Louise Archambault sale airosa del riesgo que supone esta película sobre tres septuagenarios que se retiran a vivir en un bosque de Quebec
14 mar 2020 . Actualizado a las 10:20 h.Lo de menos es que Louise Archambault (1970) haya optado por una narrativa convencional, porque el riesgo estaba en saltarse las exigencias del mercado para apostar por una trama sobre tres septuagenarios que encaran su recta final existencial con una motivación común, aislarse del mundo para vivir al margen de las convenciones. Sacar adelante una película así, cuyo primer destino es la pantalla grande y no una plataforma, adquiere dimensiones heroicas por su riesgo económico.
En la espesura de un bosque de Quebec viven en sus cabañas, dedicando su tiempo a darse un chapuzón, pescar, beber, pintar e incluso una actividad prosaica como cultivar marihuana, parte para consumo propio... y lo que se tercie. Mientras pervive la amenaza de un gran incendio a varios kilómetros, una fotógrafa está retratando a los supervivientes de otro gran fuego de décadas atrás con trágicas consecuencias. La dinámica grupal cambia cuando se incorpora una octogenaria con un pasado espeso y un presente nada gratificante.
Resulta conmovedora la relación entre estos dinosaurios, con más marcas en el alma que agujeros un colador. Son los matices los que llevan a la emoción, hasta el extremo de que el espectador casi se considera un intruso entrando en las intimidades de estos robinsones cuyo único contacto con la sociedad es el tipo que les facilita los suministros a lomos de un quad. Al tiempo, sientes una sana envidia de su sensación de libertad, sin prejuicios de ningún tipo. La directora hace pleno con la ayuda de un casting que se cree a sus personajes, en particular la octogenaria Andrée Lachapelle (1931) y su otoñal historia de amor, recogida con una sensibilidad que cautiva.
Otro de sus méritos es haber logrado que empaticemos con sus propios dramas, más allá de los derivados del implacable avance de la biología. Hay además propuestas que se salen de la corrección y la moralina rampante, como el personaje de Tom y su opción vital. Y llovieron pájaros deja, finalmente, poso de bonito cuento para invitarnos al optimismo. A fin de cuentas la vida sigue.
«Y LLOVIERON PÁJAROS»
[«IL PLEUVAIT DES OISEAUX»]
Canadá, 2019.
Director: Louise Archambault.
Intérpretes: Andreé Lachapelle, Kenneth Welsh, Ève Landry, Gilbert Sicotte, Rémy Girard, Éric Robidoux, Louise Portal, Marie Ginette-Guay.
Drama.
124 minutos.