Thomas Vinterberg vende en San Sebastián un recargado cóctel de vodka y culpa luterana en su nuevo filme «Druk»

La cinta «Passion Simple», de la realizadora francesa Danielle Arbid, es una acrítica exaltación de un rol femenino de sumisión ante el macho alfa

El siempre poderoso actor Mads Mikkelsen protagoniza el nuevo filme del realizador danés Thomas Vinterberg, «Druk»
El siempre poderoso actor Mads Mikkelsen protagoniza el nuevo filme del realizador danés Thomas Vinterberg, «Druk»

San Sebastián / E. La Voz

Casi todas las películas que cayeron sobre esta segunda jornada del festival llegan con ese Cannes Label que se suponía etiqueta negra pero en realidad se perfila ya claramente como el virus troyano con el cual el listísimo Thierry Frémaux ha procurado lastrar a otros certámenes incautos.

Solo así comprendo cómo se ha colado aquí Passion Simple, tremebunda película en la cual la directora francesa Danielle Arbid desata una obra de machismo cavernícola que convertiría, por contraste, a cineastas tildados -seguramente con justicia- de machirulos como Abdelatif Kechiche en apóstoles del Me Too. O que hacen buena a aquella otra Pasión turca de cuando el notable Vicente Aranda ya devenía tan solo viejo verde.

Los actores Sergei Polunin y Laetitia Dosch, en la presentación de «Passion Simple»
Los actores Sergei Polunin y Laetitia Dosch, en la presentación de «Passion Simple»

En Passion Simple se cuenta una de esas atracciones físicas llevadas a la adicción, la que empuja a su protagonista, Laetitia Dosch, a una esclavitud mental u hormonal servil, arrostrada ante la drogodependencia sexual de un gángster ruso que la utiliza y humilla como objeto, sin ofrecerle a cambio otra cosa que su más zafio rol de empotrador. Ningún problema en narrar una relación con estas reglas, frecuente e intercambiable entre ambos sexos en la vida real. El gran conflicto -y el cabreo- se produce cuando en vez de estar descrita como una debilidad febril o una derivada del desequilibrio o la fragilidad emocional, Arbid la filma con maneras de fotonovela erótica de Playboy TV.

Y hasta endulza ese sometimiento con un popurrí de baladas estándar de Gilbert Bécaud, Marino Marini o Leonard Cohen. Emboza como pseudo-romántica la toxicidad de un dominio y de unos roles que enaltecen el cliché de la mujer burguesa mantenida por su exmarido y deturpada como corderillo del macho alfa con tatuajes ultras. A mí me ofende profundamente en sus formas groseras y en su fondo alienante. Otros y otras salían de la sala encantados de conocerse.

También de la ganadería Cannes 2020 es Druk, del cineasta danés Thomas Vinterberg. En ella se habla del alcohol como droga social que denota la patología de una sociedad entera. Vintenberg pretende desnudar aquí las costuras opresoras del luteranismo danés en un cóctel de vodka y de culpa muy recargado. Le salía mucho mejor en La caza, donde -como aquí- el siempre poderoso Mads Mikkelsen era fruto de la persecución de un supuesto paraíso de tolerancia. Pero en el que, de fondo, amenaza siempre el cadalso de la religión oscura.

Su club de alcohólicos metidos a aprendices de brujo de la liberación de ansiedades tiene el pie forzado. Y si ese clímax con Mikkelsen de bailarín lo hace Ryan Gosling, las quejas por amaneramiento se escucharían en Beijing. Pero Vinterberg es un buen empaquetador de películas aparentes y este Druk tiene pinta de llevarse premio etílico.

Johnny Depp produce el tributo al mito del punk, Shane MacGowan, líder de The Pogues

Cuando este festival vive de la autarquía de estrellas, la visita de Johnny Depp debe ser algo así como una bendición papal. Llegó Depp para presentar la cinta Crock of Gold, que dirige Julien Temple. Y que es un documental de corte muy clásico, tributo al líder del grupo The Pogues, banda que revolucionó el panorama musical irlandés con sus temas que tanto hicieron como ariete del orgullo frente al imperio británico.

Johnny Depp saluda a sus admiradores en la playa de La Concha, durante la presentación del documental sobre Shane MacGowan
Johnny Depp saluda a sus admiradores en la playa de La Concha, durante la presentación del documental sobre Shane MacGowan

El filme se centra en las conversaciones que mantiene Shane MacGowan -o lo que queda de él, física y mentalmente triturado por el alcohol- con su coleguilla Depp, que le ríe las gracias como a destiempo. Y, sobre todo, con el político Gerry Adams, el exlíder del Sinn Féin, cuyo papel de maniquí, de gris convidado de piedra con casi una hora en pantalla, te intriga por su vacuidad. Tal vez busque empleo en la BBC.

Series

De entre la incomprensible profusión de series de televisión que ocupan pantalla grande en el festival cuando está tan caro su espacio (una decisión ideológica a la que no encuentro justificación) la que tiene pinta de mayor interés creativo es We Are Who We are, con la firma del presidente del jurado del certamen, el realizador italiano Luca Guadagnino. De este autor me parece una cima del gran cine desquiciado The Big Splash, esa joya rodada como en estado lisérgico, que en teoría iba a ser un remake de La piscina, el clásico francés de Jacques Deray. Pero que luego se revolvía como una fiesta del chivo, una felicísima orgía de la locura en la que Ralph Fiennes componía un personaje que quedará ahí y crecerá como figura de culto.

We Are Who We Are está ambientada en una base militar norteamericana en el Véneto, a donde llega una comandante casada con otra mujer. Y su hijo en plena confusión teen-ager de gustos sexuales. Arranca con muchas concomitancias con los estirados deseos de adolescente y de amores semiprohibidos de su celebrada Call Me By Your Name. Y en los primeros capítulos parece que a Guadagnino le cueste soltarse.

Los protagonistas de la serie televisiva «We Are Who We are», que dirige Luca Guadagnino
Los protagonistas de la serie televisiva «We Are Who We are», que dirige Luca Guadagnino

No desesperen porque, a medida que avanzan sus ocho capítulos, la historia va soltando bridas hasta acercarse a ese Guadagnino pansexual y desatado que es el más interesante. Como en HBO se puede ver ya el primer capítulo, no se fíen de la sobria apariencia. Y sigan apurando el trago largo. A partir de una fiesta muy loca en una piscina todo se sumerge en el apreciado exceso.

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