Ariel Rot: «No todo en la música tiene que ser efervescente e instantáneo»

En septiembre inicia la grabación de la tercera temporada de «Un país para escucharlo», por lo que este verano solo hará dos conciertos. Uno de ellos, hoy en Vigo. Y aún le queda pendiente despedir a Tequila


Sigue recorriendo Ariel Rot las plazas de los pueblos pero a la procura de paisajes y paisanajes muy distintos a los de antaño. Con la guitarra siempre presta y más dispuesto a escuchar y a aprender que a adoctrinar, hemos descubierto a un músico sensible y discreto, curioso y valiente, permeable y desprejuiciado. Entregado casi por completo a ese afán por compartir su pasión por las músicas. Así, en plural. Porque asegura que ahora ya no las entiende de otro modo.

Parapetado tras sus sempiternas gafas y una franca sonrisa disimula el argentino su pudor a la hora de inquirir, sabedor de que al final vencerá su magnetismo y su solvencia en las seis cuerdas. Y es que a ningún otro músico como a él le ha sentado mejor el paso del tiempo.

Le propongo realizar la entrevista sin citar las palabras coronavirus ni pandemia. «¡Oh! Fabuloso, acepto el reto».

-Has demostrado que este es un país para escucharlo, pero ¿es este un país que escucha?

-[Se queda en silencio]. Es un país en el que lo musical juega en la liga del entretenimiento. La música va más asociada a la fiesta que a la cultura. Pero mi experiencia me dice que mucha gente necesita otro tipo de relato musical. No todo tiene que ser efervescente, ruidoso, instantáneo… A mí me llama mucho la atención cómo en España se convive con el ruido. Con el sonoro, el mediático, el político… Necesitamos un poco de silencio.

-Si alguien está en condiciones de trazar un mapa sonoro de la música en España a día de hoy eres tú. ¿Cómo sería?

-Mi sensación es que hay una gran diversidad y que, por suerte, se han roto muchos prejuicios y esa diversidad se fusiona con naturalidad. Por ejemplo, para las nuevas generaciones lo de raíz, lo folklórico ha dejado de ser antimoderno. Tienen muy presentes las raíces pero están también presentes las ramas. Hay como una nueva actitud muy interesante.

-¿Qué entiendes ahora de la música que antes no entendías?

-Yo viajé mucho por España desde chico pero estaba más interesado en otro tipo de paisajes [se ríe]. Ahora he tenido una segunda oportunidad de viajar entendiendo realmente el porqué de lo que se hace, de dónde viene, cómo influyen las tradiciones, las costumbres más atávicas… Todo tiene que ver. El clima, el paisaje, la gastronomía, el carácter… La enorme diversidad que existe en España es una magnífica demostración de que la música está estrechamente ligada a la historia del territorio en el que se genera.

-Tras dos temporadas escuchando el país, ¿qué has descubierto?

-He descubierto otras muchas raíces. Me he dado cuenta de que el flamenco en España es tan poderoso que eclipsa a lo demás, que es mucho. He descubierto la España vaciada y en ella a unos músicos de un altísimo nivel instrumental, con un trabajo muy serio y unas propuestas muy interesantes que no solo se quedan en lo musical sino que llegan a lo filosófico e incluso se convierten en una manera de vivir. Eso me pareció muy potente.

-¿Y a quién has descubierto?

-Uy, muchas cosas. Se me vienen a la cabeza Crudo Pimento, de Murcia. Muy poderosos. Y he descubierto a gente que ya conocía pero que como uno es muy prejuicioso pensaba que no teníamos nada que ver. Por ejemplo Cifu, de Celtas Cortos. Nunca terminaba de verlo y sin embargo conectamos de un modo extraordinario.

-El programa ha tenido auténticos momentazos. ¿Cuáles han sido los tuyos?

-Hubo muchos. Estar cantando con Annie B Sweet en la Alhambra fue increíble, Tocar Contamíname con Pedro Guerra en el Teide, tocar con Medina Azahara en Medina Azahara, charlar en Ibiza con José Padilla al atardecer, el encuentro con Carlos Tarque… Pero si tuviese que elegir uno tal vez sería la tarde que grabamos en el patio de la madre de Tomasito en Jerez de la Frontera con Kiko Veneno, Los Delinquentes, Canijo de Jerez, Juanito Makandé y un montón de amigos. Pero de verdad que es que no había un solo día que no volviese al hotel asombrado.

-¿Te consideras un tipo con suerte?

-Sí, en general he tenido mucha suerte. Creo que tengo más suerte que talento.

-¿Cómo recuerdas el programa que grabaste en Galicia?

-Mercedes Peón fue una gran sorpresa. Tremenda mujer. También me encantaron Novedades Carminha. Carlitos tiene mucho rollo. Me gustó mucho tocar con él y con Julián Hernández A Santiago voy. Estar con Carlos Núñez en la catedral de Santiago fue otro momentazo. O la charla con Xoel López, Iván Ferreiro y Antón Reixa… Galicia fue increíble.

-¿Habrá otro programa de Galicia en la tercera temporada?

-Sí. La vez pasada estuvimos en Santiago, A Coruña y Vigo. Quedan muchas cosas. No puedo dar muchos detalles pero queda mucha Galicia que descubrir, sí.

-Has tocado con infinidad de artistas, ¿de quién te has quedado con las ganas?

-De muchísimos. Me quedó una lista muy grande de músicos que me habría encantado que pasaran por el programa. Coque Malla no estuvo. Ni Jorge Drexler, ni Lapido. ¡Ah! Tampoco estuvo Serrat.

- En tu canción «Me voy de viaje» dices «me voy de viaje a resolver misterios, llevo una maleta llena de contradicciones». ¿Has resuelto alguno de esos misterios o, por lo menos, te has librado de alguna de esas contradicciones?

-A base de mucho trabajo, te puedo decir que sí. Estoy teniendo un momento de mucha plenitud. Entendiéndome mejor, conociéndome mejor… Tardé en conseguirlo porque emocionalmente yo fui muy inmaduro. También es cierto que las circunstancias no ayudaron.

-Has dicho que cuantos más años cumples, menos miedo te da el paso del tiempo.

-Supongo que quieres que te dé una explicación de eso, pero es que no la tengo. Tal vez tenga que ver con que muchas zonas oscuras se me han ido iluminando.

-El rock and roll ha desaparecido de las plazas de los pueblos. ¿Volverá?

-No solo de las plazas de los pueblos, también ha desaparecido, y eso me parece más difícil que vuelva, del pequeño garito. Muy pocos van a poder aguantar tantos meses sin actividad. Algunos se van a quedar en el camino, seguro. Lo de las plazas de los pueblos, en cuanto a nivel sanitario se pueda, seguro que los ayuntamientos van a poder revertir la situación.

-Os habéis visto obligados, una vez más, a suspender la despedida de Tequila.

-Es cierto, estoy condenado a seguir con Tequila eternamente [se ríe]. Por favor, no pongas esto de titular.

-¿Ese concierto queda pendiente o ya dais a Tequila por despedido?

-No, no, queda pendiente, por supuesto. Lo que pasa es que ese tipo de conciertos va a ser lo más complicado de recuperar. Y la verdad es que me da muchísima pena, no solo por Tequila, sino porque estábamos en un momento de bonanza en cuanto a conciertos, público en pequeños y grandes recintos, un montón de bandas funcionando… Realmente es muy frustrante porque por una vez se percibía una escena supersólida. Como nunca, me atrevería a decir. Parecía lo de la Movida, pero con otra dimensión de producción, de proyección, de calidad… Me da mucha pena por todas esas bandas que por fin estaban ahí, en un momento tan dulce, después de haber luchado un montón. Y, de repente, han visto como todo se ha parado.

-Tequila fue la banda sonora de una generación. ¿De quién se podrá decir lo mismo dentro de 20 o 30 años respecto de la época actual?

-Estamos viviendo momentos distintos. Las canciones no tienen el calado que tenían entonces. Desde luego no por la calidad, sino por cómo se ha estructurado su difusión y su consumo. Por las redes sociales, por lo rápido que va todo… Va a costar que las cosas perduren y trasciendan como perduraban y trascendían entonces. Creo que va a haber sectores o grupos que se sientan identificados con ciertas músicas pero ese concepto de toda una generación ya me parece imposible.

-Por cierto, ¿cómo le ha ido como entrevistador?

-Es muy complicado. Recuerdo mi primera entrevista, que fue con Rocío Márquez y Kiko Veneno, como algo horrible. Cuando el director me dijo: «Bueno, Ariel, puedes empezar» se hizo un silencio total y dije «Hostiá»... Te juro que fue el silencio más incómodo y perturbador que he sentido en mi vida. Luego ya me fui naturalizando mucho más, pero es complicado, sí.

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