Javier Gutiérrez: «Cuando hay un buen guion, la mitad del trabajo del actor está hecho»

El intérprete, que fue premiado ayer en el festival Cineuropa, ve «desoladora» la situación actual en el sector debido al covid


Santiago

Su palmarés no para de crecer y eso que después de hacer su primera película, El otro lado de la cama (2002), escribió en un lateral del guion: «No sirvo para hacer cine» en mayúsculas. El actor Javier Gutiérrez, que vivió hasta los 18 en Ferrol y ganó dos Goya por La isla mínima y El autor, sumó ayer un nuevo reconocimiento: el del festival compostelano Cineuropa. Uno de sus próximos proyectos, la obra teatral Principiantes, le traerá a Galicia el próximo año y también podría regresar para ponerse delante de una cámara, «aunque no puede dar datos, uno de esos próximos proyectos es en Galicia y espero que se concrete pronto».

-No para de recibir reconocimientos, ¿qué supone para usted el de Cineuropa?

-Me honra mucho porque, cuando a uno le premian por su carrera, se supone que está haciendo algo bien. A mí me abruman mucho los premios. Creo que los premios, premios son; y uno no es mejor actor por tener más o menos galardones; pero, cuando te premian y piensan en ti, y lo hace gente tan importante como José Luis Losa y un festival tan importante como el de Cineuropa, pues a uno le provoca cierta satisfacción.

-Precisamente, el festival lo reconoce «por su infatigable trabajo, siempre capaz de transmitir veracidad a través de cada uno de sus personajes». ¿Cuál es la clave para lograrlo?

-(Ríe) Pues no lo sé, no creo que haya una fórmula especial. Yo soy un apasionado de mi trabajo, amo mi oficio y cuando hay un buen guion, unas buenas líneas escritas...; yo siempre pienso que cuando hay un buen guion, la mitad del trabajo de los actores está hecho. Entonces, se trata de trabajar, de ser disciplinado, de entender las directrices del director y, luego, de estar en buenas manos. Cuando uno está acompañado de buenos compañeros en el set, y cuando estás guiado por un buen director o directora, todo es más sencillo.

-¿Alguna piel de algún personaje en la que no haya sido capaz de meterse?

—(Ríe) Me pasa siempre que empiezo un proyecto, siempre creo que a la semana me van a echar y me van a despedir. Luego es pura inseguridad, pero prefiero que sea así y no pensar que estoy por encima de cualquier proyecto y cualquier personaje. Sí hubo una ocasión. Me ocurrió en el teatro haciendo una versión de Macbeth en la que lo pasé francamente mal porque interpretar a Macbeth es como subir una montaña que nunca se acaba y cada noche que salía al escenario era dolorosa, cuando yo con el teatro disfruto mucho. Aquella función me costó muchos disgustos, pero también mucho aprendizaje. Soy un actor que todavía tengo mucho que aprender y ofrecer, cada vez que echo la vista atrás, pienso en trabajos como este, que fue un trabajo muy doloroso, en el que aprendí mucho y también me hizo ver lo mucho que me faltaba para ser un actor que tocase todos los palos.

-Acaba de terminar de rodar «La hija», dirigida por Manuel Martín Cuenca, uno de esos proyectos afectados por la pandemia, que se ha visto retrasado su estreno. ¿Cómo valora desde la perspectiva de actor toda esta situación?

-Es desolador, es muy traumático. Me imagino a compañeros que no podrán tener la oportunidad como yo de trabajar. Si de por sí nuestra profesión ya es complicada, ahora se ha tornado todavía mucho más difícil. Yo tengo dos proyectos de cine que se han pospuesto, es algo descorazonador, porque no sabes muy bien cuando se estrenarán, dónde acabarán, en qué condiciones estrenarán cada uno de ellos y me da pena porque son dos películas, tanto Bajocero como La hija, llamadas a ser de lo más importante de la temporada de este año que ya termina.

-¿Cómo puede cambiar el cine esta situación?

-Ya no se consume el cine como se consumía antes ni se produce como antes. Hay una fusión ya del mundo de la televisión con el cine, que hará que las producciones pequeñas o medianas, en las que se basaban gran parte de los estrenos de nuestro cine —películas de dos, tres millones de euros—, tenderán a desaparecer. Y se hará un cine más pequeño, más comanche, más independiente, hecho con menos dinero -pero no por ello con menos calidad, obviamente- o se harán películas de grandísimos presupuestos.

-Se eliminará, por así decirlo, la clase media.

-Sí, como en la sociedad, tenderá a desaparecer la clase media.

-En los últimos trabajos no le hemos visto haciendo personajes de comedia. ¿Ha decidido aparcarlos?

—La comedia siempre me apetece, pero no me apetece cualquier tipo de comedia. En el cine últimamente los papeles que me ofrecen no me seducen lo suficiente como para embarcarme en ningún proyecto, en cambio sí en el mundo de la televisión. Vergüenza me parece un proyecto muy arriesgado, que pensé que nunca se iba a estrenar porque es un producto que traspasa todas las líneas rojas. Y, lo segundo que me ofrecen, es Reyes de la noche, una lucha enconada entre dos estrellas de la radio deportiva y esto en clave de comedia.

-Entre los proyectos que anunció recientemente está la adaptación teatral de la obra de Delibes «Los santos inocentes». Siempre continúa en el teatro, ¿qué le aporta esa combinación de series, cine y estar sobre los escenarios?

-Soy un actor educado en el teatro y que llegué a la televisión y al cine bastante más tarde. Creo que el teatro me aporta una libertad, que no me aporta ni la televisión y el cine. Una vez que se levanta el telón el actor es dueño y señor de todo lo que acontece encima del escenario y no así delante de una cámara, en un set de televisión, en el que  eres una pieza más para contar lo que quiere el director. Y nunca voy a dejar de hacer teatro. Igual que el teléfono puede dejar de sonar en un proyecto de televisión o de cine, en el teatro soy yo el que genera sus propios espectáculos, produzco desde hace años teatro y, siempre que me ha apetecido volver, he encontrado con buenos compañeros de viaje dispuestos a seguirme y yo a seguirles a ellos en una aventura teatral. Antes de Los santos inocentes haré Principiantes, un espectáculo que tendrá su gira gallega, y es un espectáculo que merece mucho la pena. Todo ello si la pandemia nos lo permite.

-Precisamente, ahora el límite del aforo está en muchos ayuntamientos de Galicia en 30 personas, ¿cómo lo ve el actor?

-Es trágico. A mí que me gusta mucho el fútbol y será como jugar una final de Champions sin público. La intensidad tú quieres que sea la máxima, pero inconscientemente hay algo que no va, que no es lo mismo. En el caso del público en un espectáculo teatral hay un feedback, los actores nos retroalimentamos de esa especie de energía que hay entre el patio de butacas y el escenario. Y cuando estás hablando de un espectáculo de 800 localidades en el que solo hay cincuenta, por ejemplo, uno se siente muy solo ahí arriba.

-¿Se han cumplido las metas de ese joven que se fue con 18 años de Ferrol a Madrid para ser actor?

-Sííí, con creces, además. Nunca pensé en interpretar una película y en protagonizarla, mucho menos, ni en que me hicieran entrevistas... Yo fantaseaba con ser un actor como aquellos cómicos de la compañía de Fernando Fernán Gómez que describe en El viaje a ninguna parte. Obviamente, sin pasar privaciones, ni hambre, ni tantas penurias económicas, pero sí mi fantasía siempre fue el vivir de esta profesión subido a escenario.

-Y todos esos reconocimientos, entonces, tampoco.

—Nooo. A mí los premios no me dan de comer; no son contraproducentes, alimentan el ego de uno, hacen muy feliz a la gente que te quiere..., pero más allá de eso los premios no son algo muy significativo para mí. El premio en una profesión como la nuestra es el trabajo, el ir sumando un proyecto tras otro, que se queden contentos con lo que has hecho y que poco a poco ese trabajo se vaya retroalimentado; eso sí que es un verdadero premio. Todo lo demás, a mí me enorgullece, me produce satisfacción, me hace feliz porque las cosas están saliendo bien y se supone que el camino es el correcto. Fíjate como será que en la primera película que hice, El otro lado de la cama, me pasó una cosa muy curiosa. Eran dos secuencias las que hacía con Emilio Martínez-Lázaro, el director, y quedó reducida a una frase nada más. Tengo el guion en casa y pone en un lateral de la secuencia: «No sirvo para hacer cine» en mayúsculas. En los premios siempre tengo muy presente estas cosas. Esta es una profesión con los dientes de sierra, nunca sabes por qué te llaman ni mucho menos por qué dejan de llamarte.

-Además de los estrenos pendientes, ¿cuáles son los proyectos inmediatos?

—Ahora estoy rodando una serie para TVE, Estoy vivo, que es la cuarta temporada ya, y hay varios proyectos de los que no puedo hablar, pero uno de ellos es en Galicia y espero que se concrete y pronto podamos hablar de él. Lo siguiente es Principiantes, que empiezo a ensayar la semana que viene y en febrero estrenamos en Vitoria y hará una gira por toda España.

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