Herzog, el hombre y el paisaje

«Dear Werner (Walking On Cinema)», de Pablo Maqueda, llega este viernes a los cines

Fotograma de la cinta documental de Pablo Maqueda «Dear Werner (Walking on Cinema)»
Fotograma de la cinta documental de Pablo Maqueda «Dear Werner (Walking on Cinema)»

Redacción / La Voz

A poco que uno vea, por ejemplo, el filme Fitzcarraldo (1982), percibirá que pervive en Werner Herzog, su director, ese sentimiento romántico alemán que tan bien representan las pinturas de Caspar David Friedrich (1774-1840) o la poesía de Hölderlin. Algo así como, podría decirse, el hombre ante la inmensidad del paisaje, la soledad y la pequeñez del ser humano en el mundo.

En el invierno de 1974, el cineasta decidió echarse a la carretera y viajó a pie de Múnich a París, en un irracional acto de amor que creía que salvaría la vida de su amiga y mentora Lotte H. Eisner -la crítica e historiadora a la que tanto debe el estudio del expresionismo cinematográfico alemán, cofundadora de la Cinémathèque Française y que salvó tantas películas de la destrucción nazi-, que entonces tenía 78 años. «Cogí una chaqueta, una brújula y una bolsa de lona con lo imprescindible. Mis botas eran tan sólidas y nuevas que confiaba en ellas. Tomé el camino más directo a París, firmemente convencido de que si iba a verla a pie, ella seguiría con vida». Esta dura travesía -entre el 23 de noviembre y el 14 de diciembre- cristalizó en el diario íntimo de viaje Del caminar sobre hielo (editado en España por Gallo Nero) y en la inspiración del filme documental Dear Werner (Walking On Cinema). La película rodada y protagonizada por Pablo Maqueda (Madrid, 1985), que emula al cineasta germano y hace el mismo recorrido -en torno a 750 kilómetros que unen Múnich y París-, no es solo un encendido homenaje al autor de Aguirre, la cólera de Dios (1972), ficción sobre la búsqueda de El Dorado, o La cueva de los sueños olvidados (2010), documental sobre las pinturas rupestres de Chauvet, en Francia.

Dear Werner es a la postre la emocionada aventura de un cinéfilo, una canción de amor y admiración por la obra de un realizador muy peculiar y el séptimo arte. El frío, la nieve, los pueblos, los montes, los bosques animan una reflexión en soledad sobre las dificultades y el hecho de crear, que, además, ganó para la causa al propio Herzog, que narra pasajes de su diario para reforzar el relato.

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