El piloto sin metas

Carlos Sainz, ganador del Premio Princesa de Asturias de los Deportes, sigue ganando carreras tras cuarenta años de profesión

Carlos Sainz celebra su tercera victoria en el Dakar
Carlos Sainz celebra su tercera victoria en el Dakar

Cuarenta años detrás de un volante. Se puede decir con certeza que Carlos Sainz Cenamor, que ha cumplido 58 años, (Madrid, 12 de abril de 1962) se pasado la mayor parte de su vida persiguiendo algo a toda velocidad. A veces, muchas, lo alcanzó e incluso llegó el primero, otras se quedó en el camino (¡Trata de arrancarlo, Carlos!). En algún momento quiso irse. Pero desde que comenzara, allá por el año 1980, nunca lo abandonó del todo. O fue el coche el que no lo abandonó a él.

Por eso ha ganado el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2020, cuyo jurado recordó que Sainz “ha sido elegido el mejor piloto de rallies de todos los tiempos. Ha conquistado en dos ocasiones el mundial y ha ganado tres veces el Dakar, el deportista más veterano en lograrlo, a la edad de 57 años”. Y no ahorró elogios: «El carismático piloto español ha dejado constancia siempre de un gran espíritu de superación y competitivo combinado con el esfuerzo, la disciplina y la solidaridad».

Allá por el año 1981, un joven Carlos Sainz, campeón de pádel, abandonará los estudios de derecho para meterse de lleno ?ya lo estaba, de hecho- en el apasionante mundo del motor. Un mundo duro, física y mentalmente, en el que hay que luchar con la armadura completa. Ese año ganó su primer premio, la Copa Seat Panda (el Panda, aquella caja de zapatos con ruedas y asientos de lona, el primer coche de tantos adolescentes de los ochenta) y la Copa Renault Iniciación. Apuntaba un futuro brillante… y largo.

Varias veces campeón del mundo, Carlos Sainz está considerado, y sigue siendo, uno de los mejores pilotos del panorama internacional. Todavía la semana pasada se ponía a los mandos para competir en el rally de Andalucía; llegará a Oviedo casi con barro en los neumáticos.

Mientras otros jóvenes militaban en la alegre ‘movida madrileña’, él corría y corría. Nunca tenía suficiente. En 1983 y 1984 compaginó carreras de rally y de velocidad, y en 1985 quedó segundo en el Campeonato de España con Renault, título que revalidó un año después. En 1987 fichó por Ford y se proclamó campeón de España, participó en tres carreras del Mundial de Rally y, al año siguiente, repitió el título nacional.

En 1989 participó en su primera temporada completa en el Mundial y llegó la década de los noventa. En 1990, en el equipo Toyota, logró su primer campeonato del mundo, después de ganar cuatro de las diez pruebas en las que participó y ser segundo en otras cuatro. En 1992, después de quedar segundo en el Campeonato del Mundo del año anterior, volvió a revalidar la corona mundial, con cuatro victorias en otras tantas pruebas. Las estanterías de su casa empezaban a quedarse pequeñas para tanto trofeo.

En los años 1994, 1995 y 1998 repitió el segundo puesto en el campeonato, en 1997 fue segundo y en 2000, 2002 y 2003 ocupó el tercer puesto final. En 2004 subió al podio en el Rally de Argentina, lo que le llevó a convertirse en ese momento, con 26 victorias, en el piloto de rally que más pruebas ha ganado en la historia del campeonato del mundo, superando al británico Colin McRae.

Y una pausa

El balance es impresionante hasta ese momento. En total, Carlos Sainz ha terminado 97 veces en el podio en pruebas individuales. Hay un ‘stop’ en la vida del piloto, cuando en 2004 anuncia su retirada, lo que es una conmoción en el mundo del motor.  "He decidido dar un cambio en mi vida y poderme dedicar un poco más a mi familia",  afirmaba Sainz en una multitudinaria conferencia de prensa celebrada en su pista de kárting en la localidad madrileña de Las Rozas. Tuvo más peso la familia: «Hoy me ha dicho mi hija que no sabe montar en bici... y tiene seis años. Imaginaos».

El asunto personal era crucial, pero él mismo no ocultaba que había marea de fondo. El piloto madrileño justificaba también su decisión en los cambios producidos en el Mundial de rallies de aquellos años, con los que fue crítico, y la negativa de la Federación Internacional de Automovilismo de reducir de dieciséis a doce las pruebas del calendario. Un programa extenuante.

La hija de Sainz tuvo tiempo de aprender a montar en bici con su padre. Sin embargo, no sería mucho más lo que tardó en reaparecer: en junio del año siguiente volvió a la competición en el Campeonato Mundial.  «Vengo a dar el cien por cien», anunciaba entonces antes de una carrera a 30 grados de temperatura. Se despidió en el podio, un tercer lugar por detrás del gran Sebastian Loeb y Tony Gardemeister. Así que volvió a retirarse de los rallies definitivamente en el de Turquía, en el que terminaría en cuarta posición.

El camino no era una vía muerta: se producía un cambio de rumbo en su carrera, nada más. Y nada menos. En 2006 compitió en la Copa del Mundo de Raids con Volkswagen y al año siguiente, redondeó su palmarés con un tercer título de campeón del mundo, el del Mundial de Cross Country de la FIA.

Y llega el Dakar

Como nada era suficiente, se embarcó en la que tal vez es la prueba más exigente, el Rally Dakar. Creado por los franceses en 1978, durante muchos años la carrera partía de Paris para llegar hasta la capital de Senegal saltando de continente y atravesando desiertos y selvas. Luego empezó a cambiar de sitio por motivos políticos o económicos e incluso comenzó a celebrarse en Sudamérica, lo que no lo hacía menos duro.

Sainz se lanzó al Dakar como a todo, a fondo, sin freno. Después de correr en varias ediciones, en 2010 se alzó con el triunfo en su categoría de coches en el recorrido Buenos Aires-Antofagasta-Buenos Aires. Era la segunda vez que se celebraba en América tras la suspensión de la edición de dos años antes por amenazas terroristas; había que recorrer 9.000 kilómetros en 14 etapas durísimas durante el verano del Cono Sur, alguna de ellas de casi 800 kilómetros del tirón. Subió a lo más alto del podio, con Lucas Cruz, entre los 141 pilotos de coche y a bordo de un Volskswagen Touareg.

De nuevo Dakar

Después de varios años, en 2018 y a la edad de 55, llega otra hazaña: gana de nuevo el Dakar con un Peugeot 3008. Entre sus rivales directos, (de nuevo) el nueve veces campeón del mundo de rallies Sébastien Loeb y el trece veces ganador del Dakar (seis en coche y siete en moto) Stéphane Peterhansel. Un reto en condiciones.

La salida se dio el 6 de enero en la ciudad de Lima en dirección sudeste. Seis etapas y media, primero a través del desierto costero peruano y sus gigantescas dunas, como las peligrosas dunas de Ica, para luego subir al altiplano andino (promedio de 3.800 de altitud, una dificultad añadida muy considerable debido a la escasez de oxígeno) hasta el limítrofe lago Titicaca, en Bolivia.

En el país andino se corrieron cuatro etapas, incluyendo un paso por el camino que bordea el ya clásico salar de Uyuni. Sin dejar la altura, Argentina recibió a los competidores en su frontera noroeste, para organizar las últimas cinco etapas y media a través de los pasos y dunas del sector argentino de la cordillera de los Andes, entre ellas el célebre ‘infierno de Belén’, hasta finalizar en la ciudad de Córdoba. Se habían recorrido 14 etapas durante quince días y algo más de 8.000 kilómetros en casi 50 agotadoras horas, un impresionante promedio de 160 kilómetros por hora en terrenos agrestes. 

Por si fuera poco, repitió victoria este mismo año a bordo de un Mini Cooper y con Lucas Cruz, en la primera ocasión en la que el Dakar se disputó por primera vez en Asia, a lo largo de 5.116 kilómetros en territorio de Arabia Saudí. Desde la tercera etapa lideró la carrera y ya no soltó el primer puesto hasta el final.

Fuera de pista

Carlos Sainz también está involucrado en actividades de apoyo a jóvenes promesas a través de varias iniciativas, como la creación en 2000 del Carlos Sainz Junior Team, que durante dos años permitió competir sin gastos a jóvenes elegidos por su talento para este deporte.

En noviembre de 2004 recibió un homenaje en Madrid, en el que más de 100.000 personas se concentraron en un circuito por las calles de la capital. Ese año recibió la insignia de oro y brillantes de la Real Federación Española de Automovilismo (RFEDA). Entre otros honores, también ha recibido la Orden Olímpica del Comité Olímpico Español (1997), la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo (2001), la Medalla de la Juventud y el Deporte de Francia (2008) y el Premio Influential a la trayectoria profesional (España, 2020). En 2012 fue incluido en el Rally Hall of Fame del Museo Mobilia (Finlandia) y en 2019 fue incluido en el Salón de la Fama de Pilotos de Rally que creó la FIA.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

El piloto sin metas