Quino, creador de Mafalda, universal símbolo de rebeldía y de fe en un mundo mejor

HÉCTOR J. Porto REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Quino, cuando recibió en octubre del 2014 el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades e inauguró en el ovetense parque de San Francisco la estatua que recuerda a Mafalda
Quino, cuando recibió en octubre del 2014 el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades e inauguró en el ovetense parque de San Francisco la estatua que recuerda a Mafalda Eloy Alonso | reuters

El artista argentino deja una obra amplia pero eclipsada por su pequeña niña

02 oct 2020 . Actualizado a las 22:18 h.

Él siempre decía que quería tanto a cualquiera de sus muchos personajes -incluso los considerados menores- como a su niña del sempiterno lazo, pero Mafalda eclipsó para siempre la muy amplia obra de Joaquín Salvador Lavado Tejón, universalmente conocido como Quino, apelativo fruto del esfuerzo familiar para diferenciarlo, ya desde chiquito, de un tío suyo, Joaquín Tejón, también artista, pintor y diseñador gráfico publicitario. Incluso se permitía mostrarse levemente celoso, casi molesto, porque aquella niña había sido su ocupación por un tiempo determinado -la tira cómica apareció por primera vez en 1964 y lo dejó en 1973, tras confesar que el filón estaba agotado- y desde entonces había trabajado otras cinco décadas.

La pequeña se había convertido en universal símbolo de la rebeldía y de la fe en que es posible un mundo mejor. Con sus ideas progresistas, su franqueza infantil, su humor, su enmascarada intelectualidad y su apañado grupo de amigos saltó la cerca argentina y llegó inmediatamente a toda Hispanoamérica y, enseguida, al resto del mundo. Esa filosofía de Quino (Mendoza, Argentina, 1932) que apelaba a los problemas, inseguridades e inquietudes del ciudadano de a pie, de una clase media entonces emergente que luchaba por sobrevivir, que se enfrentaba calladamente a las injusticias, cuajó muy hondo, trascendió las fronteras del idioma y se convirtió en lenguaje absolutamente planetario.

Joaquín Salvador Lavado falleció este miércoles a los 88 años. Llevaba ya un tiempo con su salud muy tocada, y arrastraba serios problemas de movilidad y visión. «Se murió Quino. Toda la gente buena en el país y en el mundo lo llorará», escribió en su cuenta de Twitter Daniel Divinsky, socio fundador de Ediciones La Flor y quien publicó las tiras del autor durante años. De hecho, el sello dio el salto, gracias a su fichaje, desde la condición de amateur a la de profesional: del tomo número 6, el primero que sacó, imprimió 200.000 ejemplares.