Rubén Hernández, editor de Errata Naturae: «¿Que se ha leído más durante el confinamiento? Me parece una chorrada mayúscula»

El director de Errata Naturae, uno de los sellos independientes de referencia, anuncia un paréntesis para una reflexión «radical» que trasciende al sector del libro


«Nos gusta ese tiempo, que tantos consideran improductivo, y que sin embargo es fértil como ninguno». Esto escribe Errata Naturae en su perfil. Cuando las librerías reabrían en plena desescalada, la editorial independiente anunció una pausa. Un paréntesis, que no adiós, en el lanzamiento de nuevos títulos. Persiguiendo ese «invierno inasequible» en el que se almacena la cosecha, los seis integrantes del sello que nació hace 12 años piden tiempo. Rubén Hernández (Madrid, 1978), el editor, nos atiende desde su oficina los 365 días del año, una casa «a diez kilómetros del pueblo más cercano», en el cántabro Valle del Pas. «Es fundamental la coherencia entre lo que uno piensa y lo que uno hace».

 -¿Por qué anunciar una pausa justo cuando las librerías volvieron a la vida?

-Hay una motivación, primero, de orden vital. Las grandes crisis son momentos para reflexionar, para hacer incluso un proceso de autocrítica radical, que tiene que ver con la editorial y con el sector del libro que integra. Luego, hay un planteamiento estratégico. Queremos llamar la atención sobre tres o cuatro libros que publicamos en las semanas inmediatamente previas a la declaración del estado de alarma y que no han tenido ningún tipo de vida. Sacar más libros nuestros que los tapen aún más no tiene sentido. Además, en verano es difícil publicar y llegar a los lectores y este será doblemente excepcional. Tenemos que ser muy cautos. No sabemos qué va a pasar, si va a haber un rebrote y las librerías, ojalá que no, vuelven a cerrar en octubre.

-¿Cuáles son esos títulos?

-Barrios, bloques y basura, de Julia Wertz, entre el cómic y la guía ilustrada de viajes sobre el Nueva York más desconocido, y El olor del bosque, de Helene Gestern. Una novela que tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo, el colapso de la civilización occidental a raíz de una pandemia. Se sospecha que hay una guerra, se cortan las comunicaciones. Los personajes son dos chicas jóvenes que viven en una zona rural de EE.UU. Pasan del miedo y la desesperación a entender que casi todo lo que necesitan para darle sentido a sus vidas, en realidad, lo tenían en una naturaleza que habían sentido como un lugar que las enclaustraba. Es una novela preciosa, de transformación.

«Este no es un problema solo de las editoriales. La reflexión es cómo replanteamos el modelo de consumo»

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-¿La superproducción editorial ha sido otra de las razones del paréntesis?

-Sinceramente, este no es un problema en general de las editoriales pequeñas, sino de las grandes. Para este mes de mayo el nuevo boletín de Planeta propone, de una sola vez, 140 títulos. No sé exactamente el de Random House. En Errata Naturae publicamos unos treinta al año. Ahora bien, la crítica radical que hay que hacer aquí no es si el sector del libro tiene sobreproducción, que seguramente la tiene. La reflexión es cómo replantearnos el modelo de consumo. El problema tiene que ver con los libros, los coches, los frigoríficos, con todo. Esa es la crítica radical. Una transformación que atañe a políticas que busquen modelos económicos de sostenibilidad a medio plazo, de aquí a 10 o 15 años.

­-¿Qué margen tienen las editoriales independientes para sobrevivir?

-La concentración de las editoriales en grandes grupos -Anagrama, Salamandra o Tusquets, aunque conserven su sello y autonomía, ya no son independientes-, nos ha dado más espacio a las pequeñas, publicar a autores que antes no eran accesibles, y ahora casi, casi somos medianas. Creo que, en conjunto, hemos tenido un cuidado sumo tanto con el texto como con el objeto libro y creo también que esto el lector lo agradece. La editorial va bien. Hay quien nos dice que es un suicidio, que si tendremos problemas con el distribuidor. Siento que hacemos lo correcto, y eso me vale.

«La búsqueda del conocimiento instantáneo es una depauperación del sentido crítico»
Rubén Hernández es el editor de Errata Naturae, un sello independiente creado hace 12 años y en el que trabajan seis personas. Una de sus sedes está en el Valle del Pas, en Cantabria, y también cuentan con oficina física en Madrid
Rubén Hernández es el editor de Errata Naturae, un sello independiente creado hace 12 años y en el que trabajan seis personas. Una de sus sedes está en el Valle del Pas, en Cantabria, y también cuentan con oficina física en Madrid

-¿Leemos más en las redes sociales?

-No soy sociólogo, pero pienso que hay algo positivo en el modelo de información vinculado a la redes sociales: una búsqueda de la horizontalidad que creo que es positiva en algunas cuestiones. Pero, también pienso que la tecnología está dando lugar a una suerte de atontamiento generalizado. El nivel de atención, de concentración lectora está bajando. Nos pasa a todos. Nos cuesta leer diez minutos seguidos sin coger el móvil, sin contrastar un dato, una cita. Esa búsqueda del conocimiento instantáneo es una depauperación del sentido crítico. Después he leído que había aumentado un 4 % el índice de lectura en el confinamiento. Me parece una chorrada mayúscula. Si uno se pasa dos meses en casa, a lo mejor lee algo más. La modificación radical de las políticas educativas, ahí está la clave. Solo hay que darse un paseo por un colegio de Finlandia.

Historia, amor, suspense y buena literatura

ELENA MÉNDEZ

«El olor del bosque», de Hélène Gestern, nos lleva desde París a Lisboa pasando por la campiña francesa . Un viaje en el tiempo y un alegato antibelicista que nos recuerda el sinsentido de las guerras y el reguero de vidas destrozadas a su paso

Cada vez que las editoriales Periférica y Errata Naturae se unen para ofrecernos un libro, ocurre el milagro. Esta vez se llama El olor del bosque y es la primera obra traducida al castellano que podemos disfrutar de la francesa Hélène Gestern.

 Una trama que combina el suspense con la historia y que nos lleva de viaje, (¡qué falta nos hace!) desde París hasta Lisboa pasando por la campiña francesa. Y todo ello con estilo cuidado y una prosa serena que se recrea en los rebeldes personajes femeninos y que nos atrapa desde las primeras páginas y nos sorprende con algún giro inesperado.

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