Julián Casanova: «Cuando se ejerce violencia en nombre de la nación o la raza resulta funesto»

El profesor aragonés presenta en su último ensayo, «Una violencia indómita», un nuevo enfoque sobre el convulso siglo XX europeo

El historiador Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel, 1956)
El historiador Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel, 1956)

«Creo que no hay ningún libro en ningún idioma que haya trazado esta visión telescópica, transversal, de lo que llamo violencia sin fronteras», escribe sobre su ensayo Una violencia indómita. El siglo XX europeo (Crítica) Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel, 1956), catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y uno de los historiadores españoles más prestigiosos.

-¿En qué consiste su enfoque?

-Rompo con la periodización y la división del siglo XX en dos mitades, una primera muy violenta y una segunda pacífica que refleja el enfoque francobritánico y minusvalora lo sucedido en Europa central y del este, en España, Portugal o Grecia, donde continuó la violencia tres décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Incluso en los países democráticos occidentales tampoco desapareció la violencia, que emplearon en las guerras sucias contra la rebeliones nacionalistas en las colonias. Pero según la visión que tenían las élites y los intelectuales europeos todo lo que había pasado antes de 1914 era un tiempo feliz, sin reconocer la ruptura que habían supuesto el colonialismo y el imperialismo, que marcaron la senda de la violencia que estalló con una intensidad desconocida en Europa a partir de la Primera Guerra Mundial. Además, me ocupo de tipos de violencia que han quedado ocultos, como la sexual contra las mujeres o las limpiezas étnicas.

-Cuando nos referimos al siglo XX y a la violencia siempre nos centramos en dos totalitarismos, nazismo/fascismo y comunismo, pero hay un tercero, el colonialismo europeo, que Adam Hochschild llama «el tercer sistema totalitario». ¿Por qué al hacer recuento queda en segundo plano?

-Porque la visión triunfal tras la Segunda Guerra Mundial hizo que se olvidara esa parte de la historia que divide. Ahora vemos la destrucción de las estatuas en EE.UU. y el Reino Unido, en Bélgica se cuestiona a Leopoldo II... Hay una revisión, a veces historiográfica, y otras solo un uso político del pasado. El Reino Unido, Francia, Alemania y Bélgica evitaron entrar en esa época que para ellos no era gloriosa porque dividía, era profundamente oscura, y se plasmó en los libros de texto, ha costado mucho revisarlo y aún hoy está en debate.

-¿Qué factores están detrás de la violencia indómita?

-La violencia indómita surge en momentos de quiebra, pero no es algo abstracto, detrás hay cinco factores fundamentales: nación y raza, sobre todo, e ideología, religión y género. Cuando en nombre de esos grandes valores se ejerce la violencia está comprobado históricamente que los resultados son funestos. Raza y nación están detrás de los mayores crímenes del siglo XX, del genocidio armenio al Holocausto, de los Balcanes al estalinismo.

-En la segunda mitad del siglo XX Europa es un continente dividido, en el que el triunfo aliado no llevó la libertad y la democracia a muchos países.

-Trato de demostrar que al menos hay tres Europas en ese período, que solo empiezan a unificarse a partir de 1974-75 con la caída de las dictaduras que venían del fascismo y de 1989-91 con las del bloque soviético. Pero cuando parecía que había llegado el fin de la historia, según Fukuyama, apareció la vieja Yugoslavia. Por eso rompo con la idea francobritánica y me voy por lo que llamo las carreteras secundarias. Hay una autopista, que es la carretera general, británica, francesa, las élites, y hay carreteras secundarias que si no vas a ellas no ves el paisaje, a otras gentes, el padecimiento, no ves a las mujeres.

-Otro de los grandes debates gira en torno a la equiparación o no de nazismo y comunismo. ¿La violencia que emplearon fue similar?

-Hay grandes similitudes y grandes diferencias. La clave no es la cuantificación, cuántos mataron cada uno. Hay quienes defienden que Stalin está a la altura o por encima del Holocausto, con lo cual este no es excepcional. Yo defiendo la vía historiográfica, que dice que la excepcionalidad del exterminio judío no se repite en los campos de trabajo de Stalin, hay una gran diferencia.

-En el epílogo analiza el uso político de la memoria.

-La historia de Europa son pasados fragmentados, memorias cruzadas y presentes divididos. España tiene las tres características en grado máximo. Esa tríada está absolutamente en todos los sitios y afecta a los libros de texto, a la polémica de las estatuas, a los museos, a qué hacer con la gestión pública del pasado y a su revisión.

-¿Se puede volver a reproducir esa violencia indómita?

-Mientras el Estado controle la violencia esta no puede ser indómita. Esta se da en el momento en que hay una quiebra, el Estado no la controla, surge el paramilitarismo, las Fuerzas Armadas se dividen, se provocan golpes de Estado, guerras civiles, revoluciones, contrarrevoluciones. La violencia indómita en Estados como los europeos es muy difícil, es nuestro gran logro. Lo cual no quiere decir que no puedan volver ecos del pasado. Está mucho más cerca de la violencia indómita EE.UU., porque tiene armas mucha gente que no debería tenerlas, que países como Alemania, Italia o España, donde el Estado tiene el monopolio de la violencia.

«La violencia sexual contra la mujer sale muy barata»

Casanova presta especial interés a la violencia sexual contra las mujeres. «Hasta que pasó lo de Bosnia y se vio que una de sus peculiaridades era la violencia sexual la historiografía no se puso a trabajar», admite. «Lo que yo recojo es un hilo conductor que va desde la violencia colonial a la limpieza étnica en Armenia, la conquista nazi del este de Europa, los castigos de las colaboracionistas en los días de la liberación de Francia, las violaciones masivas de mujeres alemanas por tropas soviéticas y por último las de musulmanas en Bosnia», relata.

-Es una violencia que no es propia solo de ciertas ideologías, como muestra con los casos del rapado de las mujeres.

-Hay un planteamiento en mi libro: no hay que buscar solo ideologías políticas detrás de la violencia, hay ideas como la nación o la raza que a veces están por encima.

En el caso del rapado del pelo, lo hacen los antifascistas contra las colaboracionistas en Francia o los fascistas en España tras la Guerra Civil. Trato de demostrar que por mucho que la gente crea que la historia es blanca o negra, roja o azul, no es así, hay violencias transversales, transnacionales, que normalmente vienen vinculadas a la raza y a la nación, donde las políticas de exterminio pasan por encima de las ideologías, y el género es una de ellas. La violencia sexual contra la mujer en tiempos de quiebra sale muy barata. Hasta los años 90 a nadie se le acusó por estos crímenes. A las mujeres las violan porque se las ve como símbolo de la identidad de la comunidad que se quiere exterminar, por eso se hace públicamente, delante de sus maridos y sus hijos. Esta violencia la han sufrido comunistas y fascistas, cristianas y musulmanas.

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