El manifiesto de Fred Vargas, cuando lo verde se vuelve pero que muy negro

Premio Princesa de Asturias, la escritora gala, gran dama del crimen, se deja llevar por la urgencia ecológica en «La humanidad en peligro», que llega el martes 19 a las librerías

Fred Vargas (seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau; París, 1957), gran dama de la novela negra europea
Fred Vargas (seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau; París, 1957), gran dama de la novela negra europea

Redacción / La Voz

No hay que olvidar que Fred Vargas (seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau; París, 1957) es arqueozoóloga de formación. O sí. Y quizá recordar que trabajó como investigadora en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y en el Instituto Pasteur. Tampoco despreciar que es premio Princesa de Asturias de la Letras. Este conocimiento compete más a quienes acostumbran a poner en tela de juicio los valores literarios de la novela negra. A lo mejor hay que citar también los más de cinco millones de libros que ha vendido.

En fin, el caso es que además de pulso narrativo, desbordante imaginación, poderosas y complejas tramas y un hatillo de maravillosos personajes encabezados por el policía Jean-Baptiste Adamsberg, Vargas tiene una fuerte conciencia ética y social, algo que puede intuir cualquiera que frecuente las andanzas del pirenaico comisario. Lo confirma ahora en la urgencia que la llevó a escribir La humanidad en peligro, que ella misma comienza tratando de explicar y explicarse las razones que la movieron a dar un paso al frente con este amplio manifiesto: «¿Pero, maldita sea, en qué atolladero he ido a meterme? ¿Cómo lo voy a hacer para salir airosa de esta tarea descabellada, de esta idea peregrina de hablarles sobre el futuro de la vida en la Tierra?».

La autora francesa, que eligió su seudónimo literario -como su hermana gemela y pintora Jo Vargas- en homenaje a María Vargas, el personaje de Ava Gardner en el filme de Joseph L. Mankiewicz La condesa descalza, se decidió a intentarlo tras saber que un breve texto que había escrito sobre ecología había tenido un gran impacto viral, que había sido parcialmente impreso en camisetas en China y Brasil y que hasta la actriz Charlotte Gainsbourg lo había leído en la inauguración de la cumbre del clima COP24. Con la motivación de que su mensaje -«Esforzarse, reflexionar incluso. Y, sin ánimo de ofender al emplear un término caído en desuso, ser solidarios con el vecino, con Europa, con el mundo»- podía llegar a mucha gente, Vargas apuesta por poner en marcha cuanto antes la tercera revolución, la que toca, dice, tras la neolítica y la industrial.

Que nadie piense que el humor que tiñe todo el texto -recurso que no desechaba en sus anteriores ensayos Pequeño tratado de todas las verdades sobre la existencia (2001) y Crítica de la ansiedad pura (2003)- invalida el rigor con que la novelista afronta su ambiciosa empresa, a la que ha dedicado una ardua investigación. Vargas apela al compromiso del ciudadano -al que advierte que no debe contar con Estados, Gobiernos e industrias, volcados en incentivar el consumo a toda costa, el crecimiento económico y la avaricia del capitalismo- para aportar información y datos implacables, e incluso ofrecer algunas recetas prácticas.

El calentamiento global y el cambio climático la empujan a defender la eliminación de la energía nuclear, el regreso a la navegación a vela, no utilizar el coche, abandonar el carbón, volver al uso del estiércol, la fabricación de baterías de iones de sodio (con vistas al automóvil eléctrico), la prohibición del plástico de un solo empleo, detener la deforestación, extender la agricultura y la ganadería ecológicas, reducir la ingesta de carnes, practicar un consumo responsable, boicotear el aceite de palma y los biocarburantes, preservar la biodiversidad... «Desde hace por lo menos 40 años -reprocha-, los gobernantes dejan que esta carrera mortífera prosiga sin freno. Hay que saber que un calentamiento de +4.º C significa +10.º C en los continentes; y la Tierra, que se habrá vuelto árida, enjuta y sofocante, será entonces inhabitable».

Contra los mandatarios indiferentes (Trump, Bolsonaro y otros), Vargas ensalza la fuerza de la gente corriente, fía sus esperanzas a esa ola de voluntades y su poder de transformación en pos de una nueva sociedad y una nueva forma de vida más responsable.

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