Don Winslow: «Nos la jugamos en semanas entre la democracia o el fascismo de Trump»

El escritor estadounidense reúne en su nuevo libro, «Rotos», seis relatos de su universo literario pero con registros muy diversos

El narrador estadounidense Don Winslow (Nueva York, 1953)
El narrador estadounidense Don Winslow (Nueva York, 1953)

Autor de 21 novelas, entre las que destacan la trilogía compuesta por El poder del perro, El cártel y La frontera, Don Winslow (Nueva York, 1953) publica Rotos (HarperCollins), un libro que consta de seis relatos largos. Exdetective privado, experto en la lucha antiterrorista y consultor judicial, es uno de los referentes mundiales de la novela negra. Winslow, que ha emprendido una cruzada contra la reelección de Donald Trump, atiende a La Voz desde Rhode Island. Asegura que su vida cotidiana no ha cambiado demasiado por la pandemia, porque, normalmente, pasa «mucho tiempo solo trabajando».

-Ha pasado de escribir grandes novelas a seis relatos...

-Durante los últimos años he escrito novelas de una gran extensión y un estilo más épico, en las que hay muchos personajes, transcurren en muchas localizaciones e incluso a veces se extienden durante décadas, mientras en estos relatos hay uno o dos personajes principales, suceden en un solo lugar y, como mucho, en un período de varias semanas. Fue un cambio bastante grande y tuve que adaptar el ritmo, que es más rápido e intenso.

-Hay relatos muy violentos, como «Rotos», y cómicos, como «El zoo de San Diego». ¿En qué registro se siente más cómodo?

-Espero encontrarme cómodo en todos los estilos. Pienso que los escritores estamos constreñidos por lo que se espera de nosotros. Suelo decir que me gusta tocar distintas canciones. Soy muy aficionado al jazz y cuando se piensa en Charlie Parker se hace en sus creaciones de un estilo rápido, movido, pero también me gusta escuchar sus baladas, más lentas. Yo también aspiro a tocar distintos tipos de música. Me gusta concebir este libro como si fuera una composición de jazz, como si empezara y terminase en el mismo acorde y durante la trayectoria intermedia se dieran movimientos que transmitieran distintos estados de ánimo. De hecho, la primera historia es una búsqueda con intenciones malvadas y la última también, pero con objetivos buenos.

-Por sus relatos transitan muchos personajes rotos...

-Todos están rotos en alguna medida, es algo que es así en este universo literario. Es muy difícil que haya un personaje, ya sea un criminal, un policía, un periodista, un abogado, que no esté parcial o completamente roto. Para mí, lo verdaderamente interesante no es solo eso, sino si son capaces de recomponerse.

-El protagonista del último relato, «La última carrera», es un policía de la frontera con México, votante de Trump, que queda impactado por la mirada de una niña salvadoreña encerrada en un jaula tras ser detenida y que se salta la ley para salvarla.

-Quería escribir sobre la vergüenza, el mal que está haciendo mi país al meter a niños en jaulas separándolos de sus padres, que es una consecuencia de las políticas de Trump. Creo que a menudo los periodistas pueden contar los hechos, pero quienes escribimos ficción podemos contar verdades, tenemos una libertad que los periodistas no tienen, que es inventar, reflejar las emociones de los personajes, lo que nos permite ir más allá de los titulares y desde un punto de vista más individual, que es precisamente lo que hace que cambien las opiniones de la gente. Hay una enorme diferencia entre leer titulares sobre inmigración ilegal, entre comillas, a ver realmente el sufrimiento de la gente.

-¿Qué se juegan los estadounidenses en las elecciones del 4 de noviembre?

-Nos jugamos la democracia americana. Para mí son las elecciones más importantes desde 1860, cuando tuvo lugar la guerra civil y tuvimos que decidir si queríamos seguir manteniendo la esclavitud y eso dividió el país. 700.000 vidas más tarde decidimos que no queríamos mantenerla. En estas elecciones nos enfrentamos a la decisión de continuar la lucha por unos ideales democráticos o dejarnos caer en este fascismo criminal que representa la Administración Trump. Creo que en unas cuantas semanas nos jugamos el futuro de la democracia estadounidense.

-¿Cree que hay una mayor concienciación contra el racismo?

-Desde luego. Viví las protestas violentas de los 60 que no cambiaron prácticamente nada. Lo que pasa ahora me transmite una sensación distinta, creo que estamos en un punto de cambio. Hay razones para ser optimista. El libro empieza con una cita de Hemingway, cuya segunda mitad es más interesante, dice que nos hacemos más fuertes en las partes en que nos hemos roto. En EE.UU. ha habido muchas roturas en los últimos años, relacionadas con la Administración Trump, las cuestiones raciales y la pandemia y esto nos está obligando a enfrentarnos con más seriedad a la pregunta de ¿quiénes somos y quiénes queremos ser? Espero que salgamos de todo más fuertes, creo que va a ser así, en la cuestión racial y en muchas otras.

«La guerra contra las drogas ha sido y será siempre un esfuerzo inútil»

«Llevamos cien años enfrentándonos a este problema y el resultado es que las drogas son ahora más potentes, más numerosas y menos caras que antes, ahora hay más muertes por sobredosis que nunca», señala Don Winslow, el autor que tantas páginas ha dedicado al narcotráfico. «La guerra contra las drogas no funciona por muchas razones; en primer lugar, porque no es una cuestión militar sino un problema de salud pública», añade. «Antes de la pandemia comenzaba a desacelerarse el uso de opiáceos, pero por desgracia las cifras se han vuelto a disparar», explica. En su opinión, «se debe principalmente a la soledad que está experimentando la gente y la incapacidad para tener acceso a los servicios de salud». Su conclusión es que «la guerra contra las drogas ha sido y será siempre un esfuerzo inútil».

«Creo que no vamos a obtener una respuesta a este asunto básicamente porque no estamos planteando las preguntas adecuadas», afirma. «La pregunta es: ¿por qué se hace uso de las drogas? Generalmente, las sustancias se utilizan para tratar el dolor, sea físico o emocional. ¿Se trata de dolor social, económico, racial?, ¿cuál de ellos está haciendo que se quiera acabar con él mediante estas sustancias?», explica. «Nos gastamos miles de millones de dólares para evitar que este tipo de sustancias se muevan de un lugar a otro cuando, en mi opinión, ese dinero estaría mejor gastado si lucháramos directamente contra este malestar, podríamos mejorar la educación, que sabemos que sí funciona, y estimular la generación de empleo, dirigirnos a la raíz del problema en lugar de tratar los síntomas», aduce Winslow.

-Sus policías suelen saltarse la ley por venganza o por sentido de la justicia. Incluso usted ha dicho que hay policías jubilados que le han confesado que se arrepienten de no haberlo hecho.

-No es mi trabajo realizar juicios morales porque entiendo que mi función es llevar al lector a un mundo que de otra manera sería inaccesible para él o, si lo fuera, para que lo vea de manera distinta. La técnica que elijo es narrar las historias a través de los ojos de los personajes. Desde luego que tengo mi opinión personal sobre la ética y la legalidad, pero cuando estoy trabajando intento no dejarme llevar por esto.

-¿Qué opina del manifiesto contra la cultura de la cancelación [repudio de un personaje público por una acción o comentario]?

-La cultura de la cancelación, que a los autores se los censure o se les oprima, es un peligro, venga de la izquierda o de la derecha.

«La novela negra es subversiva y revolucionaria»

Los personajes de los libros de Winslow se sitúan en una línea difusa entre el bien y el mal y suelen ser gente humilde. «Al tener conflictos consigo mismos son más interesantes y diría que más realistas», explica. «Llevo mucho tiempo en este mundo, primero como investigador y luego como escritor, y lo que he podido aprender es que hay muchos más grises que blancos o negros. Y a mí me parece mucho más interesante el gris», señala. «En cuanto a los orígenes de mis personajes, vengo de la clase trabajadora y no me interesa la beautiful people, la gente más poderosa», asegura. Además, añade, «el género de la novela negra por naturaleza es subversivo y revolucionario en la medida en la que representa a las clases más bajas, y yo me adscribo a esta tradición».

-En sus novelas dibuja un mundo dominado por la violencia, la corrupción y el abuso descarnado del poder ante los que el individuo poco puede hacer. ¿Tiene una visión nihilista de la vida o cree que hay esperanza?

-Me sorprende escuchar que hay lectores que hallan que en mis libros no hay lugar para la esperanza. Tienen, claro, derecho a hacer todas las interpretaciones que quieran. Pero voy a decir algo que creo que nunca he mencionado antes: creo que el nihilismo no es una elección, es casi un pacto de suicidio; cómo se levanta uno por las mañanas, qué se puede hacer si se piensa así. Estoy de acuerdo en que mis libros pueden expresar una visión dura y difícil del mundo, pero esto no puede sorprender a nadie tratándose del tipo de mundo que reflejo. Si uno piensa en la trilogía del Cártel todos los actos de violencia sucedieron realmente, no me estoy inventando nada. Por lo tanto, no diría que soy nihilista ni siquiera pesimista, más bien soy escéptico. Deberíamos hacer todo lo que esté en nuestra mano, aunque sean cosas muy pequeñas, para mejorar el mundo. En este sentido soy una persona bastante optimista.

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