Los mundos tras la pandemia que no veremos

Los escenarios imaginados tras crisis globales distan de cualquier actualidad, aunque son un recordatorio de lo que no queremos vivir


Hay vida más allá de las pandemias y los desastres. La cultura, en sus diversas formas, ha sentido siempre un gusto especial ya no en retratar el momento crítico, sino en atisbar la supervivencia que conlleva el después, el continuar de pie. Las catástrofes que acaban con la civilización abren puertas que solo la imaginación contempla, muchas veces hiperbólicas de lo que realmente ocurre cuando se flirtea con el fin de una era o del mundo. Por suerte, y aunque todavía estamos tratando de contener una enfermedad que definirá a una generación, se da por hecho que no viviremos esas realidades descritas en los mundos de la ficción más extrema.

Aunque su estética encandila y atrae debido a su locura artística, no se concibe ni de cerca ningún paraje desértico en el que la gasolina se vaya a convertir en el bien más preciado, como sí ocurre en Mad Max. Ojeando su más reciente versión, tampoco es demasiado plausible eso de que en un espacio corto de tiempo veamos guitarristas sobre ruedas apabullando con ruidosos acordes.

También de aspecto desértico se muestran los mundos de El libro de Eli (2010), donde repite la guerra nuclear como comienzo de una sociedad desecha, sin rumbo y sin fe. Más tenebroso es ese continente invernal que se enseña en La Carretera (2006, el libro; 2009 la película), donde la falta de alimento y recursos naturales ha obligado a la práctica del canibalismo y la deshumanización total de los habitantes que aún quedan.

el gran desafío de nuestra era

Lo cierto es que los escenarios posapocalípticos no suelen ser debidos a enfermedades como tal, y en caso de que así sean se relacionan con auténticos desastres biológicos como la aparición de zombis (The Walking Dead) o derivados de creaciones de laboratorio (Doce Monos, 28 días después).

No es difícil hallar en las tendencias de la ficción una relación directa con las preocupaciones de su tiempo. Así como la hecatombe nuclear y la Guerra Fría inspiraron a toda una generación de artistas, las primeras muestras del calentamiento global se dejaron ver en Waterworld (1995), preocupación que retoma The Coming Global Superstorm (1999), que referencia la cinta El día de mañana (2004). No pocas voces sitúan hoy esta problemática como el gran desafío de nuestra era.

Sea como fuere, si de algo estamos cerca, de todos esos mundos que aparecen después de bordear una crisis global que amenace con cambiarlo todo, es de las distopías que plantea el ciberpunk, donde la tecnología todo lo ocupa. Varios gobiernos del mundo controlan los movimientos de sus ciudadanos en la búsqueda por un mayor control de la pandemia, las empresas privadas hace ya años que saben infinitos datos que gustosamente cedemos con un movimiento de dedo. Quizás no haya que pensar en Blade Runner (1982), sino más en esas escenas que plantea Black Mirror (2011).

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