El espectador también necesita una llave mágica

«Locke and Key» plantea una historia entretenida y bien narrada, aunque requiere de una voluntad cómplice para entrar en sus códigos


Redacción / La Voz

Una familia norteamericana pierde al padre, asesinado por un adolescente, lo que obliga a la madre y los tres hijos a mudarse de ciudad para empezar de nuevo. Sin embargo, se instalan en la antigua casa del padre, donde todos conocen la tragedia: el plan de reiniciar sus vidas desde cero no funciona. Pero, más importante todavía, la mansión cobija una serie de llaves con poderes mágicos. El primero en encontrarlas es el benjamín de la familia, pero, al mismo tiempo que descubre sus facultades, se cruza en su camino una presencia inquietante que muy pronto revelará sus intenciones de apropiarse de las llaves. Estos sucesos paranormales parecen estar relacionados con otra tragedia también relacionada con su padre, que se remonta a sus años de instituto, y que mujer e hijos irán conociendo progresivamente.

Este es el argumento de partida de Locke & Key, adaptación del cómic de Joe Hill y Gabriel Rodriguez. El haber nacido en la viñeta es algo que pesa en la versión televisiva, no solo por ese aura fantástico, sino porque algunos giros de guion y acciones de los personajes se avienen mejor a los códigos del papel pero en pantalla requieren una mayor voluntad cómplice del espectador. Si uno está dispuesto a usar esa llave, disfrutará de una historia entretenida y de buena factura.

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El espectador también necesita una llave mágica