La Cinémathèque reconstruye con ojos de niño la historia del cine

«Cinema e emocións» recorre distintas emociones a través de 230 piezas

La muestra se articula sobre diversas emociones relacionadas con la infancia
La muestra se articula sobre diversas emociones relacionadas con la infancia

santiago / la voz

Los fotogramas se van cosiendo unos a otros y al final, componen un pequeño corto con un mensaje claro: si hay algo universal es el lenguaje de la infancia. Hay Salvatores riéndose ante las imágenes que brotan de la pantalla de miles de Cinema Paradiso por todo el mundo. Da igual el país, da igual la lengua, da igual la cultura y da igual el año. Porque el miedo sigue saliendo a veces de su escondite debajo de la cama cuando ya se peinan canas y los sueños más fantásticos son en los que el cielo está más cerca.

Si la infancia tiene un idioma emocional común y el cine es un lenguaje universal, tiene sentido reconstruir una pequeña historia cinematográfica a través de la visión de la infancia. Es lo que hace la exposición que abre el Museo Gaiás a la nueva normalidad. Y lo hace de la mano de La Caixa y la Cinémathèque Française con Cinema e emocións. No es una exposición infantil. Tampoco es sobre cine para niños. Es más bien un camino de dos direcciones: la que sigue la importancia de la infancia en la creación de personajes y relatos en el cine y la que discurre por la importancia del cine en el desarrollo personal durante la infancia.

Formada por más de 230 piezas de la Cinémathèque Française y de una colección privada catalana, que ha cedido sobre todo material cinematográfico de España, la exposición se estructura a través de las emociones de la infancia, esas que se van diluyendo en el pozo de la desmemoria a medida que se apilan los años. Así que a través de diferentes emociones infantiles (la alegría, el miedo, la ilusión, las risas y las lágrimas...) la muestra, que se puede visitar hasta el próximo 10 de enero, va recorriendo películas de todos los tiempos, pero también pósteres, dibujos, fotografías y materiales como una flamante Nimbus 2000 que mantiene un vuelo congelado en el tiempo en la tercera planta, preparada para que comience el siguiente partido de quidditch.

Una de las escobas voladoras de Harry Potter
Una de las escobas voladoras de Harry Potter

Pero lo que define esta exposición son los cortometrajes emocionales. Fusiones de escenas de diferentes filmografías, procedentes de distintos puntos del mundo y creadas en épocas muy distintas que demuestran que las emociones de la infancia no saben ni de tiempo ni de espacio. Que la rabia se expresa mediante sus propios códigos y que Steven Spielberg sigue siendo un Salvatore emocionado ante lo que va a aparecer en la pantalla. Y así se entremezclan Mi vecino Totoro y Solo en Casa; Los 400 golpes y La noche del cazador, Cariño he encogido a los niños y Boyhood. King Kong y Charles Chaplin, Alicia en el país de las maravillas y El Bola, Pa Negre y Monstruos S.A.

«Siempre hay un personaje que nos hace recordar alguna emoción»

«Desde hace más de cien años, ya sea ficción, documental, dibujos animados... En todo el cine que se produce siempre hay algún personaje del que nos acordamos, que nos hacer recordar una emoción». Aunque las circunstancias actuales no le permitieron viajar a Compostela, la comisaria de la muestra, Gabrielle Sébire, directora del servicio educativo de la Cinémathèque, sí quiso estar en la inauguración de una exposición que permite a diferentes generaciones viajar juntas por la historia del cine: los mayores enseñarán a los más pequeños las películas que veían cuando tenían su edad y los pequeños enseñarles el cine del que ahora disfrutan. Dos infancias que convergen a través de la exposición que ya se puede visitar en el Gaiás.

A través de la colección a su alcance, la que comenzó en el año 1936 Henri Langlois para preservar no solo las películas físicas, sino todo los objetos que contribuyen a la memoria cinematográfica (guiones, dibujos, fotografías, objetos, Sébire comenzó a investigar la presencia de la infancia desde las primeras películas y de esa investigación nació Cinema e emocións, una exposición que tiene como objetivo «redescubrir todas esas emociones que teníamos cuando éramos pequeños y que muchas veces olvidamos», especialmente una ilusión que a veces va desapareciendo «y que es bueno que recordemos».

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