Kallifatides, viaje a través del siglo XX de la mano de la madre y en pos del padre

Galaxia Gutenberg publica un nuevo libro autobiográfico del escritor sueco de origen griego, «Madres e hijos», que en un año pasó de ser autor desconocido a imprescindible

Theodor Kallifatides, cuando aún no había cumplido un año, en una fotografía en la que aparece en brazos de su madre. La imagen preside la portada del libro «Madres e hijos». A la derecha, el escritor griego afincado en Suecia -retratado por Bengt Oberger-, durante una lectura de su obra «Otra vida por vivir» en la feria del libro de Göteborg del 2017
Theodor Kallifatides, cuando aún no había cumplido un año, en una fotografía en la que aparece en brazos de su madre. La imagen preside la portada del libro «Madres e hijos». A la derecha, el escritor griego afincado en Suecia -retratado por Bengt Oberger-, durante una lectura de su obra «Otra vida por vivir» en la feria del libro de Göteborg del 2017

Redacción / La Voz

Theodor Kallifatides (Molaoi, Laconia, Grecia, 1938) ha cumplido ya los 82 años. Llega una cierta edad en que el escritor -y la persona- echa la vista atrás en busca de su identidad, tratando de escrutar el pasado, quizá en un amago de hacer balance vital pero también en pos de la respuesta a una eterna pregunta: «¿Quién soy?». Hace algún tiempo que Richard Ford, por poner un ejemplo ilustre, anda en la tarea. También Kallifatides, un absoluto desconocido en España hasta hace apenas un año, hasta que, gracias al sello Galaxia Gutenberg, llegaron al castellano El asedio de Troya y Otra vida por vivir, y hoy, cuando está a punto de publicarse Madres e hijos, este miércoles, ya es alguien que casi forma parte de la familia. Son tres obras que apelan a la memoria, con un fortísimo aroma autobiográfico, y que conllevan, en el caso de las dos últimas, el regreso, más de cincuenta años después, al idioma materno -El asedio de Troya aún estaba escrita en sueco-, lo que habla a las claras de ese reencuentro con las raíces, en un gesto que no puede ser cosmético sino solo consecuencia de una necesidad de carácter íntimo, urgente.

Kallifatides -que arribó en un autoexilio a Suecia en 1964- recurre en El asedio de Troya a sus recuerdos de la ocupación de Grecia por los nazis en la Segunda Guerra Mundial para recrear la Ilíada. Vuelve así a su niñez, a la escuela, para evocar cómo fue su primera percepción de la obra de Homero, un descubrimiento que, dice, nunca olvidó y que todavía sigue teniendo vigencia como gran clásico antibelicista. Usa un lenguaje sencillo, muy cerca de lo coloquial, de la oralidad, y las aventuras de Aquiles y Héctor llegan al oído como un cuento para niños y, por supuesto, para los adultos.

Con ese mismo lenguaje sin pretensiones narra en Otra vida por vivir -en la que, a los 77 años, responde a un bloqueo creativo con un viaje a Grecia y al idioma natal- su reconciliación consigo mismo, con el emigrante, con el trasterrado, con el envejecimiento, con la vieja Europa y cómo maltrató a su país, con la escritura... «La emigración es una especie de suicidio parcial. No mueres, pero muchas cosas mueren dentro de ti. Entre otras, tu lengua», afirma para admitir que se siente orgulloso de no haber perdido su griego después de 55 años de residencia sueca, lo que considera «un acto de amor» y «una victoria contra el olvido y la indiferencia».

Madres e hijos es igualmente fruto de una visita a Atenas, cuando Kallifatides contaba 68 años, para ver a su madre, consciente de que quizá sería su último encuentro. Se reúnen para, a su vez, celebrar el pasado, recordar, evocar la figura paterna y la historia de una familia que está marcada por el exilio.

Sobre estas charlas que se prolongan durante una semana Kallifatides levanta después su libro, en el que cose los textos que dejó redactados su padre para explicarse con todas las penalidades que pasó -como su reclusión bajo el nazismo-, pero también su entrega a la vocación de maestro.

Kallifatides reflexiona sobre cómo puede vivir y escribir entre la falta de humor de Suecia («que se considera seriedad») y la falta de seriedad de Grecia («que se considera humor»). Y lo logra en este viaje a través del siglo XX de la mano de la madre -a quien homenajea- y en pos del padre.

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