La carnalidad de Picasso llega al Niemeyer

«Grabados eternos» reúne 126 piezas en una muestra que incluye la serie completa de Suite Vollard

Exposicion de Picasso en el Niemeyer
Exposicion de Picasso en el Niemeyer

El Pablo Picasso más pasional y carnal ha quedado al descubierto en la Cúpula del Centro Cultural Oscar Niemeyer de Avilés por medio de sus más excepcionales series de grabados que pueden interpretarse a modo de «viñetas de cómic», tal como señala la comisaria de la muestra, Marisa Oropesa.

Picasso fue el gran artista multidisciplinar del siglo XX, por abrazar con maestría disciplinas como la pintura, la escultura o la cerámica, pero el grabado fue una de las que más le apasionó y en esta exposición se pone de manifiesto el altísimo grado de excelencia artística que alcanzó.

Grabados eternos reúne en el Niemeyer 126 piezas en una muestra que incluye la serie completa de Suite Vollard, que en sí misma suma un centenar de cuadros. Una serie considerada la obra cumbre del grabado del siglo XX y pieza clave en la ingente producción artística del genio malagueño.

Picasso hace su primer grabado, El zurdo, siendo muy joven, y descubre así la que sería una de sus grandes pasiones. Tras El zurdo, siguieron más de 2.000 piezas que le hicieron alcanzar la máxima excelencia en diversas técnicas, empujado por la pasión que sintió por este método creativo.

Los historiadores del arte establecen una división de Suite Vollard que habitualmente distingue los grupos temáticos en siete: El taller del escultor, El Minotauro, El Minotauro ciego, Rembrandt, La batalla del amor, temas varios y los tres grabados de Amboise Vollard, uno de sus primeros marchantes.

La serie, compuesta originalmente por 97 grabados, fue un encargo de este marchante que se resolvió con una transacción entre ambos, gracias a la cual el pintor malagueño añadió a su colección privada obras originales Pau Cézanne, Edgar Degas o Henri Matisse.

De modo que si alguien quisiera hacer una valoración material de esta serie, más allá del plano creativo, podría utilizar un Cézanne, un Degas o un Matisse, a modo de curiosa unidad de medida.

Además, las curvilíneas paredes de la Cúpula diseñada por Oscar Niemeyer acogen la serie de Les cavaliers d’ombre, que el autor realiza para Geneviève Laporte, una de las ocho parejas de las que hay constancia en su vida, que conoce siendo ella una adolescente de unos 15 o 16 años.

Una adolescente que le hace una entrevista para un periódico escolar y que, siete u ocho después, tras un reencuentro, termina convirtiéndose en amante del malagueño, que es cuando éste le hace la pequeña serie “Les cavaliers d’ombre”.

El visitante también podrá disfrutar de El entierro del Conde de Orgaz, que es un homenaje a El Greco realizado para un libro de su gran amigo, el poeta Rafael Alberti.

«También es muy interesante ver cómo desarrolla ese aspecto surrealista y, a la vez, esa gran batalla que siempre ha tenido de lo erótico y de lo voyeur», ha explicado Oropesa, quien ha recordado que el autor vive un momento muy apasionado entre 1930 y 1937, en plena Guerra Civil, que él siente de modo muy intenso, como refleja, por ejemplo, su Guernica.

«Aquí, el visitante va a poder bucear en su vida porque es casi entre el relato de un diario y las viñetas de un cómic, ya que va desarrollando ese periodo tan duro que tiene en el plano amoroso», explica Marisa Oropesa en una conversación con Efe durante una visita a la exposición.

La muestra se completa con varios carnés del artista y libros de bibliófilo, que se exhiben en una vitrina para placer de los más fetichistas de la figura del personaje.

Son carnés que realiza en distintas ciudades, como París (a su llegada en 1901) o el que crea, por ejemplo, tomando bocetos en el Museo del Prado a una edad muy temprana, en la ya se puede vislumbrar la fuerza y la singularidad de quien terminaría siendo un genio indiscutible.

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