Halley-Newton, la amistad que revolucionó la ciencia

Científicos hallan 300 ejemplares de Principia, la obra que escribió Newton pero financió Halley y que cambió la historia del Universo

Edmund Halley e Isaac Newton
Edmund Halley e Isaac Newton

En el siglo XVII una pareja de astrónomos ingleses protagonizó una de las mayores revoluciones científicas de la historia. Por entonces, el mundo estaba dominado todavía por la superstición, pero la luz se encendió con la Ilustración y atrás quedó el milenio de la Edad Oscura. Los curiosos volvían a ser libres para pensar y plantarse el por qué de las cosas. En aquella época había un debate que tenía ocupado a muchos sabios: la órbita de los planetas. Uno de las mentes que no dejaba de darle vueltas al asunto era la de Edmund Halley. El matemático tenía su residencia en Oxford, donde también vivía un físico que era famoso por descubrimientos sobre la naturaleza de la luz, pero también por ser un ermitaño y por realizar prácticas tan poco científicas como tratar de encontrar mensajes ocultos en la Biblia. Su nombre era Isaac Newton.

Halley sabía que Newton era muy bueno con el cálculo, así que decidió visitarle para conocer su opinión sobre el asunto del movimiento de los planetas. Para su sorpresa, Newton ya había descifrado el misterio. «La gravedad es proporcional al producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, por eso se mueven en elipse», le explicó. Halley no daba crédito. No solo le rogó que ordenase todos los datos para publicar un libro, sino que financió él mismo de su bolsillo la publicación de una obra que se titularía Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, más conocida como Principia. El destino quiso después que Halley utilizase el trabajo de Newton para desvelar otro misterio, el de los cometas. Descubrir que son cuerpos astronómicos que se rigen por leyes naturales y no un castigo enviado por los dioses puso fin a miles de años de superstición.

Un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de California (Caltech) ha hallado 200 nuevas copias del libro publicado en 1687. Los investigadores encontraron evidencias de que los Principia, que se pensaba que estaban reservados solo para un grupo selecto de matemáticos expertos, eran más leídos y comprendidos de lo que se pensaba. «Una de las conclusiones que hemos tenido es que la transmisión de la obra y sus ideas fue mucho más rápida y abierta de lo que asumimos, y esto tendrá implicaciones en el trabajo futuro que nosotros y otros estamos haciendo sobre este tema», explicó Mordechai Feingold, profesor de Historia de la Ciencia y las Humanidades en Caltech. «La influencia de Newton ejerció una influencia considerable en muchos otros aspectos de la vida, y eso es lo que hizo él una figura tan canónica durante el siglo XVIII y más allá», añade.

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