Guillermo Arriaga: «Me gustan los escritores que hieren y sanan, que escriben con las entrañas»

El autor mexicano publica «Salvar el fuego», una novela en la que narra una historia de amor insólita en un clima de violencia

El escritor mexicano Guillermo Arriaga
El escritor mexicano Guillermo Arriaga

Estaba a punto de tomar el avión a Madrid para iniciar la gira de presentación de su novela Salvar el fuego, flamante Premio Alfaguara. Pero Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958) tuvo que suspender el viaje por el coronavirus. El célebre autor de novelas como Escuadrón Guillotina, El búfalo de la noche o El salvaje, guionista de Amores perros, 21 gramos, Babel y Los tres entierros de Melquiades Estrada y director de Lejos de la tierra quemada fue elegido como uno de los cien mejores escritores de cine de la historia. En su última novela narra la relación entre Marina, una coreógrafo casada y con tres hijos, y José Cuauhtémoc, un homicida condenado a cincuenta años de cárcel, en el marco de la violencia, la corrupción y el narcotráfico que asolan México.

-¿Qué significan los libros en un momento de crisis total como el que estamos viviendo?

-Hace unos días me pidieron que escribiera una pequeña reflexión sobre cómo podía un lector abordar mi libro. No era lo mismo que me la hubieran pedido hace una semana que ahora. Empecé con un proverbio chino que dice «No maldigas la oscuridad, mejor enciende una vela». Creo que la cultura enciende velas, y más en este momento. Un libro puede no solo llenar un hueco, sino arrojar luz sobre ti mismo. Cuando escribo dedicatorias a veces pongo «ojalá este libro recupere algo que creías perdido». Los libros ayudan a encontrarte a ti mismo.

-¿Cómo concibió esta historia?

-Desde hace muchos años he tenido la necesidad de escribir esta historia, pero no había madurado lo suficiente para redactarla. Las historias tardan su tiempo en construirse. Yo, cuando escribo, no tengo mucha idea de hacia dónde va la historia, pero sé que en mi inconsciente está el depósito de gasolina con el que alimentarla. No soy como otros escritores que tienen perfectamente planificado cómo va a ser la novela, en qué momento sucede tal cosa y cómo va a ser el final. Yo no tenía ni idea de cómo iba a acabar esta novela. A mí siempre me ha interesado el amor clandestino, de alguien que rebasa todos los límites para enamorarse. Y nada más al límite que una mujer se enamore de un preso, de un homicida.

-En la novela están presentes los temas clave de su obra, la violencia, la muerte, la redención y también el amor y la esperanza.

-Toda mi obra ha sido una reflexión sobre el amor. El amor y la esperanza están presentes, que es al fin y al cabo una reflexión sobre el amor, sobre la potencia de la vida, de la que no puedes hablar si no lo haces de la muerte y del amor expresado en todas sus variantes, a los padres, los hijos o los hermanos o la amistad.

-¿Se documentó para saber más de la vida carcelaria?

-Nunca investigo, nunca me documento, solo recojo lo que he escuchado en la vida, a gente que conozco que ha estado en la cárcel. No soy un escritor que diga voy a hacer una novela y se pone a investigar. La imaginación es el puente que une dos hechos aislados. Hay mucho de imaginación en esta novela.

-En la novela hay un estudio detallado de los personajes, que tienen siempre una doble cara.

-Más que dos caras, yo creo que somos multifacéticos, contradictorios y paradójicos. La obligación de un creador es rescatar la paradoja y la contradicción. No hay que representar a los personajes como blanco y negro, porque entonces les restamos humanidad.

-En la novela el lenguaje es muy importante.

-Nunca he querido hacer una novela del lenguaje. Yo me considero un contador de historias y procuro que todo ayude a la narración, no hacer pirotecnia por la pirotecnia. Quise retratar el lenguaje del norte de México y de la ciudad de México.

-¿Su concepto de la literatura es similar al de José Cuauhtémoc?

-Por supuesto, totalmente. A mí me gustan los escritores que rasguñan, que cortan, que sanan, curan, vuelven a herir, que escriben con el pene, con las entrañas, con los riñones. Esa es la literatura en la que creo. La literatura tiene que ser una experiencia, no solo estética, sino vital.

-Lo primero que se encuentra el lector es una manifiesto firmado por José Cuauhtémoc. ¿Lo suscribe?

-Sí. En este y otros países la gente de una cierta clase social vive con miedo y los de otra con rabia. Hay gente que no les importa que los maten. Hablas con uno de esos muchachos que se enrolan con el narco, que tienen 15 o 16 años, y te lo dicen, «prefiero que me maten a seguir viviendo como perro», tienen esa rabia. Sucede también con los terrorista islámicos.

«Soy un contador de historias, no hago novela política»

Arriaga se define como un «contador de historias».

-¿Calificaría su novela como política o social?

-Yo soy un contador de historias. Cuando daba clase les decía a mis alumnos nunca traten de ser profundos, de ser políticos, cuenten la historia. Si usted es una persona política la obra será política, si es profunda la obra será profunda. Concéntrense en contar la historia lo mejor posible. Y yo quise contar la historia lo mejor posible y obviamente se filtran muchas cosas, de tu vida personal, social, familiar. No quise hacer una novela política ni social, sino que hablaran los personajes, que están sumidos en estas problemáticas.

-La radiografía de México que surge de su novela es una mezcla de violencia, corrupción y narcotráfico. ¿Son males endémicos de su país?

-No son endémicos de México. Hace poco alguien me preguntaba si México era un país que nunca iba a escapar de la violencia y le dije que países del primer mundo, como el suyo, sufrieron una violencia atroz con la Guerra Civil o Alemania con el nazismo. Estos males tienen que ver con situaciones históricas muy particulares, tienen que ver con una cuestión coyuntural, tienen varias razones que serían muy largas de contar.

-¿Tienen solución?

-Claro. La solución tiene tres pasos: legalizar todas las drogas, abatir la desigualdad y la falta de oportunidades y que Estados Unidos asuma su responsabilidad.

-¿Qué le parece el mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador?

-Creo que era necesario un proyecto, como dice López Obrador, de «primero los pobres». A mí lo que me está doliendo es que en el momento en que se hace una crítica a su gobierno de inmediato lo atribuyen a los conservadores y a la derecha. Si te pronuncias en contra de algo, te pronuncias en contra de él. A mí no me gusta esa cosa de la loa a los políticos, porque más bien soy anarquista, no confío ni en los políticos en los que confío. Hay algo que no había visto en otros presidentes, la loa continua de su gente, si fuera él lo pararía de inmediato. En cuanto a su gestión, creo que le falta proyecto de nación.

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