Alaska: «En cuanto a actitud, Mario Vaquerizo es más punk que yo»

La famosa pareja participa en la obra de teatro «La última tourné» que llega este sábado a Santiago


VIGO

Este sábado llega al Auditorio Abanca de Santiago la obra La última tourné, en la que participan Bibiana Fernández, Manuel Bandera, Mario Vaquerizo y Alaska. ¿Quieres asistir ? Consigue tus entradas con 40% de descuento en www.clicentradas.es

-¿Qué es «La última tourné»? ¿Es una comedia musical?

-No la veo como una comedia musical. Sí es una pieza teatral que tiene comedia y tiene música, pero creo que está lejos de ser una comedia musical. Realmente, el humor, que a veces es un humor negro, está para contar la historia de esos personajes, y las canciones están ahí para enseñar al espectador cómo eran esos espectáculos de variedades de los que se habla, así que tienen un papel de mostrar de qué estamos hablando.

-¿La música es en directo?

-Como estamos retratando a un compañía de variedades que está en decadencia, porque estamos ya en el año 91 y ese tipo de espectáculos ya no se llevan, las compañías que quedaban se habían reducido mucho, así que recurrimos a lo que recurrían ellos, llevaban la música enlatada y cantaban los artistas en directo.

-¿Es una crítica a una situación vivida por este país o hay cierta nostalgia de aquella época pasada?

-Nostalgia no hay, aunque todos los que participamos en este espectáculo conocimos de lo que estamos hablando y nos gusta. Y más que una crítica, la obra deja sobre el papel lo horrible que es eso de decirle a alguien que lo suyo ya no vale, que se ha quedado anticuado debido a unos aires de falsa modernidad. Esas personas se ven obligadas a cambiar sin querer hacerlo.

-¿La modernidad es una cuestión estética?

-La modernidad no es la moda ni las tendencias, no es lo que se lleva; seguramente, Oscar Wilde es un tío más moderno que cualquiera de los chavales que luego ganan los MTV Awards. La modernidad es una cuestión de actitud ante la vida, una cuestión, incluso, de cultura, de una determinada postura, de cómo te desenvuelves y te desarrollas ante la vida y las cuestiones culturales que hay alrededor de ti. Para nosotros no es moderno dar la espalda a un género solo porque pasan los años, pero obviamente esa es la historia que contamos en la obra y de la propia humanidad.

-¿Cómo se encuentra en un escenario de teatro?

-La primera vez solo era una participación especial en Madrid, pero le cogimos tanto gusto que hicimos sesenta o más representaciones. Así que decidimos convertirnos en una especie de compañía estable de teatro y cada cierto tiempo estrenar.

-¿Es una sensación distinta a cuando está con Fangoria sobre el escenario?

-No, y supongo que eso fue lo que nos gustó a Mario y a mí. Obviamente, no es lo mismo interpretar un personaje y ceñirte a la dirección porque es todo lo contrario a lo que haces en un concierto, pero sí que es lo mismo todo lo que rodean ambas cosas. Desde subirte a la furgoneta, con los perros de Bibiana, el perro de Manuel, parar en las gasolineras y llegar, cambiarte y hacer tu espectáculo, es lo mismo a lo que puedo hacer con Nacho Canut en Fangoria.

-¿Usted y Mario se llevan el trabajo a casa?

-Nos ayuda mucho porque él y yo nos conocimos trabajando juntos. Los dos somos muy planificadores y, por ejemplo, cuando vamos a sacar un disco de Fangoria, un año antes tenemos las fechas cerradas, pero cuando hago otro tipo de trabajos con Mario, por ejemplo, el reality, Mario necesita más libertad para que pueda hacer lo que le dé la gana; yo, ahí, ya no estoy tan cómoda. En el teatro, él se tiene que volver a ceñir a la dictadura del guion y del director, entonces yo estoy encantada. Así que nos lo pasamos bomba cuando repasamos en casa.

-¿Es él más punk?

-De actitud, desde luego. Yo, si tengo un buen general soy un buen soldado. Si me dan una directriz que me parece correcta, la acato, pero Mario, no.

-¿Cuánto hay de Olvido en Alaska y de Alaska en Olvido?

-Nada y todo porque no hay un personaje; me puse ese nombre antes de pensar que iba a tener un grupo, cuando tenía doce años y fue porque no me gustaba el mío. Yo no tengo un trabajo que se termine a las ocho de la tarde y que tenga que llevar una ropa; en el fondo, no hago nada diferente a lo que hacía cuando tenía 14 años. Quiero decir que no hay dos personas distintas.

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