané. La gente piensa que sí, pero cuando vas a la lista mi nombre no aparece. Entonces, me apetecía ganar un premio. Ahora lo disfruto más, lo vivo como una culminación de 25 años de esfuerzo.

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