«Verano del 85»: Bailarás sobre mi tumba

Miguel anxo fernández

CULTURA

Ozon maneja con equilibrio y sutileza esta historia sobre dos jóvenes que descubren el amor y la complejidad de las relaciones

24 oct 2020 . Actualizado a las 11:06 h.

Que Ozon está entre lo más granado del cine actual ni se discute. Tampoco evita algunos tics cargantes del cine francés, esos que parecieran pedir al espectador credenciales intelectuales para entrarle. Como lo es también que su obra no deja indiferente y en cada nueva película se renueva por versátil, de modo que ninguna se parece a la anterior, aunque otra vez aparece la literatura y la palabra, el cuidado formal a niveles de exquisitez, la ruptura temporal narrativa, el valor de la educación y ese docente guía, el universo LGBTIQ+, en fin, mimbres que planean sobre sus filmes en una amalgama (casi) siempre bien resuelta aunque a veces se pase de frenada.

En Verano del 85 funciona a la perfección la relación entre ambos protagonistas, el adolescente Alexis que descubre el amor y la complejidad de las relaciones de amistad cuando conoce a David, algo mayor, una especie de ángel con una ambigüedad inquietante, digna de un personaje de Highsmith. Pero pierde intensidad en los personajes contiguos, como esa madre vestida por Valeria Bruni Tedeschi, en una especie de locura que irrumpe e interrumpe el tono de la trama, o la secuencia de la morgue y su desenlace al borde de lo grotesco. Compensado con momentos sublimes, como cuando suena el Sailling de Rod Stewart en un walkman ochentero, y no hagamos spoiler pero recordemos a Boris Vian, la tumba y su baile...

Por cierto, una década de impecable recreación ambiental en una pequeña ciudad de Normandía. Eros y la amistad con sus quiebros, y el consiguiente Tánatos presente desde la primera escena, cuando el off de Alexis nos habla de un cadáver y nos introduce en el meollo, otra vez Ozon manejando con equilibrio y sutileza el tempo narrativo aunque la primera parte transita por lo previsible para meternos en una segunda que ya es todo lo contrario. Cierto que con temática parecida hubo títulos recientes como Moonlight (2016) o Call Me By Your Name (2017), pero había en ellas un barniz impostado que aquí se esquiva, quizá porque el guion de Ozon, que adapta una novela ajena, sabe de lo que habla, y recuerda bien un verano como aquel del 85.