Santiago Segura: «Mi epidemiólogo de cabecera es Cañita Brava»

Muchos ya le llaman el salvador de la taquilla. Santiago vuelve a la carga con la segunda parte de «Padre no hay más que uno», con la que promete risas contra el covid. «Todo lo que tengo me lo ha dado el cine. ¿Cómo voy a negarle ahora un estreno?», dice


Un estreno en plena pandemia. Ese es el último experimento de Santiago Segura, que nos invita a «salir de debajo de la cama» para seguir viviendo con precaución a pesar de las circunstancias. Esta vez, vuelve a la carga con Padre no hay más que uno 2: la llegada de la suegra, dirigiéndose a sí mismo como un padre de cinco hijos -dos de ellos son sus propias niñas, Calma y Sirena- al que le viene el sexto en camino, con perro y suegra incluidos. Niñero hasta la médula, confiesa que no descarta convertirse de nuevo en padre en la vida real: «En la tercera parte igual tenía que hacer algo para sacar ideas, ¡ja, ja!». Mientras tanto, ya piensa en un Torrente 6 al más puro estilo Rocky Balboa. Cañita Brava, que le llamó durante todo el confinamiento, no para de pedírselo.

-Enhorabuena por ese estreno. A ver qué os depara, ¿no?

-Enhorabuena... ¡ja, ja! Dámela en unos días. Igual me tienes que dar el pésame.

-Lo de estrenar en plena pandemia es arriesgado. ¿Otro de tus experimentos?

-Es un experimento, de alguna forma, un poquito necesario. Es algo que si me va bien no me va a ir bien a mí solo, sino que a la industria en general, así que sería una alegría compartida.

-Y adelantas la fecha de estreno. Terminaste la peli y te lanzaste.

-Nos pilló la pandemia y la retrasamos para el 7 de agosto, pero la adelantamos al 29 de julio. Es que luego, viendo que los estrenos de los sellos americanos se cancelaron, a Sony le decían: «Oye, si os vais vosotros también, ¿cómo pasamos agosto?». La gente quiere ir al cine, pero quiere ir a ver películas, o sea que tienen que estrenarse. Y como esta teóricamente fue la más vista de los estrenos del año pasado, y una secuela que la gente esperaba con ganas, era una pena decir: «Venga, la guardamos en una cajita hasta que esto esté bien». Porque cuando esto esté bien, a lo mejor lo que no hay son cines.

-Muchos dicen que serás el salvador de la taquilla este verano.

-No hay que hacer cosas temerarias, ni suicidarse, ni nada. Pero el otro día decía: todo lo que tengo me lo ha dado el cine, de alguna forma. Y ahora que el cine necesita producto, ¿voy a decir que no? Es la actitud que yo espero de la gente. Que salga de debajo de la cama, porque muchos están como aterrorizados pensando: «A mí que alguien me avise cuando acabe esto, que yo me quedo aquí». Y lo entiendo, porque igual que hay mucha gente que es totalmente inconsciente e irresponsable y que está provocando rebrotes... Que digo yo, pero vamos a ver chico, si llevamos 90 días encerrados, confinados, que parece una condena, ¿no te merece la pena salir con precaución? Estamos entre la inconsciencia y el pánico, y el término medio es la precaución, el respeto a la enfermedad, pero con responsabilidad: si no reactivamos la economía… La salud es lo primero, pero la ruina no es buena para la salud.

-¿Será el efecto espacio cerrado? Porque este mes las playas están llenas…

-Por supuesto. Cuando empezó la pandemia las salas estaban en listas no oficiales como sitios no recomendables. Por eso, como los restaurantes y como todo el mundo, han reabierto preparadas con mamparas, espaciando las sesiones para poder limpiar, con hidrogel, y muchas han cambiado también el sistema de ventilación. Lo que tienen que hacer las autoridades es decir que son un sitio seguro. Una barbacoa entre amigos ahora mismo es más peligroso que ir al cine, porque allí no hablas, estás mirando la pantalla de frente, tienes un asiento al lado vacío, y cuando entras te dicen que tienes que llevar tu mascarilla. Además, si es que no tienes más que ver los rebrotes, dónde están siendo. Yo no soy tan mala persona, te digo que si yo leo que el 40 % de los rebrotes vienen de las salas de cine yo te digo que oye, aunque sea mi actividad, si hay que cerrar se cierra. Pero no es el caso.

-Y más viendo lo que está ocurriendo también con el fútbol. ¿Acaso es más seguro un partido que el cine?

-A mí es que eso me parece trágico. Yo estaba viendo que de repente Gran Bretaña impone cuarentena, pero en cambio para el partido de la Champions, el Real Madrid podía ir y sin pasar ninguna cuarentena. Una ley tan estricta y tan bestia como para hundirnos el turismo totalmente, que los británicos están cancelando todos sus viajes aquí porque no les compensa estar 14 días de cuarentena a la vuelta, que un tío como Boris Johnson, que ha sido tan mierda gestionando la pandemia, ahora haga esto como si fuéramos nosotros unos apestados... con esto ves que no hay solidaridad.

Poder recordar esos momentos en los que no teníamos este gran drama y poder reírte con las aventuras de esta familia, me parece muy bonito. Yo qué sé… me estaré ablandado con la edad

-A ti el miedo no te paraliza.

-No debemos olvidar la precaución, pero sí el pánico, el terror y el miedo. Y tampoco ser unos inconscientes. Yo, por ejemplo, ¿tú crees que a mí me gustaría contagiarme? No, pero sigo trabajando, voy a los sitios con la mascarilla, me lavo las manos constantemente, y eso es lo que hay que transmitir. Y luego lo de la película, es que también te digo que es tan bonito en los tiempos de crisis ver una comedia que te apetezca... El año pasado fueron muchas familias y se lo pasaron en grande. He recibido más felicitaciones que en toda mi vida. Mi madre se reía, se reían mis hijas. Ahora, poder recordar esos momentos en los que no teníamos este gran drama y poder reírte con las aventuras de esta familia, me parece muy bonito. Yo qué sé… me estaré ablandado con la edad, ja, ja.

-En la primera parte eras un padre que había aprendido a controlarlo todo, pero ahora llega el sexto niño...

-Y cuando entra una entidad así como la abuela, que tiene sus propias opiniones… Muchas veces te desestabilizan esas luchas internas de poder en las familias, que pueden ser dramáticas en la realidad, pero en la pantalla son muy divertidas. Nos sentimos todos identificados con esta madre, este padre que le dice: «No, es que había que darle de mamar al niño por lo menos dos años»... Y ella: «¿Cómo?». Él de repente se ha puesto las pilas y quiere ponerle música clásica al feto. No hay quien lo aguante. Yo estoy feliz con la peli. Mi mujer es la que no está nada contenta y me dice: «Una película tan bonita, con las niñas... Y la estrenáis ahora en vez de esperar a que esté bien todo».

Santiago Segura, en una escena de la película junto a Loles León.
Santiago Segura, en una escena de la película junto a Loles León.

-¿Y las niñas qué dicen?

-Pues les da pena porque no vamos a hacer premier para evitar las aglomeraciones, y ellas estaban ahí que tenían unos vestidos maravillosos, y me preguntan: «¿Pero entonces no va a haber premier?». Y les digo: «Pues hijas, es que ahora no es el momento». Así que hicimos un estrenillo para el equipo, aunque se quejan y dicen: «Es que no es lo mismo». Pero vamos, que se pondrán igual el vestido, ja, ja.

-Menudo rodaje has tenido: cinco niños, un perro... y Loles León.

-Es un terremoto, pero el que más disgustos me ha dado es el perro, ¡ja, ja! Loles estuvo maravillosa, superdisciplinada. Los niños parece que han hecho un máster de interpretación con la primera película, supersueltos y naturales. Pero es que el perro… lo de los animales… Encima el perro este que es cachorro, claro, hacía lo que podía, pero… ¿Te acuerdas de la película aquella de Truffaut, La noche americana, que en un rodaje el gato tenía que tomar un plato de leche y no era ni capaz de ir a por el plato? Es que claro, los animales tienen sus propias ideas. Así que Hitchcock tenía razón, por lo menos en parte. Él decía que rodar con animales y niños era terrible, y bueno, yo me quedo solo con la parte de los animales.

 Yo soy un padre como todos, que lo intentas hacer lo mejor posible, pero claro, tocas de oído

-A ver si con tanto niño te van a entrar ganas de tener más…

-Pues oye, no sé, ¡eh! Porque estaba pensando que para la tercera parte igual tenía que hacer algo para sacar ideas, ja, ja. No sé, la verdad es que me gustan tanto... Los niños me encantan. Pero también pienso en el mundo con el que se van a tener que enfrentar y me da un poquito de miedo. Pero bueno, si pensáramos eso de repente se cortaría el crecimiento.

-Y no iríamos al cine tampoco.

-No, lo que te digo, estaríamos todos debajo de la cama. No hay que pensar en eso, pero cuando piensas en el cambio climático, y te dicen: «No, es que esta es la primera pandemia, los próximos años va a haber más», dices madre mía... es que somos muy apocalípticos.

-Es que ahora todo el mundo es epidemiólogo o virólogo.

-Bueno, bueno, es alucinante. Mi epidemiólogo de cabecera es Cañita Brava. Me manda unos audios… El otro día me mandó uno que decía: «Santiago, lo tengo claro. Agosto quema el rostro, así que al bicho hay que quemarlo. En agosto se va a quemar el bicho». Y digo: madre mía… No, pero, ¿te acuerdas que decían también que esto sería estacional, que con el calor sería más difícil que se transmita? Joder, pues menos mal, porque estamos a 40 grados y esto no para.

La gente te dice: «¡Hay que mojarse!». Pues yo me mojo en la ducha todos los días, pero por qué tengo que mojarme, si no soy político ni nada

-¿Es tu peli como un kit kat?

-Yo creo que sí. Espero no defraudar, no aburrir, que encuentres un motivo de risa, de darle un codazo al de al lado, que te reconozcas… Yo es lo que intento. Cuando estás escribiendo, el primer espectador eres tú. Estaba con la coguionista y pensábamos: «Esto puede ser gracioso». Es como un test. Yo creo que va a funcionar, pero claro, para eso el público tiene que ir.

-¿El actor que a la vez dirige es el que está peor dirigido?

-Pues mira, creo que es un poco verdad. Yo intento estar pendiente de todo y al final veo la escena y digo: «Alguien me tendría que haber dicho esto»… Es complicadillo, pero como ya son muchos años haciéndolo se va acostumbrando uno.

-¿Cómo actuar ante la pesadilla del WhatsApp del cole?

-Buah… solo los que están ahí metidos saben lo que es eso. Si te callas malo, si hablas mucho malo, y si te sales bueno, eres como un delincuente, y empiezan: «¿Por qué se ha salido este hombre?». Es un tema peliagudo. Pero bueno, mola sacarle punta.

-¿Cuál es tu perfil como padre?

-Yo soy un padre como todos, que lo intentas hacer lo mejor posible, pero claro, tocas de oído. Esos cursillos de padre no he visto dónde se imparten, así que intentas hacerlo lo mejor posible y rezas para no cagarla. Yo, por ejemplo, tenía como obsesiones que al final luego no he logrado. Siempre pensaba: «Si tengo un niño o una niña, jamás les voy a dar juguetes de niño o de niña. Yo quiero darles juguetes unisex, por lo menos hasta los 6 o los 7 años». Lo del niño con la pelota y la niña con la muñeca me ponía de los nervios. Eso contribuye a que los roles estén ya desde el principio. Y en esa obsesión he fracasado totalmente. Mis hijas todo rosa, siempre con las princesas… Y yo digo: «Madre mía, cómo la he cagado». Están con las muñecas, con las cocinitas… Luego hay también obsesiones mías propias que he metido en la película porque me parecen graciosas. Yo una de las cosas en las que me empeñé fue la de los agujeros de las orejas, en no hacérselos, porque me daba pena. Yo decía: «Vamos a ver, te dan un niño, nuevo, a estrenar. Y lo primero que haces es agujerearlo». Y eso lo he metido tal cual, porque me parece que es una reflexión un poco friki, muy mía.

-¿Y conseguiste no agujerearlas?

-Sí, y he logrado que mi hija al final cuando ya tenía 7 u 8 años, me dijo: «Quiero hacerme los agujeros». Y yo recuerdo ir con ella a la farmacia, y de camino me preguntaba: «¿Me va a doler, papá?». Y yo: «Bueno… un poco». Te sale un poquito de sangre, pero luego te ponen un hielo. Yo en plan cabrón, metiéndole más miedo todavía, y en la puerta de la farmacia me dijo: «Bueno, si eso ya otro día», ¡ja, ja!

-Pero luego lo que suele pasar es que quieren hacerse cuatro o cinco más…

-Dieciocho. Y piercings, claro. Lo que pasa es que yo como tutor hasta los 18 tengo que decirles: «Muy bien hija, tú te haces un piercing y es todo muy divertido, ja, ja, ji, ji. Pero te lo quitas y te queda ahí un agujero para toda la vida. ¿Qué interés tiene eso para ti?». Si logro que se le meta eso en la cabeza, pues perfecto. Ahora, si a los 18 me llega y me dice: «Mira, mi padre ha estado en contra de los piercings y me voy a hacer 500»... Pues ahí no puedo hacer nada. La mayoría de padres intentamos hacerlo lo mejor posible, pero no somos psicólogos ni pedagogos. Uno es camionero, otro es fontanero, otro hace peliculitas absurdas… Yo me recuerdo mucho a mi madre, que para mí ha sido la mejor del mundo, nos ha querido infinito. Estaba agobiada y un día me dijo: «Hijo, yo lo he hecho lo mejor que he podido, igual os habría podido educar mejor»… Y yo pensando: «Bueno, la pobre estará decepcionada», ¡ja, ja! Pero lo ha hecho estupendamente. Me daba pena ver a esa mujer agobiada, ¡pidiendo perdón! Por otro lado mi padre, vamos... nunca, nunca, le he visto la menor preocupación.

-Hablando de Cañita... Él lo que está es deseando que hagas «Torrente 6».

-¡Hombre! Pero vamos, pero si está todo el rato: «Santiago, en noviembre, lo hacemos en noviembre. Es que además tiene cosas como clarísimas en su cabeza, que dice: «Tengo que correr, en la película tengo que salir corriendo, que eso gusta mucho». Y luego él piensa que la gente va a ver Torrente solo si sale él. Me dice: «En Coruña se me quiere mucho». Es un tío entrañable. A mi hija, por ejemplo, le cae superbién. A veces me llama y se pone a hablar con Sirena. Yo debo reconocer que le tengo mucho cariño.

'Torrente' no querían que la protagonizara yo, ¡y esta tampoco!

-Pues a ver cuándo os animáis. Dijiste que querías hacerla tipo «Rocky», con un Torrente ya jubilado.

-Sí, como Rocky Balboa. Después de cinco películas y 17 años después, hace la sexta, y pensé: «Joder, qué grande es Stallone». Es un personaje. Y le admiro eh. Por ejemplo, Rocky III creo que dentro de su género funciona como un reloj suizo. La veo cada año o dos años, es en la que sale Mr. T, y esa está escrita y dirigida por Stallone.

-Él también quiso ese doble papel.

-No le dejaron dirigirla, pero luego por lo menos le cogieron de protagonista. En eso sí hay un paralelismo, porque Torrente no querían que la protagonizara yo, y la de Padre no hay más que uno, ¡tampoco! Me decían: «Dirígela tú y coge a alguien». Y yo: «Joder macho, ¿pero qué pasa? ¿No os fiais de mí para hacer de padre? Si tengo dos hijas». Así las meto y nadie piensa que es imposible, ja, ja.

-¿Qué te pasó en Twitter? A veces se lía cuando comentas algo.

-No se puede decir nada, la gente está muy crispada. Sácalo de contexto, tergivérsalo, pero déjame explicarme. Habla conmigo, no me insultes directamente. Y luego la gente te dice: «¡Hay que mojarse!». Pues yo me mojo en la ducha todos los días, pero por qué tengo que mojarme, si no soy político ni nada.

-Eso se cura riéndose en el cine.

-Yo lo recomendaría, ja, ja. Los momentos que he pasado en una sala a oscuras... es que es maravilloso. Y ver una película solo en tu casa es una experiencia muy bonita también, pero no se puede comparar. Bueno, la verdad es que te he contado mi vida entera.

-A cambio iré a ver la película.

-Y te dejo que me llames para insultarme si no te gusta, ¡ja, ja!

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